La nos hizo llorar, muchas veces retroceder, pero también sacó el lado guerrero de nuestros . No bajaron los brazos, muchos menos se dejaron ganar por el desgano. Muy por el contrario, los tiempos difíciles se convirtieron en impulso y se aferraron con uñas, dientes y talento a lo que siempre supieron hacer. La empresa Dlirio, con un taller instalado en , son el mejor ejemplo que cuando se quiere, se puede y muchos más si se es familia. Los hermanos Edwin, Luisa y Rosa Velarde Misajel cuentan detalles de cómo se lleva una empresa en tiempos de COVID 19.

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¿Se puede construir una empresa pese a los lazos familiares?

Es un matrimonio.

¿A qué se refieren?

Cada uno suma su talento, también sus virtudes, algunas desventajas, pero todo lo limamos por el bien de la empresa.

Como cuando se piensa primero en la casa

Exacto. Siempre prima el respeto de lo que cree cada uno y pensando lo mejor para todos.

¿Y cómo son con los trabajadores?

Iguales. Les exigimos, pero a todos les damos oportunidad de crecer.

Un ejemplo

Algunos de los muchachos desearon estudiar y acomodamos los tiempos para que se pueda desarrollar.

Al final eso repercute en la misma empresa

Por supuesto. Tenemos profesionales que llegaron con el talento y ahora ejercen la profesión con nosotros.

¿Estrictos con el horario?

Hay tolerancia, pero siempre se deben respetar la hora de ingreso y salida.

¿Descuentos?

Si y solo depende de ellos que no se sigan perjudicando. Ellos lo saben, por eso bien dicen: ‘Guerra avisada, no mata gente’.

¿Cuántas oportunidades se le da a un trabajador?

Si tuvo un error en sus labores, se le llama la atención. Hay que medir el tamaño de la falta.

¿Qué error es imperdonable?

Si es por dinero, ya no hay una segunda posibilidad. Se le tiene que quitar.

Son gente seria para el trabajo, ¿fuertes a la hora de llamar la atención?

Jamás le hemos alzado la voz a ningún trabajador. Intentamos que sea una relación profesional y familiar.

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¿Un gesto que demuestre que se manejan como una ‘Gran sangre’?

Siempre hemos celebrado el cumpleaños de todos los empleados. Eso no se nos puede pasar.

¿Los engríen?

Cada aniversario, que son los 30 de agosto, alquilábamos una canchita de fulbito, luego hacemos juegos y una comida. Eso sí, cuando se acaba el horario de festejo, ya se cierra todo.

¿Ustedes mismos supervisan el festejo?

Nos quedamos hasta el final y vemos que los chicos se vayan a sus casas.

¿En la Pandemia alguno se puso mal?

Gracias a Dios ninguno de los 80 trabajadores se puso grave con el tema.

¿Dónde nació todo esto?

En la habitación de una prima y un tablón de triplay para realizar los cortes.

¿Asustó la Pandemia?

Por supuesto. Nos preguntamos: ¿Y ahora qué va a pasar?

¿Y cuál fue la respuesta?

Tenemos un nicho en el mercado, a nivel nacional y no se ha perdido la fidelidad con el cliente.

¿Qué ofrecen?

Un producto de calidad, diseño, confort y excelente material para el contacto con la piel.

¿Un Santo a quién tengan de Patrón?

La empresa se fundó antes, pero a Comas y este local llegamos un 30 de agosto y por eso nuestra patrona es Santa Rosa de Lima.

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