'Buenos muchachos'

El Búho escribe sobre la película 'Buenos muchachos', de Martin Scorsese, comparándola con la situación política del país. 

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Este Búho ve la convulsionada política nacional y a conspicuas figuras de ella, como Keiko Fujimori, investigadas bajo acusaciones refrendadas por ‘un testigo protegido’. De acuerdo a la acusación de la Fiscalía, en base a la declaración de Barata, los que recibieron los aportes de la cutrera brasileña Odebrecht fueron los exministros fujimoristas Augusto Bedoya y Jaime Yoshiyama en una casa de Miraflores, que sería la de Bedoya. Keiko en su defensa argumenta que Barata mismo reveló que no conoció a la Fujimori y que a ella no le dio ningún dinero. Pero para la Fiscalía, eso no tendría relevancia. ¿Acaso Alejandro Toledo recibió personalmente algún dólar en su mano por parte de Odebrecht? Fue su amigo, el financista Josef Maiman, quien fue a negociar y pidió que el dinero lo enviaran a una cuenta en Londres y de allí a Ecoteva, en Costa Rica, donde recién Maiman transfirió los millones para que ‘la viejita suegra de Toledo compre oficinotas y casotas’.

Pero Keiko también está acorralada por otro testigo, que se acogió a la ‘colaboración eficaz’ como Matilde Pinchi Pinchi: Antonio ‘Toñito’ Camayo, quien ya cantó ante la Justicia quién es la ‘Señora K’, de la que habló con el ‘Hermanito’, el destituido juez César Hinostroza. ‘Toñito’, de Iza Motors, era una pieza fundamental en la organización criminal ‘Los Cuellos Blancos del Puerto’, pero no era el cabecilla. El primer requisito para acogerse a este beneficio es no ser líder de la organización.

Camayo, definitivamente, delatará a sus antiguos socios, como lo hizo ‘Henry Hill’ (extraordinario Ray Liotta) en la notable película de Martin Scorsese, ‘Buenos Muchachos’, una historia de mafia ambientada en los años sesenta, setenta y ochenta. Hill había ingresado a la mafia de adolescente y sin haber terminado el colegio, a los veinticinco años ya tenía auto del año, departamento, trajes costosos y llevaba una vida de lujos. Todo gracias al hecho de pertenecer a la familia de Paul ‘Paulie’ Cicero (Paul Sorvino), el capo local. Pero nada era gratis. ‘Trabajar’ para el jefe ‘Paulie’ significaba robar, extorsionar, asesinar para él. Y en eso, Henry y sus amigos Jimmy (Robert de Niro) y Tommy (inigualable Joe Pesci) eran expertos.

Pero Jimmy cuando ingresa a la cárcel, se dedica a traficar con cocaína. Al salir no solo continúa traficando, sino que se vuelve adicto a la droga, que lo pone paranoico. Por eso es detenido con las manos en la ‘masa’. Acorralado porque sabe que ‘Paulie’ ha ordenado su ejecución y la de su esposa, acepta volverse lo que en la mafia se llama ‘una rata’. Declara en la cara de ‘Paulie’ y los antiguos miembros de su ‘exfamilia’ que desde los once años robó, incendió, extorsionó y asesinó por órdenes del capo ‘Paulie’. Los mafiosos son condenados a cadena perpetua y mueren en prisión, no sin antes ofrecer un millón de dólares por la cabeza de la ‘rata’ Henry Hill.

La película comenzaba cuando Henry decía: ‘Desde que tuve uso de razón, quise ser un gángster’; y finaliza viendo su sencilla vivienda en un pueblito ‘x’ de una ciudad ‘x’ con un nombre falso: ‘Soy un don nadie y viviré siendo un don nadie’. Esa película se basó en hechos reales.

¿Algún día se filmará una cinta sobre ‘Los Cuellos Blancos del Puerto’? ¿Quién interpretaría al colaborador eficaz Antonio ‘Toñito’ Camayo? ¿Joaquin Phoenix? ¿James Franco? Las apuestas le dan más chances a Jim Carrey. Apago el televisor.

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