La primera vez que llegó al Perú fue en 1993. Su visita estaba envuelta en esa magia que los divos y megaestrellas suelen tener y los periodistas de la época, por más inalcanzable que parecía, nos habíamos propuesto conseguir unas palabras de él y la foto que quedaría para la historia.

Luego de su apoteósica actuación en Lima, Juan Gabriel viajó al Cusco y entonces vi una nueva oportunidad para saber más sobre el cantante, que tenía al mundo a sus pies con canciones como ‘Querida’, ‘Noa, Noa’ y ‘Hasta que te conocí’.

En ese entonces era la jefa de Espectáculos del diario ‘El Informal’. Llegué a la ‘Ciudad Imperial’ un día después que Juan Gabriel, quien ya había visitado varios pueblos de la zona.

Las horas transcurrían y no había noticias. Empecé a creer que mi viaje iba a ser en vano. Entonces, me acerqué a la recepción del hotel y empecé a indagar. Todos los empleados estaban emocionados y contaban que era una persona muy amable, risueña y desprendida por las propinas que les daba. También narraron que le gustaban los ponchos y había comprado cuatro, que la causa y el cebiche eran sus potajes preferidos.

Esos importantes detalles me los dio uno de los botones del hotel. Julio se convirtió en mi aliado. Le conté mi deseo de entrevistar a Juan Gabriel, le narré mi travesía para llegar a Cusco y le pedí, por favor, que le entregara una carta donde le contaba quién era, que había gastado mis ahorros para venir y que el Perú deseaba conocer más sobre él.

Julio recibió mi carta y me dijo: voy a dejársela en la mesa de su habitación. Regresa mañana para ver si la leyó y tienes suerte. Más que suerte, fue bendición. Al volver al hotel, Julio me contó que Juan Gabriel había leído la carta y que ya estaba en manos de Dios. Esperé en el lobby hasta que apareció su comitiva encabezada por el empresario Walter Sachún, quien hizo posible su vista a Perú. Y de pronto, por las escaleras bajó Juan Gabriel. Escuché la voz de alguien comentando que era la periodista y antes que termine la presentación, Juan Gabriel me saludó: Eres la periodista de ‘El Informal’, la de la cartita.

Llena de emoción solté un sí estruendoso y luego le agradecí. Me preguntó sobre qué quería charlar y respondí sobre Cusco, Perú, sus canciones… todo.Sonrió, nos sentamos y dialogamos. Mi tecnología de punta no era un Smartphone, sino una grabadora con casete, libreta de notas y lapicero.Durante la entrevista descubrí a un verdadero ser humano: sencillo, humilde y talentoso que miraba atentamente cómo escribía y me preguntaba si sentía frío. Sus respuestas siempre fueron llenas de amor para nuestro país del que estaba enamorado.

Diez minutos fueron los que el gran Juan Gabriel me regaló. Mi nota se publicó con tres fotos que también hice con mi camarita de rollo. La instantánea, en la que me dio un beso en la mejilla como si fuera el amigo de toda la vida, la registró el empresario Sachún.

Yo estaba emocionada. Había logrado entrevistar no al divo, sino a un ser humano maravilloso. Gracias, Juan Gabriel, nos vemos en el ‘Noa, Noa’ para bailar.

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