Este Búho estuvo a la expectativa del mensaje del presidente Martín Vizcarra. Se había guardado de hablar el miércoles porque estaba tan harto, como todos los peruanos, de seguir recitando las escalofriantes cifras del número de contagiados: pasamos los 20 mil, y de muertos: 572. Pero el moqueguano es astuto y ni en estos momentos dramáticos deja su costumbre de dar espectaculares golpes de timón. No podía anunciar lo que ya era un secreto a voces: la ampliación del ‘Estado de emergencia’ hasta el 10 de mayo con ‘inmovilización social obligatoria’. La medida se caía de madura.

La tristemente ‘curva de contagios’ no se aplanó y la orfandad de equipos de respiración mecánica que exhiben los hospitales de Lima y provincias anunciaba una hecatombe, cuando ya no se pueden ‘maquillar’ las cifras y hasta el Colegio Médico, un día antes, había planteado la necesidad de prorrogar la medida. Era obligada en términos sanitarios, pero impopular, paradójicamente, para ‘los de arriba y los de abajo’.

Los empresarios y, concretamente, la Asociación de Centros Comerciales del Perú, por boca de su presidente Carlos Neuhaus, planteó al Gobierno que reabra los malls comprometiéndose a trabajar ‘con la mitad del aforo’ y cumpliendo los protocolos contra el contagio. También los poderosos gremios de restaurantes del país presionaban para que les den ‘luz verde’ a su funcionamiento argumentando que los miles de cocineros, mozos, empleados, administradores y motorizados de todos los locales del territorio podían quedarse sin chamba.

Y por otro lado, los millones de informales que trabajan en las calles, a quienes no les tocó ningún bono ni CTS o fondos AFP, presionaban con desafiar al Ejecutivo con la temida sentencia: ‘me arriesgo al contagio para no morirme de hambre’. El presidente, en esa encrucijada, sacó, como siempre, un as bajo la manga: un impensado ‘bono familiar universal’ de 760 soles para 6.8 millones de familias. Con eso devolvió el alma al cuerpo a la mayoría de peruanos que sufre esta crisis y seguirán manteniéndolo en lo más alto de las encuestas de aprobación. Pero analicemos las medidas anunciadas ayer y si será verdad tanta belleza.

EL ‘CARAMELO’ DE MARTÍN: Cuando todavía continúan los reclamos de miles de beneficiados con los ‘bonos para familias vulnerables’ y no se actualizan los datos de las verdaderas familias de extrema pobreza y hasta les ha caído billete a quienes no lo necesitan (entre ellos, increíblemente, un alcalde), el mandatario anuncia este ambicioso proyecto. Que es loable porque pretende darle un salvavidas a los que se quedaron sin ingresos por culpa de este flagelo, pero seguramente le van a llover objeciones, no en la intención, sino en su correcta implementación y reparto del mismo. El proyecto aparentemente resulta simple. En el país, después del ‘Estado de emergencia’, solo 2.2 millones de familias han conservado sus empleos, ya sea en el sector privado, público o Fuerzas Armadas y Policía Nacional. Estos ‘privilegiados’ representan el 25% de hogares del Perú. El resto, el 75%, son 6.8 millones de familias que se vieron perjudicadas y por distintas razones no reciben ingresos desde esa fecha. Ellos -según el presidente- serán beneficiados con ese bono (con la excepción de aquellos hogares que tengan un familiar que continúe laborando durante el ‘Estado de emergencia’). Aparentemente, todo parece sencillo. Pero inmediatamente surgieron las interrogantes. En ese 75% no todos son familias vulnerables y pobres. Se encuentran, por ejemplo, profesionales y empleados de la actividad privada con sueldos de privilegio para este país, que han sido cesados por esta crisis, pero tienen ahorros, propiedades. Igualmente, puede darse el caso hasta de futbolistas profesionales que ganaban varios miles de dólares mensuales y se les rescindió sus contratos por la suspensión del torneo. Ellos, de acuerdo al anuncio presidencial, también deberían ser beneficiados con el bono. ¿Es eso justo? En esta ‘bolsa’ hay como quien dice ‘perro, pericote y gato’, y será muy difícil, por el tamaño de la muestra, lograr un reparto justo. Muchos economistas se preguntan: Si no han podido hasta ahora estimar un padrón de los que realmente son familias vulnerables y de extrema pobreza, ¿podrán identificar a quienes merecen la ayuda económica entre más de seis millones de familias o simplemente van a regalarle la plata a todo aquel que diga ‘estoy sin trabajo desde la cuarentena’ y firme la solicitud? Por ejemplo, un profesional soltero que se quedó sin chamba, pero bien indemnizado. Son solo unas primeras impresiones, ya que el presidente soltó su ‘caramelo’ y se fue.

Apago el televisor.

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