Génesis Tapia y su esposo Kike Márquez. Foto: José Rojas
Génesis Tapia y su esposo Kike Márquez. Foto: José Rojas

y su esposo Kike Márquez son una de las parejas más sólidas del espectáculo, acaban de cumplir cinco años de casados y reconocen que al inicio no tenían fe en su matrimonio. Aferrarse a Dios los ayudó a consolidarse como pareja y construir un camino juntos. Ambos cuentan que todos los días se topan con tentaciones en el camino, pero son conscientes de que no pondrían en juego su matrimonio por algo fugaz o momentáneo. Asimismo, aclaran que no son una pareja tóxica ni tienen celos enfermizos.

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Chicos, ¿apostaban por un matrimonio tan duradero?

Génesis: No. Yo venía de haber terminado varias relaciones, no soportaba nada, él era muy orgulloso y salía corriendo de los problemas. Éramos dinamita pura.

Kike: Con el tiempo hemos madurado y vemos la vida de otra manera con la ayuda de Dios.

Son una pareja que viene de abajo y actualmente gozan de una estabilidad económica y laboral…

G: Cuando conocí a Kike, no tenía absolutamente nada. Pasamos momentos muy duros, hemos hecho polladas para salvarle la vida a nuestra hija cuando estuvo en Cuidados Intensivos y vendí mis joyas de oro para poder comer, pero el consolidarnos ha sacado la mejor versión de cada uno. Estudié Derecho a partir de mi matrimonio y él se repotenció. Ahora es un agente intermediario de futbolistas.

K: Hemos atravesado circunstancias muy duras, pero jamás nos soltamos de la mano. Eso es el amor bonito, el que saca la mejor versión de ti, el que te ayuda a crecer y el que no te destruye ni margina.

¿Existe el matrimonio perfecto?

G: Ninguna relación es perfecta. Cuando tenemos discrepancias buscamos a nuestras guías espirituales. Mi matrimonio iba a durar un mes, porque a los pocos días nos íbamos a divorciar, pero llegamos a los pies de Dios y nos fortalecimos.

¿Quién tiene el carácter más fuerte?

G: El mío siempre será el más fuerte, es mi esencia, pero ahora acompañado de madurez. Antes tenía fuerza descontrolada y producto de eso se dieron diferentes exabruptos. El tiempo no pasa en vano.

K: Yo soy más tranquilo, sereno y más ‘bonachón’.

Kike, es cierto que tu última palabra es: Sí, mi amor…

G: Sí (risas).

K: Ambos tomamos las decisiones de la casa, tengo un carácter más dócil y cuando hay una discusión opto por el silencio

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¿Dócil es ser ‘sacolargo’?

K: Para nada.

G: No. Tenemos temperamentos distintos. Él es más relajado y noble, pero yo soy de pensar que las cosas se hablan en el momento.

¿Qué podría originar la ruptura de su matrimonio?

G: La única manera que pueda renunciar al matrimonio es que me mienta o me sea infiel.

K: Por una infidelidad.

Me imagino que tentaciones deben existir…

G: Sí. Las oportunidades se presentan a diario, pero sabemos que eso es momentáneo. Tentaciones hay en todos lados donde uno va, pero es importante tener las cosas claras.

K: Por supuesto que hay tentaciones, pero ambos tomamos la decisión de amarnos. No veo como opción separarme porque amo a mi familia.

¿Son celosos?

K: No.

G: Él no es tóxico, pero sí es celoso.

¿'Marcan su territorio’?

G: Kike recontramarca, pero respeta la línea. Sabe que jamás va a poder intervenir en las decisiones de mi vestimenta.

¿Se revisan los celulares?

G: En la primera etapa de la relación se lo controlaba como si fuera el mío, pero hace más de medio año no toco su celular. Una tiene que evolucionar en el tiempo, he aprendido a amarme mucho más, antes no lo hacía ni me valoraba. He controlado mis celos y ya no soy tóxica como antes. Él sí revisa mi celular.

K: Pero no soy tóxico.

Algunas personas optan por ponerle GPS a sus parejas. ¿Han pensado en hacer eso?

G: He tenido amigas que me han dicho: ‘Pon GPS’. Cuando él sale a reuniones, la tóxica es mi hija de 4 años, ella lo controla. No tengo tiempo para martirizarme la vida. Trabajo, estudio, tengo cuatro hijos y no tengo tiempo para controlar a nadie. Tengo las cosas muy claras, está conmigo quien me ama y respeta. Ya le he dicho que si se quiere ir, adelante, uno no puede obligar a amar ni exigir.

K: Yo también le dejo hacer sus cosas.

¿Cómo hacen para que la llama del amor no se apague?

K: Trato de engreírla, soy detallista y siempre que puedo la invito a cenar.

G: No es tanto de regalar rosas, pero me encanta mi bolso Louis Vuitton, así que siga por ese camino (risas).

¿Quién es de tener la iniciativa al momento de la intimidad?

G: Él es mañoso, pero yo soy más directa. Siempre me gusta tener la llama encendida, coqueteándolo. Una no tiene que tener reserva para enloquecer al esposo, soy muy coqueta y me gusta sorprenderlo con lencerías. Me agrada seducirlo y enamorarlo en todos los sentidos, así que cada vez que viajamos voy preparada con las lencerías. Él tiene su manera de cautivarme y yo la mía.

K: A mí me encantan esas sorpresas (risas).

¿La fábrica ya está cerrada?

K: Sí.

G: Recontracerrada.

¿Se ven juntos hasta viejitos?

G: Le pido a Dios que eso suceda. Me casé sin saber lo que era un matrimonio y pensando que no iba a pasar del año, pero deseo que sea para toda la vida.

K: Sí. Me veo con Génesis viajando por todo el mundo.

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