Por: Fernando ‘Vocha’ Dávila

En esos tiempos, era un escolar algo relajado, mi única responsabilidad era ir al colegio y cumplir con las ‘malditas’ tareas. La noche del 15 de setiembre de 1983 debía repasar mi cuaderno de trigonometría para un bendito examen y no estudié. Me ganó la emoción de ver pelear a Orlando Romero por el título mundial de boxeo ante el famoso Ray ‘Boom Boom’ Mancini. Ya pasaron 37 años, muchas cosas cambiaron, pero aún está en la retina ese ‘combate’, donde nuestro compatriota demostró coraje y estuvo a un paso de alcanzar la gloria.

¿Todavía revisas el video?

Sí y digo: ‘Joder, estaba para ganar’.

Si el rival ya no daba, ¿por qué no hiciste hora?

En mi esquina se habían dado cuenta de que el médico había dicho que si no me tumbaban en ese round, se paraba todo porque no iban a permitir que Mancini siga compitiendo.

¿Entonces?

Yo no nací para esconderme, jamás me he corrido y ¿por qué tenía que cambiar?

¿Cuánto ganaste?

100 mil dólares, no 250 como se habló.

Un buen billete.

Pero de allí tuve que darle al empresario y mi entrenador.

¿En que lo invertiste?

En una casa en la urbanización Pío XII, en el cruce de las avenidas Elmer Faucett con Venezuela.

¿Cuánto te costó?

En ese tiempo 40 mil dólares, es grandota. Hoy está tasada en casi medio millón.

Es un gran logro porque vienes de abajo.

¿No sabes de dónde he salido?

Cuéntanos...

Del pueblo joven ‘El Bosque’ en Trujillo.

Zona brava...

Es picante. Si eras gordo o flaquito te vacilaban.

¿Allí boxeabas?

Jugaba fútbol, de puntero izquierdo, y apostábamos.

¿Y si no pagaban?

Me mandaban a cobrar y metía puñete.

Miguel Rebosio me comentó que cuando estuvo en el Zaragoza te visitaba en Madrid y le enseñabas a pelear.

Sí, pero también conversábamos.

¿Algún otro a quien le enseñaste tus secretos?

A Tenchy Ugaz, quien vivía a la espalda de mi barrio. Tenía condiciones, pero eligió el balón.

Una de tus últimas presentaciones fue ante el argentino Gerónimo Luque, te derrumbó y acabó con tu historia.

No debí subir al ring.

¿Muy fuerte?

Estaba enfermo, tenía otitis, infección generalizada a la garganta y sinusitis.

¿Por qué te arriesgaste?

Lo veía fácil, pero me faltó aire y no podía más.

¿Allí te despediste?

No, tuve dos combates más que gané y dije chau.

Pero estabas en la plenitud a los 25 años...

Todos me llamaban ‘acabado’, que no era el mismo.

¿Entonces?

Me cansé de la fama, renuncié y me fui a trabajar a una empresa cervecera de mi tierra.

Hoy eres un ciudadano de España.

Tengo mi restaurante ‘El Perol’, también mi local de baile ‘El Timbalero’.

Siempre que vuelves se te nota en forma.

Me sigo cuidando en comidas y peso.

¿Vanidoso?

Quiero mantener el estado físico de mis tiempos cuando subía al cuadrilátero.

Muchas gracias, nos atrapa la nostalgia al conversar contigo.

Un abrazo a la gente del Perú y a cuidarnos todos.

Tranquilo ‘Romerito’, te recordamos con el mismo cariño de aquella noche ochentera, que te fajaste ante ‘Boom Boom’. Al día siguiente, fuimos orgullosos al colegio a comentar que teníamos un nuevo ídolo.