Es cierto, muchas personas siguen dietas y nunca llegan a bajar de peso. Algunas dietas funcionan bien en unas personas y en otras resultan un soberano fiasco. ¿Por qué hago y sigo gordo? ¿Por qué sigo subiendo de peso? Calma. Como todo en esta vida, la respuesta está en el mundo de las . Veamos.

Un estudio realizado por un equipo de los Laboratorios de Investigación Metabólica de la Universidad de Cambridge aborda cómo las células del cerebro pueden complotar contra quienes emprenden una o más dietas para bajar de peso.

El documento publicado en la revista da cuenta de un experimento realizado con ratones que da cuenta de que neuronas clave actúan como gatillos de procesos que evitan quemar calorías cuando la comida que ingresa a nuestros organismos es escasa (como en las dietas). Estos roedores guardan similitudes biológicas y fisiológicas con los seres humanos, por lo que su estudio echa varias luces sobre lo que ocurre en el caso de los humanos.

"Las estrategias de pérdida de peso [dietas, para decirlo sencillo] son a menudo ineficientes porque el cuerpo funciona como un termostato y las parejas de la cantidad de calorías que queman a la cantidad de calorías que comemos", dice la doctora , del equipo de Cambridge. De manera que, cuando comemos menos, nuestros cuerpos lo compensan y queman menos calorías, lo que hace que perder peso más difícil: “Sabemos que el cerebro regula este termostato calórico, pero la manera en que ajusta la quema de calorías a la cantidad de alimentos ingeridos ha sido un misterio".


Para descifrarlo, el equipo observó el rol de un grupo de neuronas en el hipotálamo, una región cerebral asociada al control del apetito. Las neuronas en cuestión están relacionadas la proteína r-agouti (AGRP por su sigla en inglés), un neuropéptido conocido por su papel principal en la regulación del apetito: cuando se activa, nos hace comer, pero completamente inhibida pueden conducir a una anorexia casi completa.

Dichas neuronas fueron activadas y apagadas por los científicos en los ratones en cámaras especiales, donde se les implantó sondas para medir de forma remota su temperatura, un indicador del gasto energético, en diferentes contextos de disponibilidad de alimentos.

Se concluyó que estas neuronas “son un componente clave del termostato calórico. Al ajustar la tasa a la que el cuerpo quema calorías, las neuronas AGRP pueden compensar cualquier cambio en la ingesta de alimentos y limitar así los cambios en el peso corporal. Este trabajo abre la posibilidad de desarrollar terapias que desconecten el gasto energético de la ingesta de energía para ayudar a mantener la pérdida de peso a largo plazo”.

Los resultados sugieren que cuando se activan, estas neuronas nos dan hambre y nos llevan a comer -pero cuando no hay comida disponible, actúan para ahorrar energía, limitando el número de calorías que quemamos y por lo tanto nuestra pérdida de peso. Ante la ingesta de comida, las neuronas regulan a niveles normales el consumo calórico.

Las neuronas AGRP regulan su actividad mediante la detección de la cantidad de energía que tenemos a bordo y luego controlan la cantidad de calorías que quemamos.

El estudio pretende ayudar posteriormente en el diseño de nuevas terapias contra la sobrealimentación y la obesidad. Asimismo, refuerza la tesis acerca de que la mejor forma de bajar de peso es el ejercicio.
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