Calles de Ecuador parecen salidas de una película de horror. (Foto: AFP/Enrique Ortiz)
Calles de Ecuador parecen salidas de una película de horror. (Foto: AFP/Enrique Ortiz)

Este Búho continúa escribiendo sobre la más escalofriante cara del coronavirus que se ha visto en Latinoamérica: las calles de Guayaquil, donde en plena vía pública queman cadáveres con kerosene. Los desesperados pobladores que ya no resisten el olor de la descomposición de su familiar muerto, lo sacan de la casa y abandonan en plena pista.

¿Por qué se llegó a esta situación en el hermano país norteño? Definitivamente, el culpable es el virus maldito Covid-19, pero en Ecuador nefastas pugnas políticas, entre el inepto presidente izquierdista Lenín Moreno y el poder político de la ciudad económicamente más importante del país, Guayaquil, le dieron una mano con sus disputas y pugnas.

Así, la pandemia ingresó como ‘Pedro en su casa’ al país, pero, sobre todo, al puerto de Guayaquil y al Aeropuerto Internacional José Joaquín de Olmedo. Aquí una historia digna de una película de terror de George A. Romero, con un guion de Stephen King.

EL OTRO VIRUS, LA POLÍTICA:

Desde la ‘rebelión’ de los indígenas por el alza de la gasolina, se produjo una ruptura entre los poderosos empresarios guayaquileños, su alcaldesa Cynthia Viteri y el gobernador del Guayas. Pero esta difícil convivencia se vio erosionada con el estallido de la pandemia. Las autoridades del Guayas fueron conscientes de que a inicios de marzo por los puertos y, sobre todo, por el aeropuerto llegaban pasajeros procedentes de Europa que ingresaban con el virus.

La misma alcaldesa reveló que se contagió al mantener contacto con extranjeros recién llegados y exigió, junto a la gobernación, imitar al gobierno peruano y cerrar los puertos y aeropuertos. Moreno, presionado por las agencias de turismo de la capital y las cadenas de hoteles de las playas de Salinas y del norte del país, se negó.

El punto de ruptura sucedió cuando la alcaldesa desesperada impidió que un avión de Iberia llegara a Guayaquil, colocando cien carros del serenazgo en la pista de aterrizaje. Cuando Moreno dictó la cuarentena en todo el país y el toque de queda desde las cuatro de la tarde (hoy rige a partir de las dos), ya el virus se había desbordado a la fase tres, cuando es imposible seguir la cadena de contagios.

Para colmo, a diferencia del Perú, Moreno no asumió la situación de emergencia con el liderazgo y convocando a todos los sectores involucrados para defenderse de la pandemia en un solo bloque y en coordinación total. El gobierno dejó a Guayaquil abandonado a su suerte. Y cuando la gente comenzó a morir en plena calle y nadie, ni policía, ni bomberos, ni ambulancias del Ministerio de Salud llegaban para levantar los cadáveres, Moreno culpó a los guayaquileños. Increíble.

EN GUAYAQUIL LA MORGUE SON LOS BASUREROS:

En las calles del histórico puerto del Guayas no se está filmando una película de zombis de Hollywood. Las escenas macabras son terriblemente reales. Katherine Mendoza, una de las pocas valientes periodistas que recorre esta ciudad, donde conviven muertos y ciudadanos con miedo, mucho miedo, informó: ‘Para empezar, el presidente se opuso a la orden de la OMS de cremar los cadáveres de los infectados.

Entonces, al colapsar los hospitales, las morgues y las funerarias, se están lanzando los muertos a los contenedores de basura que hay en toda la ciudad’. Increíble la tozudez del presidente de querer congraciarse con los deudos y darles ‘cristiana sepultura’ ocasionando más contagios. Otro corajudo periodista independiente, Andres Reliche, desmiente las cifras oficiales que señalan más de 100 muertos.

“Existen solo en Guayaquil más de 450 cadáveres en lista de espera para su levantamiento, muchos ya llevan tres días de fallecidos”, reveló. Pero el pueblo no espera, ni la muerte espera. Hay personas que se desploman cuando caminan yendo al hospital o saliendo de él porque los regresan a su casa al haber colapsado los servicios.

Esos muertos tirados en las calles los hemos visto por YouTube y en los noticieros. Gracias a Dios, el presidente Martín Vizcarra tomó las drásticas medidas en el momento justo, sino estaríamos padeciendo el infierno que viven nuestros hermanos ecuatorianos. Y pensar que en Trome, cuando el mandatario había decretado el ‘Estado de emergencia’, alertamos sobre la peligrosidad del virus ya instalado en el Perú, un ‘palomilla de ventana’ que funge de ‘periodista‘ y fue dado de baja en la televisión, nos llamó ‘alarmistas’. ¿Qué dirá ahora? Que no se meta en asuntos donde los verdaderos hombres y mujeres de prensa arriesgan el pellejo por informar con la verdad. Apago el televisor.


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