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El Búho y la Copa América

El Búho recuerda algunos episodios después que la selección peruana obtuviera la Copa América 1975. 

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Este Búho continúa recibiendo e-mails de sus jóvenes lectores, los que nunca han visto a un equipo peruano ganar la Copa América: ‘Escribe más historias de esa legendaria final contra Colombia en Caracas. Solo hemos visto a la selección llegar en tercer lugar’. Me debo a mis lectores. A lo largo de mis años en los que me desempeñé como jefe de Deportes de un diario popular, conversé con muchos de los héroes de esa histórica jornada de 1975 y conservo en mi computadora cerebral muchos de los relatos. Ya no solo del partido mismo, sino de anécdotas muy poco conocidas de esa epopeya deportiva.

CELEBRACIÓN A SECAS: Ni bien se dio el pitazo final, la algarabía de los peruanos fue indescriptible con el trofeo a cuestas cuando llegaron al camarín. Hay una foto histórica de Sotil, Cubillas, Oblitas, Barbadillo, el ‘Burro’ Santiago Ojeda y el ‘Chevo’ Acasuzo, mojados y con la sonrisa de oreja a oreja con el preciado trofeo. Pero cosa curiosa, no hay ninguna cerveza o champán como se estila en la actualidad. Increíblemente, en los vestidores no hay nada para festejar. Todo se estaba guardando para la recepción en la embajada de Perú en Venezuela. Después de los hurras, los cánticos, las fotos con la Copa y el duchazo de rigor, fueron al ómnibus que los llevaría a la embajada.

LUCHA REYES Y EL ‘LOCO’ CASARETTO: A la embajada llegaron en buzo y zapatillas, pero en la residencia del embajador se preparaba una recepción como para recibir a una cumbre presidencial. No era para menos, después de más de treinta años volvíamos a ganar una Copa América. Alrededor de la piscina, un ejército de mozos blandían sendos azafates con whisky, vino, champán y botellas de cerveza Polar. Un implacable coronel de la PIP miró a Marcos Calderón y el recordado técnico asintió. Quien puso cara de espanto fue ‘Manolo’, el español que llegó de Barcelona siguiendo al ‘Cholo’ Sotil, porque se había escapado del club para la final. El catalán, seguro por órdenes de la directiva, no le despegaba los ojos de encima al ‘Cholo’. El ‘Loco’ Casaretto gritó ¡whisky!, llamó a los mozos y bebía los vasos como si fuera agua. ‘¡En Perú no hay whisky!’, gritaba, porque era un licor carísimo y llegaba de contrabando. José Navarro confundía a los mozos con bármanes. Al mozo que traía las botellas de ron caribeño le ordenaba: ‘Comparito, tráete Coca Cola, hielo, limón y te preparas un cuba libre, pe’. Cubillas no tomaba, pero trajo su cassette de Lucha Reyes, muerta solo años antes. ‘¡¡¡Pero regresa!!!’, cantaban a coro los seleccionados emocionados. El ambiente distinguido de la embajada cohibía un poco a los campeones. Marcos Calderón, increíblemente, gritó: ‘Muchachos, si quieren ir al hotel a cambiarse y salir luego, pueden irse en el ómnibus que está afuera, pero eso sí, yo no vi nada’. Todos se metieron al bus y de allí al hotel.

CEBICHE EN CARACAS: En el hotel ‘El Conde’ los recibieron esa madrugada como doscientos compatriotas. Primero en el hall se juntaron jugadores con peruanos que trabajan en Venezuela. Sotil era el más requerido para los brindis, pero el español ‘Manolo’ no dejaba de observarlo. Después, la juerga se trasladó a todo el piso que ocupaban los seleccionados. Los hinchas también subieron a seguir los festejos. Algunos jugadores recios salieron a disfrutar de la madrugada caraqueña, que no era maleada como hoy, sino era una ciudad muy tranquila y moderna. Al día siguiente, algunos trasnochadores llegaron y se dieron con una gran sorpresa. En el hall del hotel, en las mesas, había tres bateas llenas de cebiche que había preparado la colonia de chiclayanos amigos de Julio Meléndez. Un justo premio para nuestros guerreros. Los suplentes recibieron 185 dólares de premio, los titulares 300. Eran puro corazón. El recibimiento en Lima fue apoteósico en el estadio Nacional. Les entregaron los laureles deportivos y el reconocimiento de ‘Deportistas calificados’, lo que significaba que, como los mundialistas de México 1970, merecían una pensión del Estado. Muchos seleccionados han alcanzado prosperidad económica y seguramente declinarían la pensión, pero otros no han tenido la misma suerte y esperan que el Gobierno cumpla su promesa. La pelota está en el campo del Ministerio de Educación.

Apago el televisor.

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