La mayoría de los niños y adolescentes se percatan de que algo serio está sucediendo cuando no se sienten bien y son sometidos a exhaustivos exámenes médicos, mientras que observan a los adultos tener conversaciones de forma discreta con el personal de salud.
La mayoría de los niños y adolescentes se percatan de que algo serio está sucediendo cuando no se sienten bien y son sometidos a exhaustivos exámenes médicos, mientras que observan a los adultos tener conversaciones de forma discreta con el personal de salud.

Un diagnóstico tan abrumador como el del cáncer, afecta directamente a la familia del paciente, en especial si es un niño el que ha sido diagnosticado. La rutina familiar y las dinámicas en general sufrirán cambios drásticos que deben ser afrontados de la mejor manera, ya que lo que el paciente escucha y ve está directamente relacionado con su proceso de tratamiento.

«Los pacientes y sus familias, de alguna u otra forma, se ven afectados por el diagnóstico. Muchos de ellos deciden acudir en búsqueda de ayuda psicológica en estas situaciones, ya que requieren de mucha orientación para sobrellevar los problemas y controlar mejor el estrés y otras emociones que puedan surgir», afirma Flavia Vilca Herrera, psicóloga de Magia.

Hay todo tipo de reacciones y ninguna es buena o mala, nadie está preparado para recibir un diagnóstico así. Miedo, enojo y negación son las emociones más comunes durante este proceso. Lo ideal es tratar de llevar la misma rutina o crear pequeñas variantes que sean sencillas de asimilar para el paciente.

«La familiarización con el plan de tratamiento, así como el posible impacto que podrían tener sobre la vida diaria del hijo y de los demás integrantes de la familia, como los hermanos logran ser útil para que los padres manejen de una manera más adecuada la situación y comiencen a planear para el futuro. Un recurso que los ayudará a mantener o generar nuevas rutinas mientras su hijo está bajo tratamiento sería informar en su centro de labores acerca de la situación para poder acceder a algunos permisos. Ellos pueden pedir algún tipo de licencia por motivo familiar o adelanto de vacaciones, así como existe la posibilidad de realizar teletrabajo, según sea el caso», comenta la especialista.

La mayoría de los niños y adolescentes se percatan de que algo serio está sucediendo cuando no se sienten bien y son sometidos a exhaustivos exámenes médicos, mientras que observan a los adultos tener conversaciones de forma discreta con el personal de salud. Dependiendo de la edad y otros factores en el desarrollo, los niños comprenden de distintas maneras lo que está pasando. A continuación, se mencionan algunos consejos generales para hablar con los niños sobre su enfermedad en función a su edad:

Bebés y niños muy pequeños (0 a 2 años)

Es una etapa muy difícil pues no pueden comunicar correctamente que es lo que sienten. Lo ideal es hacerlos sentir protegidos en todo momento del tratamiento. La presencia de los padres y cuidadores de confianza es indispensable.

Niños que gatean y en edad preescolar (2 a 5 años)

En esta edad deben de saber la enfermedad que padecen y datos sencillos sobre el tratamiento, explicándoselos de manera simple, sin tratar de minimizar ni exagerar el tema. El manejo de esta información básica es vital pues les ayudará a ir asimilando progresivamente los cambios que se presentarán en su día a día. Se les debe de aclarar que esta enfermedad nadie se las contagió ni mucho menos pueden contagiar a otras personas.

Niños en edad escolar primaria (6 a 12 años)

En esta edad ya pueden formar sus propias ideas referentes al cáncer, es importante mantenerlos informado en referencia al proceso médico en el que será atendido. Debe saber que su vida y la de su familia directa enfrentará algunos cambios, los cuales serán enfrentados unidos. La mayor variación que se lleva a cabo durante esta etapa es que, el niño posiblemente no podrá asistir al colegio durante un tiempo. Repercutiendo ello, en la pérdida de las relaciones sociales, los vínculos con amigos y la oportunidad de participar en actividades recreativas. De otro lado, el niño debe saber que su cuerpo sufrirá cambios siendo importante hablarle con la verdad en todo momento, esto asesorados por un especialista en psicooncología pediátrica.

Adolescentes (12 a 18 años)

Los adolescentes tienen acceso a mayor tipo de información, esto gracias a Internet. Deben conocer el proceso que atravesarán para vencer la enfermedad. Son muy útiles los grupos de apoyo y también conocer otras personas pasando por la misma situación

Deben de explicarle que su rutina, puede seguir adelante, es decir el visitar a sus amistades y continuar sus actividades académicas, con la opción de poder optar por clases semipresenciales o recibir el apoyo de los profesores y compañeros para que no se retrase. Se le debe ofrecer la oportunidad de participar en las decisiones sobre el tratamiento y de escuchar lo que es recomendable hacer.

Es bueno contar con apoyo de familiares o amigos cercanos, alguien que lleve al colegio o realice actividades con sus otros hijos o ayude en la casa. Es necesario también, coordinar con el centro de salud donde el niño se atiende para evitar que su rutina escolar se vea del todo afectada. Debe organizar el horario de los medicamentos, del tratamiento y citas, así como de ocio y descanso. El apoyo durante todo este proceso es clave para el niño.

ACERCA DE MAGIA

La Asociación de Voluntarias por los Niños con Cáncer – Magia, trabaja para que ningún niño con cáncer se quede sin tratamiento por falta de recursos económicos, cubriendo medicinas, prótesis e insumos médicos. Así también Magia, cuenta con un albergue llamado Casa Magia que se convierte en un hogar para los niños procedentes del interior del país sin apoyo económico y cubre todas las necesidades para que tengan un tratamiento seguro sin interrumpir su desarrollo integral.

Magia también recibe donaciones en su página web   o vía Yape al número 946 493 104. Puedes ingresar a  y conocer más de su labor.}

Te puede interesar: