Si has notado que tu retoño te tiene miedo, pregúntate por qué. Foto: Istock.
Si has notado que tu retoño te tiene miedo, pregúntate por qué. Foto: Istock.

“Mi hijo es muy obediente y no me da problemas, es un niño ejemplar. Aunque he notado que cuando le hablo desvía la mirada y mueve mucho sus manos, será que me tiene miedo o es muy tímido”. (Roxana, 36 años)

Muchos padres alardean del buen comportamiento de sus niños y cuando les preguntan cómo lo lograron, simplemente dicen: ‘Mi hijo me respeta’. Pero, ¿están seguros de eso? ¿No será que les tienen miedo y, por eso, prefieren hacerles caso en todo?

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La psicóloga Mary Castro señala que, si tu hijo al escucharte o hablarte desvía la mirada, muestra gestos de incertidumbre, mueve las manos o el cuerpo (como si temblara), se queda callado o simplemente te dice ‘Sí, mamá’, podría no estar haciendo las cosas que le pides porque te tenga respeto, sino por miedo. Cuando lo hace por respeto -precisa-, no están presentes las actitudes antes mencionadas. Al contrario, la charla entre ustedes es más amena y respetuosa a la vez. Además, el menor expresa libremente su opinión porque sabe que no lo juzgarás ni te burlarás de sus pensamientos o sentimientos.

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AUTOEVALÚATE

Si has notado que tu retoño te tiene miedo, pregúntate por qué. Cuando hables con él fíjate en tu tono de voz, en qué palabras usas, cómo tomas sus opiniones y qué gestos haces. Darte cuenta te ayudará a reconocer tus errores y a poder corregirlos. Si agotaste tus opciones y sientes que no puedes hacerlo solo, acude a un psicólogo para que te oriente. “Los padres deben tener muy claro que el miedo es un sentimiento negativo que, de a pocos, va destruyendo la autoestima de los niños y creando resentimientos en ellos. Esto no les permitirá desarrollar bien su personalidad, incluso es posible que repitan ese patrón con su propia descendencia”, advierte la especialista.

SIN AMENAZAS

Las amenazas solo generan miedo. Así que olvida frases como: ‘Si no arreglas tu cuarto, no sabes lo que te pasará’ o ‘Hazme caso porque si no te irá muy mal’. Está bien que les digas las consecuencias de sus actos, pero hay otras maneras de hacerlo. Por ejemplo: ‘Pepito, si no lavas tu plato, no podrás salir a jugar con tus amigos’.

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