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El Búho y Mario Vargas Llosa

Con motivo de la visita de nuestro premio Nobel de Literatura, el Búho recordó la vez que conoció personalmente a Mario Vargas Llosa y otras conversaciones que tuvo con él.

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El Búho recordó los encuentros que tuvo con Mario Vargas Llosa.

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El Búho

Este Búho asistió a la Feria del Libro y vio el justo reconocimiento a nuestro extraordinario escritor Mario Vargas Llosa. Mientras visitaba stands en Jesús María, no pude evitar ‘ingresar’ al túnel del tiempo y recordé cuando tenía la edad de un siglo dividido en cinco partes y caminaba con Ximena Salazar por la Feria del Libro de Camino Real, a inicios de los ochenta.

De pronto, vimos una inmensa cola frente a un Mario Vargas Llosa que estaba firmando los libros de su flamante novela ‘La guerra del fin del mundo’. Mi amiga me dijo: ‘¡Mira, allí está mi tío Mario!’. Francamente, yo me reí: ‘Qué va a ser tu tío, no me vaciles’. Ximena me tomó de la mano y de frente se fue hasta la mesa del escritor. ‘¡Hagan la cola!’, gritaron algunos. Pero Ximena se plantó frente a Mario y le dijo: ‘Tío Mario, él no cree que eres mi tío’.

Mario esbozó su característica sonrisa de dientes de conejo, se paró, la abrazó y le estampó un sonoro beso. ‘¡Claro que es mi sobrina, la más guapa de ojos verdes!’, sostuvo mirándome sonriente. Y acto seguido, sacó dos libros y los firmó. ‘¿Cómo te llamas?’, me dijo. ‘Escribe: Para el Parche’, le dijo Ximena. ‘Qué nombre tan raro’, agregó Mario y me obsequió su libro.

Ximena era la hija del recordado Sebastián Salazar Bondy, escritor y dramaturgo que fue fundamental en los inicios intelectuales de Mario Vargas Llosa. De allí el afecto que le tenía a su hija, que perdió tempranamente al autor de ‘Lima la horrible’ y ‘Pobre gente de París’. Fue así que pude conocer al escritor. Años después conversaría con él en su casa de Barranco, en épocas aciagas y difíciles para él, durante las elecciones presidenciales de 1990, las más sucias en la historia de América Latina.

Pero volvamos a la Feria del Libro. Algunos jóvenes me abordaron y me preguntaron: ‘Búho, si tuvieras que irte a una isla desierta y solo puedes llevarte un libro de Vargas Llosa, ¿cuál escogerías?’. Mi respuesta fue:CONVERSACIÓN EN LA CATEDRAL (1969): Según el mismo Mario, esta fue la novela que más le costó escribir y es su favorita. ‘La escribí casi a ciegas, sin saber hacia dónde iba a integrar toda esa materia anecdótica’, dijo.

En este libro disecciona la sociedad peruana desde las más altas esferas del poder, con el siniestro ministro de Gobierno ‘Cayo Bermúdez’, represor, corrupto, que era el espejo del también ministro de Gobierno de Odría, Alejandro Esparza Zañartu, el ‘Montesinos’ de la dictadura odriista.

Desde el inicio es impresionante. Te atrapa. A mí me sorprende cómo los extranjeros se enamoran de la novela, si es tan peruana, tan limeña. Allí se mencionan Miraflores, la avenida La Colmena, los bares del Centro, ‘La Catedral’ en la plaza Unión, la perrera municipal de Chacra Ríos, que hasta hora sobrevive. La casa-bulín de Hortensia, en San Miguel, donde Cayo emborracha a sus socios y les coloca ‘lolitas’.

Todo se cocina en ‘La Catedral’, donde Santiago Zavala, ‘Zavalita’, el protagonista, se emborracha con el negro Ambrosio, exchofer de su padre, el empresario Fermín Zavala, socio de Cayo y del presidente, a quien las ‘lolitas’ lo llaman ‘Bola de oro’, un gay que no salía del clóset y tenía predilección por su chofer. Mario traslada su propia frustración y rebeldía a Zavalita. Del cómo no quiso postular a la Católica y prefirió San Marcos, y no terminó Derecho pero sí militó en una célula comunista, ‘Cahuide’, datos de la propia historia personal.

El novelista utiliza novedosas y arriesgadas técnicas narrativas. Zavalita está en el bar con Ambrosio y a las tres líneas siguientes ya se encuentra en la casa-bulín de ‘Cayo Mierda’ con la plutocracia dando rienda suelta a sus bajos instintos. El inicio de la novela nunca lo olvidaré: “Desde la puerta de La Crónica, Santiago mira la avenida Tacna sin amor. Automóviles, edificios desiguales y descoloridos, esqueletos de avisos luminosos flotando en la neblina, el mediodía gris. ¿En qué momento se había jodido el Perú? (...)”.

Después de 50 años de publicada la novela, este Búho camina por la avenida Tacna y ve que casi nada ha cambiado, salvo que el edificio que antes albergaba las oficinas del diario La Crónica -donde laboró Mario y también Zavalita- hoy alberga al supermercado Tottus. Apago el televisor. 

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