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Blanca Varela, poetisa y madre 

Con motivo del Día de la Madre, el Búho nos trae esta columna dedicada a la gran poetisa nacional Blanca Varela 

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Blanca Varela sufrió la pérdida de su menor hijo.

Blanca Varela sufrió la pérdida de su hijo menor.

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El Búho

Este Búho siempre se ha declarado un ferviente admirador de nuestra gran poetisa Blanca Varela (Puerto Supe 1926 - Lima 2009). Mucho se ha escrito sobre su extraordinaria producción poética, pero poco se ha rescatado sobre sus declaraciones públicas respecto a sus convicciones como mujer y, sobre todo, como madre. Tal vez porque, como ella misma reconoció, de joven usó muchas ‘máscaras’ para expresarse en sus versos y trataba a la poesía como si fuera un lenguaje sin ‘género’ determinado y hasta reconoció que usaba el ‘yo masculino’ en sus poemas. Sin embargo, con los años, ella explicó cuándo fue que se produjo esa transformación en esa visión de su escritura.

‘No recuerdo exactamente la fecha, pero creo que fue a raíz del nacimiento de mis hijos. Recién ahí tuve sentimientos estables y legítimos; compromisos reales. Antes no podía amar mucho a algo o a alguien, pero no era permanente, era algo que podía pasar. En el caso de los hijos es diferente, pues me dieron una gran estabilidad, me colocaron en un lugar de la naturaleza y tal vez en mi mente también’, confesó en una de la pocas entrevistas que dio.

En su libro ‘Valses y otras falsas confesiones’ (1971) escribió un pequeño poema llamado ‘Fútbol’, del que admitió: ‘Lo escribí cuando miraba a mis hijos y se los dediqué’: ‘Juega con la tierra como con una pelota/ báilala, estréllala, reviéntala/ no es sino eso la tierra/ tú en el jardín mi guardavallas, mi espantapájaros, mi atila, mi niño/ la tierra entre tus pies gira como nunca, prodigiosamente bella’.

A la inmensa poeta, conocida como una mujer de carácter, de temple, le tocó afrontar aquel fatídico verano de 1996 el peor dolor que puede sacudir el corazón de una madre: el tener que enterrar a su hijo menor, Lorenzo, fallecido en el trágico accidente aéreo en Arequipa. Arquitecto de profesión, era tal vez el preferido de Blanca. Ella le confesaría a la poeta Rosina Valcárcel en una entrevista para la revista ‘La casa de cartón’, en la primavera de 1996, que su poema  ‘Casa de cuervos’ era ‘absolutamente para Lorenzo, mi hijo’. Es decir, estaba movida por un sentimiento de madre, que se imponía al verlo vivir.

‘Era un niño de 13 o 14 años y yo veía que este ser se iba alejando de lo que yo era como persona, como individuo, como carne. Era un chico que estaba saliendo del cascarón totalmente y que se había echado a volar ya evidentemente como debe ser’. De la muerte de su hijo no se recuperaría jamás, pero después de varios meses de absoluto mutismo, la poeta y madre abrió su corazón a Valcárcel quien, temerosa, abordó ese tema lacerante y le sorprendió la serenidad de Blanca: ‘...Es probable que la pérdida de mi hijo Lorenzo algo me haya cambiado, no lo sé con exactitud. Es tal el contacto con el escándalo, con el horror de la muerte. ¿Quieres que te diga una cosa? Aunque te suene escalofriante, casi no me sorprendió. Eso es terrible, porque es algo que yo esperaba. Creo que hay que esperar esas cosas terribles, ese es el destino en la vida, pero no lo esperaba evidentemente. A la última persona que hubiera esperado que le sucediera era a uno de mis niños’.

Definitivamente, ser mamá marcó a la gran Blanca. Mientras otras madres hacían dormir a sus bebés arrullándolos con canciones de cuna, balanceándolos al ritmo de alguna melodía que se oía en la radio o la televisión; ella les recitaba poemas, versos que ella misma escribía para ellos, como este: ‘Porque te alimenté con esta realidad mal cocida (...) no es tuya la culpa ni mía/ pobre pequeño mío/ del que hice este impecable retrato forzando la oscuridad del día/ párpados de miel y la mejilla constelada cerrada a cualquier roce y a la hermosísima distancia de tu cuerpo’. Ciertamente, en la sola mirada de una madre a su hijo encontraremos poesía. Gracias Blanca y sobre todo, gracias a ti, madre mía. Apago el televisor.

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