Si tu hijo se ve envuelto en algún tipo de delito, ya sea por robo, drogas u otra cosa, primero analiza la situación con la cabeza (razón), no con el corazón (emoción). Foto: iStock.
Si tu hijo se ve envuelto en algún tipo de delito, ya sea por robo, drogas u otra cosa, primero analiza la situación con la cabeza (razón), no con el corazón (emoción). Foto: iStock.

Si el hijo se porta mal, ‘el grupo lo incentivó’; si sustrajo algo del compañerito, ‘fue obligado por los amigos’; si es violento, ‘es porque lo provocaron’ y si todos lo atacan, ‘es porque nadie ‘lo pasa’. ¿Hasta qué punto un padre puede creer ciegamente en su hijo y justificar sus errores?

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Según el psicólogo y psicoterapeuta Walter Dávila More, el ser humano suele mostrar dos formas de comportamiento: uno público (ante la sociedad) y otro privado (ante la familia). Y no siempre ambas coinciden. Por ejemplo, frente a los padres el joven puede mostrarse muy respetuoso y tranquilo; sin embargo, frente a los amigos puede ser grosero y arrogante. Por esa razón, no puedes ‘meter las manos al fuego’ por tu hijo y decir que estás completamente seguro de que no cometió ningún delito o falta. Mejor pregúntate por qué tiene un imán para los problemas.

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UNA VEZ

Si lo hace por primera vez, no quiere decir que el sea una mala persona, solo que no supo controlar ciertas conductas y se dejó llevar por la euforia del momento. Pero si este accionar y otros ampliamente reprochables, son repetitivos, ya estamos hablando de otro problema que debe ser tratado con firmeza y, si es posible, pedir ayuda a un especialista.

CONSECUENCIAS

Cuando los padres buscan otro culpable para que el mal comportamiento no recaiga sobre su hijo, están dando una mala señal y es un grave error, ya que de niños aprenderán que sus malos actos no tienen consecuencias, y de adolescentes creerán que pueden salirse con la suya y se convertirán en potenciales infractores de las normas.

CÓMO REACCIONAR

Si tu hijo se ve envuelto en algún tipo de delito, ya sea por robo, drogas u otra cosa, primero analiza la situación con la cabeza (razón), no con el corazón (emoción). Esto no significa que le des la espalda, al contrario, debes apoyarlo en todo lo que puedas y ser su fortaleza, pero siendo consciente de su inocencia o culpabilidad. Además, no justifiques la mala conducta de tu hijo argumentando que ‘los amigos’ o la misma sociedad lo empujaron por ese camino. Cada quien es responsable de sus actos y si cometió una falta, debe hacerse responsable y pagar las consecuencias.

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