El Búho y la vez que conoció a Alberto Fujimori, el ‘chinito del tractor’

Este Búho asiste a un escándalo político de grandes proporciones: el indulto humanitario otorgado a Alberto Fujimori.

El Búho y la vez que conoció a Alberto Fujimori, el ‘chinito del tractor’

El Búho y la vez que conoció a Alberto Fujimori, el ‘chinito del tractor’

El Búho y la vez que conoció a Alberto Fujimori, el ‘chinito del tractor’

Este Búho asiste a un escándalo político de grandes proporciones. Nunca me imaginé que en plena Navidad se iba a escuchar en las calles del Centro de Lima ‘Fuera, fuera PPK’, ‘Chino, chino, ladrón y asesino’, ‘En costa, sierra y selva, el indulto es una m...’, ‘La sangre derramada, jamás será olvidada’. Estaba en la Redacción, cerca de los manifestantes, y bajé del edificio para escucharlos en vivo y en directo. Como bien dicen los viejos reporteros, el periodista siempre debe ir a la fuente. Ahora muchos se confían de la televisión y las redes sociales. Eso nunca será igual que estar en el lugar de los hechos. Y lo reafirma este humilde columnista que tiene 30 años en este oficio. No pude evitar ingresar al ‘túnel del tiempo’.

Año 1990. Jovencito trabajaba como redactor de Política en un diario que hoy yace en el cementerio de papel. Esa publicación, según nos enteramos después, tenía como finalidad principal oponerse a la candidatura de Mario Vargas Llosa del Fredemo, que encabezaba las encuestas con más de 20 puntos de ventaja. El periódico primero apostó por el izquierdista Alfonso Barrantes, pero con el popular ‘Frejolito’ no pasaba nada. Entonces, cuando parecía inminente el triunfo del novelista, al inmenso director se le presentó la virgen al recibir del corresponsal de Huancayo unas fotos del mitin de un candidato que hasta ese momento ni figuraba en las encuestas. Era el ingeniero Alberto Fujimori, quien había sido rector de la Universidad Agraria y había llenado la plaza de la ‘Incontrastable’ en un mitin. En la foto aparecía ingresando en un pequeño tractor y su movimiento, Cambio 90, ofrecía un gobierno con ‘Honradez, tecnología y trabajo’.

Al día siguiente, el titular mostraba la foto del mitin, el ‘Chino’ montado en el tractor y un titular de choque: ‘ Fujimori sube como la espuma, ya tiene 4% de los votos’. No se mencionaba qué encuestadora, como por arte de magia, le había adjudicado tamaña intención de voto, pero el ‘Chinito’ comenzó a hacerse popular. Desde allí me encomendaron seguir, como Reyna a Maradona, la campaña electoral del ingeniero. Fujimori fustigaba a los políticos tradicionales, pero se cuidaba de criticar al gobierno aprista. Ofrecía trabajo, honradez y su tractor hacía soñar a los campesinos que podían dejar de ser pobres y tecnificar el campo. A un mes de las elecciones, ya había subido como la espuma de una cerveza recién servida. No fue sorpresa que quedara segundo después de Vargas Llosa, ¡que no logró ganar en primera vuelta! Debía definir con el ‘Chinito’ la Presidencia en la segunda. El segundo lugar significó para Fujimori una victoria, pues con los votos del Apra y la izquierda podría derrotar al famoso novelista. Su primer mitin, para la segunda vuelta, lo hizo en Huaycán, en ese entonces, una desolada invasión. Allí su tractor fue recibido como un salvador. Miles lo vitorearon. ‘No soy Vargas Llosa, no habrá shock para los pobres’, decía. Los más humildes, que eran la mayoría del país, le creyeron y se rindieron a sus pies. Escribí una crónica de cuatro páginas donde finalizaba: ‘Los pobres ya decidieron, Fujimori va a ganar’. Una constatación realista, exenta de favoritismo.

Al día siguiente, cuando fui a cubrir sus actividades a su domicilio, detrás del colegio ‘Weberbauer’, en Monterrico, frente a todos mis colegas, su jefe de prensa me llamó. ‘El ingeniero quiere hablar contigo’. Ingresé y me recibió un entusiasta candidato. ‘Lo felicito, señor, qué bonita crónica. Ha dado en el clavo de mi mensaje, gracias’. Mientras una cachetoncita Keiko, con uniforme de colegio, se me acercaba y me ofrecía un vaso con limonada y unas galletitas con mantequilla. ‘Quisiera que trabaje para mí. Si gano, puede trabajar en el diario oficial o como agregado cultural en alguna embajada’. Sorprendido, le respondí que solo había escrito lo que vi. Le dije que era periodista y no me interesaba laborar para el gobierno y menos ser asesor. Al retirarme y traspasar la puerta nunca me imaginé, ni en la más fantasiosa de las ficciones, lo que nos iba a deparar el futuro con el triunfo de ese ‘Chinito’ con cara graciosa, que hablaba un pésimo español y me estrechaba la mano sonriente. Los dueños cerraron el periódico ni bien triunfó Cambio 90. Al ser elegido, el flamante presidente ejecutó un brutal paquetazo contra los pobres llamado ‘Fujishock’. Traicionó a sus aliados evangelistas, dio un golpe de Estado y cogobernó con un siniestro asesor llamado Vladimiro Montesinos, quien se levantó en peso el país y abrió cuentas de millones de dólares en el extranjero. Me quedé corto, mañana continúo. Apago el televisor.

Elecciones Presidenciales Perú 1990 - Mario Vargas Llosa vs. Alberto Fujimori

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