La primera obra conocida en la que se habla de la leyenda del caballo de Troya es "La Odisea" de Homero, el poema épico del siglo VIII o VII antes de Cristo. (Foto: Getty Images)
La primera obra conocida en la que se habla de la leyenda del caballo de Troya es "La Odisea" de Homero, el poema épico del siglo VIII o VII antes de Cristo. (Foto: Getty Images)

El “caballo” de la legendaria Troya, pudo haber sido en realidad un barco de origen fenicio. Según explica en “El misterio del caballo de Troya: tras la pista de un mito” el arqueólogo submarino de la Universidad de Marsella Francesco Tiboni, no hay evidencias científicas de que el caballo, tal y como ha sido descrito y representado en el imaginario colectivo, existiera realmente.

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“Todos conocemos la historia del caballo de Troya, pero lo que no sabemos es qué ocurrió realmente. No tenemos una idea exacta de cómo se produjo la destrucción de Troya y qué pasó esa noche”, comenta Tiboni en el documental dirigido por Roland May.

De acuerdo con las investigaciones del experto en embarcaciones de la antigua Grecia, la confusión entre barco y caballo se debería, por un lado, a que no hay ninguna obra en la que el caballo sea descrito claramente y, por otro lado, se habría producido una interpretación errónea de las palabras que lo describen.

La primera obra conocida en la que se habla de la leyenda del caballo de Troya es “La Odisea” de Homero, el poema épico del siglo VIII o VII antes de Cristo en el que se cuenta cómo los griegos, liderados por Ulises, introducen un supuesto caballo lleno de guerreros en Troya y, así, ganan la guerra.

Pero como explica el documental, Homero no aporta suficiente información y no hace una descripción del caballo.

“No sabemos qué aspecto tenía, qué tan grande era, si tenía cabeza, piernas... lo que es raro, porque conocemos a Homero como escritor en sus descripciones y es siempre muy meticuloso y preciso”, comenta Tiboni.

En una copia antigua de “La Odisea” aparece escrito, en referencia al caballo, el nombre “Dourateos Hippos”, lo que es, para el investigador, el punto crucial, puesto que Homero podría haberse referido con esa palabra, en lugar a un caballo literal, a un “hippoi”, un tipo de barco fenicio que tenía la proa y la popa talladas con la forma de la cabeza de un caballo.

Tim Gambin es un arqueólogo submarino que actualmente continúa examinando un naufragio de la época de Homero que contiene una de estas embarcaciones.

Explica el documental que, aunque no se tiene mucha información sobre la construcciones navales fenicias, se sabe que los griegos conocían estas embarcaciones, por lo que pudieron utilizarla para infiltrarse en Troya.

Estos barcos eran utilizados por los marineros fenicios para comerciar y pagar tributos a reyes extranjeros, por lo que los troyanos bien pudieron creer que era una ofrenda para la diosa Atenea y, por eso, lo introdujeron en su ciudad fortificada.

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“Podemos leer las epopeyas de Homero y descartarlos como descripciones fantásticas, pero si miras más de cerca, puedes hacer una conexión con la realidad”, comenta en el documental Gambin.

El filólogo clásico de la Universidad de Marburgo (Alemania) Boris Dunsch recuerda que era muy común llamar a los barcos “caballos” en la antigüedad y explica que, de hecho, Homero utiliza en otras obras las palabras “halos hippoi” (caballo de mar, en español) para referirse a los barcos.

Osman Erkut, arqueólogo experimental que está reconstruyendo estos “hippoi” para estudiarlos, explica en el documental que Homero era un muy buen navegante y constructor de barcos, por lo que pudo ser precisamente esa precisión técnica con la que escribía, lo que habría causado que poetas y traductores posteriores malentendieran algunas partes de sus obras.

Sin embargo, a pesar de estas investigaciones, hay investigadores como el arqueólogo clásico Winfried Held que no apoyan esta teoría.

Held explica que hay imágenes de la época de Homero, o de muy poco después -como en “El jarrón de Mykonos”, una vasija funeraria del siglo VII antes de Cristo-, que representan realmente caballos, por lo que, a su juicio, la audiencia de Homero entendió “hippos” como “caballo” desde un primer momento.

Según el documental, aunque no es posible tampoco comprobar científicamente la teoría de que el caballo de Troya fuera realmente un barco, tal y como sostiene el investigador principal, Francesco Tiboni, el hecho de que fuera un barco no cambiaría el sentido de esta historia, sino que, precisamente la haría aún más creíble.

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