Roberto Martínez confesó sus secretos más íntimos en La Fe de Cuto. Foto: Composición.
Roberto Martínez confesó sus secretos más íntimos en La Fe de Cuto. Foto: Composición.

, en la que finalmente se sometió al segmento de ‘Preguntas Picantes’. El excapitán de Universitario reveló algunos secretos de lo que le gusta en la intimidad.

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En ese sentido, le dio mucho valor al juego previo con su pareja.

¿Cuál es tu récord en el ring de las 4 perillas?

Dos es mucho. A mí me gusta mucho lo previo, el juego previo de pareja, ahí me puedo pasar el tiempo que quieras sin ningún problema. Me gusta que a la hora del actos sexual, no sea rapidito”, señaló.

“Cuando tengo la posibilidad de prolongarlo.... no soy de esos que dicen: “Hoy me metí 4...”. Prefiero uno bien hecho que....calidad antes de cantidad. Pero a veces te pasa que te agarra en el carro, en algún lugar que tiene que que ser un rapidín....”, añadió.

En ese sentido, . “¿El ‘Cóndor’ ha dicho 7? Puede ser ah, no dicen que él comía ‘miau miau’ (gato) de chiquito”, sostuvo.

Roberto Y Su Desempeño Sexual

Roberto Martínez: El día que casi se muere por tomar una pastillita azul

¡Mi gente! ¡Ustedes! Ni el entrevistador ni el entrevistado merecen presentación, pero es de faltosos no hacerlo. Aquí, su amigo . Al frente, . ¡Cuánto aguadito! Cuántas ! Todas inéditas. Pueden verlas aquí o en el YouTube y Facebook, de mi querido Trome.

¿Tomas tu pastillita azul?

Un día tomé uno de 100, casi me muero, te juro, te voy a ser bien sincero.

¿Cómo fue?

Un día conversando con un amigo me dice que ha salido una vaina. “Extraordinaria”, me dice. Pero yo tenía en esa época, era chibolo, treinta y tantos, estaba en mi mejor momento, pero la curiosidad mata al gato.

Claro.

Entonces me dice y me da hasta el nombre, yo pensé que el nombre era viagra. “No, se llama”, nunca me voy a olvidar, “Caverta”. Mira hasta el día de hoy tengo el nombre.

¿Caverta?

Y es rojita, me dice, porque yo sabía pues que al pitufo (en alusión al viagra, le dicen porque es azul. Entonces, uno de mis patas que estaba también por ahí me dice “oe, cholo, pero ten cuidado con eso, juega de visita” me dice. Le pregunto por qué: “porque si juegas de local con esa vaina te van a pedir siempre el mismo rendimiento”. Yo me c... de risa.

¡Qué buena esa!

Y mandó a alguien a comprar. Y juego de local, por si acaso.

De local lo utilizas.

De local, me meto el famoso caverta. Oye, negro, puta que era una cosa, pero de locos. Yo era una cosa, en verdad, algo impresionante. ¡Nunca me había pasado! Olvídate, ¡el hombre nuclear era una cagada a mi costado! Pero me empiezo a asustar porque ya pasa algo, estaba pero en su mejor momento, pero viene un momento en que ya yo no tenía ganas ni ella tampoco, de nada.

¿Y qué vino después?

Los ojos se me inyectaron, el corazón me empezó a hacer, teniendo treinta y tantos años, bum, bum, bum, me empecé a asustar en la cama. Puse tv, porque no duermes, obviamente, y me empiezo a asustar. Y el muñeco, ‘Robertito’, olvídate, seguía el hombre bravo. Pero no quería saber nada, no tenía ganas. Y llamo a un doctor amigo, me salgo y lo llamo y le cuento. “Tómate un durazno con azúcar”, me dijo y no sé qué más me recomendó.Yo seguía... mira, pasé la peor noche de mi vida, te juro que pensé lo peor.

Asustado.

Pensé que me daba un paro cardíaco, al siguiente día lo llamo a mi pata y le recrimino eso. “Casi me he muerto, cómo me das esa huevada”, le digo.

¡Y siendo deportista!

Me había comprado la de 100 miligramos y me había tomado una de 100. Entonces me dijo “imbécil, has tenido que romper porque eso se toma de 25%”. “¿Y yo cómo sabía”, le dije.

Te has podido morir ahí.

Me había tomado uno de 100.

Tenías que pellizcarlo ahí.

Y para, colmo me había tomado unos vinitos, entonces yo no sabía que existían rangos pues de 25 no 50, 100, 75 seguramente. Y me dio tal trauma que dije nunca más en mi vida, te lo juro por Dios, nunca más en mi vida y gracias a Dios todo está bien.

Ya te quedaste asustado.

¡Casi me muero! Fue una cosa horrible y efectivamente a los dos días ya la flaca estaba…

Se acabó.

Qué pasó me dijo, creo que nunca le conté eso. Pero ya no fue nunca lo mismo, a las 3 semanas me botaron, terminamos.

Ya te veo, Roberto, asustado.

Estás así, con los ojos así inyectados, el bobo así, pero lo peor es que tu cubrecama sigue así, como carpa, y no quieres nada. Casi me muero, te lo juro, me iba a dar un infarto. ¡Por Dios! Nunca sentí una sensación tan fea en mi vida.

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