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Armas de fuego en colegios

El Búho escribe sobre la desgracia ocurrida en un colegio de Villa El Salvador. 

Trilce
Minedu- Trilce Villa El Salvador
Minedu- Trilce Villa El Salvador
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A este Búho le resultó paradójico que en un colegio de Villa El Salvador se haya producido una tragedia donde un alumno mata a un compañero y hiere a otro con arma de fuego, justo ahora que se cumplen veinte años de la masacre en un colegio en Columbine, Estados Unidos.

En un primer momento, ante la muerte del escolar en Lima, todos pensaban que resultaba traumático que la terrible espiral de violencia que se vive en el país se traslade a los colegios, y todavía a uno privado de bien ganado prestigio, como Trilce.

Pero investigaciones posteriores establecieron que fue un accidente y no hubo intención en el alumno de dañar a sus compañeros. Que sea esta tragedia una oportunidad para repasar la matanza perpetrada por dos alumnos de la escuela secundaria norteamericana en abril de 1999. Eric Harris y Dylan Klebold, ambos con problemas emocionales y psicológicos, planearon la masacre en la que mataron a trece personas e hirieron a 24.

El hecho conmocionó al mundo y hasta se filmó una película en Hollywood sobre el caso, ‘Elephant’, del prestigioso director Gus Van Sant. El 20 de abril de 1999, Eric, que llevaba una camiseta con la inscripción ‘Selección Natural’, y Dylan, que vestía otra con la palabra ‘Ira’, llevaron un verdadero arsenal al colegio. Hasta bombas dejaron en la cafetería y otros puntos. Con carabinas, pistolas automáticas y dos escopetas de cañón recortado se sentaron a esperar el estallido de las bombas que causaran la estampida de sus compañeros, para acribillarlos fácilmente. La providencia hizo que las bombas no volaran, porque de haber detonado, el número de víctimas hubiese sido inmensamente superior. Entonces, Eric, un muchacho que se creía Dios y muy superior al resto de alumnos, y Dylan, quien no tenía suerte en el amor, tenía un profundo complejo de inferioridad y despreciaba su existencia, decidieron ingresar a los pabellones para matar a quien se cruzara en su camino.

De la avalancha de estudios realizados para saber las motivaciones de los adolescentes, hay mucho que todavía ha quedado en el misterio. Lo cierto, por los escritos encontrados en sus diarios, es que se llegó a la conclusión de que planificaron el ataque desde hacía un año, que ambos querían terminar con sus vidas -como al final sucedió, pues se suicidaron cuando llegó la policía- y que deseaban superar la matanza perpetrada en Oklahoma en 1995 por Timothy McVeigh, quien dinamitó un edificio dejando 168 personas muertas y 800 heridos.

Este atentado abrió el debate en Estados Unidos -y debe abrirse también en nuestro país- sobre la facilidad que tienen los adolescentes para acceder a las armas de fuego, la influencia de los videojuegos ultraviolentos en las mentes juveniles y la falta de atención de los padres a los hijos con problemas emocionales o psicológicos.

La película de Van Sant trata sobre el horror y la locura desatada en Columbine, pero nos lleva a otro plano, pues muestra los institutos secundarios norteamericanos, inmaculados, con impresionante infraestructura. Pero en el fondo son lugares extraños en los que las carcajadas y la salvaje inocencia están aplastadas, perdidas y sus criaturas deambulan.

Al director no le interesó tanto recrear un filme con un festín de balas tipo ‘Rambo’, ni incidir en el indiscriminado culto por las armas del norteamericano común, como hizo Michael Moore en un documental sobre la masacre. ‘Elephant’ trata de retratar el microcosmos de esa sociedad juvenil antes y durante el atentado. Y allí vemos cómo se desenvuelven sus vidas, incluso fuera del instituto, donde cualquier defecto u obesidad es motivo de burla, donde la bulimia y los vómitos inducidos son la estrategia más usada para mantener la línea, donde los jóvenes no encuentran esperanza en el futuro y los medios de comunicación bombardean todos los días ofertas comerciales ‘para ser un ganador’, produciendo pequeños monstruos. La violencia es un cáncer en la sociedad norteamericana. ¿Habrá llegado lamentablemente la hora de colocar detectores de metales en los colegios como en los aeropuertos? Apago el televisor.

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