Hace nueve años, Bernardo Arzapalo (72) cumplió uno de sus más anhelados sueños, abrir una bodega en su propia casa. Con mucho esfuerzo lo logró, pero la enfermedad que padecía hizo que se alejara del negocio y le dejara la posta a su hija Yelina Arzapalo Poma, quien no se quedó con los brazos cruzados y, más bien, buscó la manera de repotenciar el local. Para eso, ella llevó diferentes cursos, como de atención al público, colocación de productos y expectativas de crecimiento.

“La aspiración de todo comerciante es crecer y por eso trato de capacitarme constantemente. Algunos piensan que está de más estudiar, que solo importa la experiencia ganada en la misma cancha. Es cierto el valor de la experiencia, pero también necesitamos una ayuda externa para lograr nuestros objetivos. Por ejemplo, ahora, gracias a los cursos que llevé, ya sé cómo ordenar mis productos en los estantes para que salgan más rápido”, contó Yelina, quien mostró orgullosa sus diplomas y certificados.

OBSTÁCULOS EN EL CAMINO

Pero no todo fue color de rosa para la familia Arzapalo Poma. Cuando recién llevaban un año con la tienda fueron engañados en Navidad.

“Un cliente nos pidió que le armáramos canastas, accedimos y las entregamos en la fecha indicada. Lamentablemente, cometimos un error: no cobrar antes de darlas. Nos confiamos y esa persona nunca nos pagó. Esta mala experiencia nos enseñó a ser más precavidos”, recordó.

Luego, en el 2017, el padre de Yelina recayó por su enfermedad y ella tomó la decisión de cerrar la bodega. Sin embargo, a petición del mismo don Bernardo hicieron todo lo posible para que el negocio continúe.

Hoy, gracias a su tiendita ‘Pegaso’, que se encuentra en el corazón de Ate, pueden solventar los costos del tratamiento médico, transporte, comida y gastos extras de la casa.