Rosa Núñez empezó a preparar queques y galletas saludables con los pocos ahorros que le quedaban. Recorría las calles ofreciendo sus productos  en tiendas y gimnasios. Ahora sus hijos son sus socios y aconseja a los emprendedores ponerle un toque especial a lo que hacen
Rosa Núñez empezó a preparar queques y galletas saludables con los pocos ahorros que le quedaban. Recorría las calles ofreciendo sus productos en tiendas y gimnasios. Ahora sus hijos son sus socios y aconseja a los emprendedores ponerle un toque especial a lo que hacen

Por: Katty Gines

| Rosa Núñez es una madre coraje que dejó su carrera de enfermera para dedicarse al cuidado de sus pequeños hijos, luego de separarse de su esposo. Con el poco ahorro que tuvo de un trabajo, empezó a hacer quequitos y galletitas para ofrecer a sus amigos y, cuando el dinero empezó a escasear, tocó puertas de cafés, gimnasios, hoteles, ferias y tiendas saludables para que conozcan sus productos. Con más de veinte años en el mercado, Pecaditos Integrales SAC se adaptó a la pandemia con una tienda y con una gran variedad de productos.

¿A qué te dedicabas antes de emprender?

Soy enfermera de profesión, dejé de ejercer para cuidar a mis hijos porque eran muy pequeños, luego me separé del papá de ellos y trabajé en una empresa de transporte minero donde me obligaban a viajar y veía que los niños se ponían tristes, así que renuncié y con mis ahorros estuve un año, pero cuando el dinero se agotaba decidí hacer queques y galletas.

¿Cómo decides vender tus productos?

Al inicio les ofrecía a mis amigos, pero luego tomé valor y llevé una muestra de mi quequito para presentarlo en el café de un gimnasio, donde me aceptaron.

Me comentaste que un chef reconocido probó tu postre y lograste ingresar a un nuevo punto…

Estaba regresando con mis hijos de Miraflores y como no tenía para mis pasajes, los hice caminar hasta San Isidro contándoles historias, y vi un anuncio de un local que abrirían pronto, pedí hablar con el encargado y el chef Rafael Osterling probó mi producto y en una reunión me pidieron que lleve mis quequitos al hotel El Olivar.

¿Qué satisfacciones te ha dado este negocio?

Estar cerca de mis hijos, verlos crecer, darles estudios, pagarles la universidad haciendo algo que me encanta. Hoy, ellos son unos hombres y son mis socios en esta empresa.

¿Cómo te iba antes de que llegara la pandemia?

Estábamos en varias tiendas y ferias, crecíamos muy bien, pues ingresamos a Tambo y a otras empresas, tuvimos el sueño de comprar un terreno propio, pero la pandemia nos paró todo.

¿Qué pensaste cuando la cuarentena se extendía?

Fue muy triste y difícil porque todo mi personal se tuvo que ir a su casa, en el taller donde siempre se escuchaban risas estaba en silencio y pensé que íbamos a quebrar porque nunca les dejé de pagar a mis trabajadores. Les dije que podían renunciar, pero decidieron quedarse conmigo.

¿Y qué pasó cuando decides regresar?

Cuando teníamos mes y medio sin laborar, los clientes empezaron a pedirnos por delivery, al igual que las tiendas, así que con mis dos hijos bajamos al taller y empezamos a hacer las galletas y a repartirlas.

¿Cómo les está yendo en esta crisis sanitaria?

En tiempo de pandemia tuvimos que reinventarnos y sacamos nuestras recetas antiguas de queques con algunas modificaciones para nuevos consumidores veganos que comen sin gluten, además abrimos nuestra tienda ‘Maracuyá’ para ofrecer todos los productos que tenemos.

Rosa, cuentas que has quebrado varias veces, ¿qué les recomiendas a las personas que tienen negocios y están desmotivadas ahora?

Pueden surgir muchas situaciones en las que coges dinero y te quedas sin capital, pero no es momento para rendirse, hay que buscar la manera de salir adelante.

Hoy en día hay mucha competencia, ¿cómo se pueden diferenciar para fidelizar a sus clientes?

Tienen que darle un toque especial a su negocio, si hacen brownies cuadrados hagan brownies redondos o en forma de estrellitas, no copies, sé diferente. Cuando sueño con una fruta, al día siguiente la pongo en mi receta, le doy gracias a Dios porque yo amo lo que hago.

Tú tocabas puertas, ¿qué les aconsejas a los jóvenes que tienen miedo de ‘lanzarse a la piscina’?

Cuando iba a una tienda veía cosas lindas y pensaba que quizás no iban a querer mi producto, igual entraba, pues te pueden decir que no, pero también hay una gran posibilidad que acepten tu propuesta, hay que ser valientes.

¿Por qué apostabas tanto por tu trabajo?

Porque amo lo que hago, me gusta hacer postres saludables que alimenten a las personas. Cuando empecé me decían: ¿por qué cobras quince soles?, les parecía caro porque en la tienda de la esquina estaba diez soles, pero mi quequito es de zanahoria, de maca, de avena, son buenos y valen la pena.

¿Qué se debe tener en cuenta para poner los precios?

Hay que aprender un curso de costos, pónganle precio a su tiempo, a su mano de obra.

¿Qué productos tienes?

Comencé con quequitos, galletas de avena y frutas, palitos salados de yuca, ahora hacemos tortas de cumpleaños, granolas.

Empezaste como un negocio familiar y ahora es una pequeña empresa…

Mi recomendación es que boleteen todo, lleven el control de sus ventas desde el inicio y cuando vean que su negocio se está encaminando formalícense, se los dice una emprendedora que empezó de la nada


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