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Alfredo Bryce se despide

En esta columna el Búho nos trae algunas anécdotas que el notable escritor Alfredo Bryce Echenique reunió en su obra Antimemorias 3.

Alfredo Bryce Echenique

El escritor peruano Alfredo Bryce Echenique cumple 80 años, aquí una selección de sus mejores frases. (Fotos: GEC)

 Alfredo Bryce Echenique.(Fotos: GEC)

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Este Búho no se cansará de llenarse de gozo cada vez que Alfredo Bryce Echenique (Lima 1939) nos relata jocosos y entrañables recuerdos familiares como los de su madre o las pinceladas de sus encuentros con escritores que fueron sus grandes amigos, como Julio Ramón Ribeyro. Alfredo comenzó a escribir su ‘Permiso para vivir’ (Antimemorias) en 1993.

En esta publicación sorprendió porque hizo confesiones durísimas sobre miembros muy cercanos de su círculo familiar; eso sí, esa crudeza la aderezaba con el humor tan característico en su literatura. La segunda entrega demoró algunos años, ‘Permiso para sentir’ (Antimemorias 2), editada en el 2005. En ella aborda los recuerdos de su agitada labor literaria y reflexiona sobre el país, pero desde el punto de vista del pesimismo.

La tercera y última entrega, ‘Permiso para retirarme’ (Antimemorias 3), del 2019 es, como su título indica, el anuncio que sorprendió a sus admiradores. ¿Se retira de la literatura? “Creo que soy una persona de una sola obsesión, que apuesta por la amistad, la lealtad, por la fidelidad, tengo todas las cartas al mismo numero”, señala.

En estas ‘Antimemorias’ hay una anécdota que tiene que ver con el desaparecido presidente Alan García. Julio Ramón Ribeyro daba cuenta que el episodio sucedió y que él fue testigo presencial. Según Bryce, García lo detestaba y él sabía el motivo. Alfredo no se dio cuenta sino en 1985, cuando la administración de García organizó con bombos y platillos la Semana de la Integración Cultural Latinoamericana (SICLA).

Bryce escribe: ‘Andábamos de copetineo Julio Ramón Ribeyro y yo, una noche de viernes, en el barrio de Pigalle. (A mediados de los setenta) empezamos a conversar sobre la obra de Stendhal. Para mí Stendhal era el mejor escritor del mundo y sus alrededores, y autores como Svevo y Proust eran también tan inmensos como el citado, y para Julio Ramón no había comparación entre libro alguno y Madame Bovary.

La noche transcurría serenamente cuando un músico de esos que canta primero y pasa la gorra después se puso casi al lado nuestro. Venía de la calle con un tremendo poncho y un chullo, que a nuestro parecer, solo podía provenir del Perú’. Según Bryce, el cantante los miró fijamente y al terminar pasó su gorra para ganarse unas monedas. Cuando llegó donde estaban Ribeyro y Bryce, Julio Ramón le dijo: ‘Alfredo, por favor, préstame unas monedas. -No puedo, viejo, con las mías basta. Son muy pocas, pero a este cantante no le queda más remedio que conformarse. Total, nuestro cantante terminó sus canciones y abandonó el lugar(...) Pues mil años después, el guitarrista Alan García Pérez, el hombre del chullo y poncho, llegó a ser presidente del Perú y a mucho mérito’.

Luego Alfredo relata que se encontró en aquel 1985, en Lima, con Ribeyro. El ‘hombre flaco’ había sido invitado por el SICLA a recibir la Orden del Sol de manos de Alan García, porque según Alfredo, Gabriel García Márquez había rechazado tal distinción y Alan tenía una mala relación con Vargas Llosa, por lo que no tuvo mejor idea que entregársela a Ribeyro.

‘Ya después de esto -relata Alfredo-, Julio Ramón, eterno flaco, me contó que casi lo habían dejado entre la vida y la muerte con el imperdible de aquella condecoración de mierda, que le habían clavado en el pecho, casi mortalmente’.

Luego, Julio Ramón le preguntó: ‘Alfredo, ¿te acuerdas aquella noche en Pigalle, mucho antes de que García Pérez soñara con ser presidente y llevaba puestos un poncho y un chullo? -Recuerdo perfectamente cuando comenzó a pasar el chullo. Yo le di algunas monedas por los dos, en vista de que tú andabas sin un cobre esa noche. Como puedes imaginar, yo no entiendo por qué García Pérez me odia tanto. -Te odia, viejo. Le hiciste un favor y te odia’ (...) Alan García se sintió humillado por la propina que le dio un compatriota, sobre todo, y como alguna vez leí en un libro, uno no sabe el odio tan inmenso que puede sentir una persona a la que se le ha hecho algún favor. Es la historia de un resentimiento y nada más’. Grande Julio Ramón.

En estas ‘Antimemorias’, su amigo Bryce nos lo rescata más humano que nunca. Apago el televisor.

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