El Búho: Las mafias de las drogas

Nuestro columnista nos habla de las mafias de la droga. 

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Este Búho no pudo dejar de sorprenderse con la noticia. ¡¡Descubrieron un alijo de cocaína de casi 400 kilos en los salones de la embajada de Rusia en Buenos Aires!! El sorprendente operativo policial tuvo ribetes de una emocionante película de mafia y espionaje al mismo estilo del filme ‘Misión imposible’, dirigido por el gran Brian de Palma. No pudo ser fácil detectar tal cargamento, que iba a ser embarcado a Europa y que estaba valorizado en ¡50 millones de euros! Si bien recién se acaba de revelar este magno decomiso, con la consecuente captura de los responsables, a excepción del cabecilla, el misterioso ‘Mister K’, esta compleja telaraña policial diplomática binacional, entre las autoridades rusas y argentinas, se remonta a hace un par de años.

He aquí una historia digna de la mejor producción hollywoodense. Todo comenzó en diciembre del 2016, cuando el embajador de Rusia, Viktor Koronelli, se percató de unos paquetes sospechosos, maletines de colores, mochilas escolares como de primaria en la sede del colegio para los hijos de diplomáticos de la embajada.

Claro, si los alumnos habían salido de vacaciones, ¿por qué había tantas maletas y encima juntitas? Abrió una de ellas y se dio con la sorpresa de su vida. Estaba llena de paquetes con cocaína. Sintió un nudo en la garganta. El poderoso y vil narcotráfico estaba utilizando su propia embajada para traficar a gran escala, porque este era un verdadero cargamento de 389 kilos. ¿Cuántos de sus funcionarios estarían involucrados? ¿Todos, menos él? ¿En quién confiar? ¿Y si alertaba a sus superiores y allí también había cómplices de la poderosa y sanguinaria mafia rusa? De seguro sería hombre muerto. Viktor prefirió confiar en las autoridades argentinas, así, al menos tendría la protección del gobierno de Mauricio Macri, a quien conocía bien. Cuando el juez y las autoridades comprobaron la pureza de la mercancía, decidieron que debían dejarla tal como estaba, colocarle detectores y esperar que los responsables vayan saliendo a la hora que intentaran trasladar la droga al extranjero. Pero era una acción demasiado riesgosa. Las maletas poseían el cintillo diplomático, con lo cual estaba prohibido abrirlas en cualquier control aduanero dentro y fuera de Argentina. ‘Podíamos perder el cargamento’, dijo Patricia Bullrich, ministra de Seguridad argentina. Por eso mandaron ese mismo día a un pelotón de policías de gendarmería a comprar ¡cuatrocientos kilos de harina! para reemplazarla por la cotizada cocaína. Fue una operación contra el reloj, porque los diplomáticos comprometidos con los narcos podían llegar en cualquier momento a ‘chequear’ o trasladar el alijo. ‘Luego, sostuvo Bullrich, había que armarse de paciencia y esperar ‘que salgan las ratas por el queso’. Previa interceptación telefónica a todo el personal de la embajada, fue una espera que desesperaba.


Existían muchas personas -de ambos países- al tanto de la investigación, el soplo podía darse por cualquier lado. Incluso, para conseguir un traductor, tuvieron que escoger a un ruso que viviera en una región alejada, sin contactos con Buenos Aires o Moscú ni con la comunidad rusa, y que no tuviera noción de lo que traducía. Los responsables se iban descubriendo, pero no podían capturar a uno, querían a toda la banda. Las investigaciones determinaron que el jefe de la banda era un sujeto al que llamaban solo ‘Señor K’. Este le daba órdenes a un diplomático ruso, nada menos que al tesorero de la embajada Ali Abyanov.

A su vez, Ali coordinaba con dos rusos nacionalizados argentinos, uno de ellos Iván Blizniouk, ¡¡subinspector de la Policía de Buenos Aires!! La mafia intentó retirar tres veces la droga para llevarla a Moscú. Primero, por un avión privado, pero el embajador puso reparos técnicos. La segunda iba a ser en un avión que trasladaría policías en un vuelo de instrucción a Moscú. A la tercera fue la vencida: aprovechando que se iban a llevar a Rusia las cosas del tesorero mafioso Abyanov, una camioneta sustrajo la droga-harina y la embarcó a la capital rusa. Allí esperaba el cargamento el mismísimo Abyanov, que fue detenido con dos cómplices. En Buenos Aires se arrestó al mal agente Blizniouk, quien llegaba de Roma con su esposa, donde viajó para ‘echarse grasa’. Fue atrapado con un cómplice que llegó a recogerlo. Solo el escurridizo ‘Señor K’ huyó como las ratas, pero se sabe que está en Alemania. No me cabe duda de que Hollywood ya tiene una historia para una gran película. Apago el televisor.

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