A este se le puso la piel de gallina cuando veía y escuchaba por televisión a ese millón de manifestantes, en un Chile convulsionado, cantando pacíficamente la entrañable canción de Los Prisioneros: ‘El baile de los que sobran’. Estaba seguro de que las tres cuartas partes del público ni había nacido o estaban infantes cuando en setiembre de 1986, ese tema salió al mercado y se convirtió en un himno.

ATENTADO A PINOCHET:
El disco del trío conformado por Jorge González, Miguel Tapia y Claudio Narea marcaría un antes y un después en el rock de buena parte de Latinoamérica. No solo en el oído musical de la gente, sino por una clarísima influencia del tecno pop inglés (que marcaba tendencia en la época, con Gary Numen y Depeche Mode, pero sobre todo ‘The Stranglers’) en los gustos del líder de la banda. Jorge González había anulado los punteos de su guitarra para inundar el disco con sintetizadores que suplían a la batería y a las guitarras, e incluso el ladrido de los perros en ‘El baile de los que sobran’ era producto de ‘samplers’ electrónicos. Pero a ese hipnótico sonido techno le incluyó letras totalmente contestatarias, descaradamente de protesta contra la dictadura y la desocupación. En ‘Quieren dinero’ braman: ‘Es una humana condición o es nuestro estúpido sistema/ salvavidas o delincuente, conductor o presidente/ la cuestión funciona del mismo modo... ¡quieren dinero!’. En ese setiembre de 1986, el dictador Augusto Pinochet regresaba de su hacienda ‘El Melocotón’ y sufrió una emboscada preparada por el ‘Frente Patriótico Manuel Rodríguez’ (comando comunista). Murieron cinco personas y 11 resultaron heridas, entre la seguridad del dictador, quien salió ileso del atentado. Se declaró el toque de queda y una sangrienta represión. En Perú, en ese tiempo también aquí había ‘toque de queda’ por los atentados de Sendero Luminoso. La música de Los Prisioneros nos acompañaba en esas ‘encerronas’ de ‘toque a toque’. En tiempos en que la mayoría de hogares no tenía teléfono fijo, los pobres padres de familia no podían dormir al constatar que sus hijos universitarios no habían llegado a casa. Eran épocas duras. Yo tenía salvoconducto como periodista y me retiraba de las ‘encerronas’ de madrugada, pero igual no quería chocarme con soldados por esas calles vacías. Cuando me paraban, algunos eran conscientes, otros jodidos y también había sádicos para con un veinteañero con salvoconducto: ‘¿Eres periodista?, ja, ja, ja. ¿No serás terrorista...?’. Y rastrillaban sus fusiles ahí, en plena madrugada.

EL ‘BAILE’ DE JORGE GONZÁLEZ:
Ni bien cesó el toque de queda, en 1987, ‘Los Prisioneros’ por fin llegaron a tocar en Lima. El local no podía ser más emblemático: la Plaza de Acho. Las colas para ingresar eran kilométricas. En una plaza repleta, el mítico grupo tuvo que batallar con un sonido pésimo, pero lo peor es que justo cuando tocaban ‘El baile de los que sobran’, un desadaptado, borracho, drogado o lo que sea, la malogró toda, lanzó una botella que impactó en Narea. Un enfurecido Jorge González encaró a todo el mundo: ‘Por esta mierda nuestro país sufrió años de violencia’, vociferó y dejó de tocar la canción que todos queríamos escuchar esa noche, y se mandó con una furibunda versión de ‘Nunca quedas mal con nadie’, un tema que le da duro a los pseudointelectuales que evitan expresar sus verdaderas opiniones y evaden hablar claro cuando las ‘papas queman’. Así terminó aquel inolvidable concierto. Después escuché muchas veces a Los Prisioneros tocar ese tema en vivo: en Lima, en el San Agustín en 1991; en la Concha Acústica del Campo de Marte, un año después, cuando nos zampamos en mancha los ‘sin entrada’; y hasta en el propio Festival de Viña del Mar, donde viajé solo para verlos ante el ‘Monstruo de la Quinta Vergara’. Hasta en el declive de Jorge González en solitario, con su grupo ‘Los Dioses’, en una playa del sur acompañado de músicos venezolanos, se escuchaba la emblemática canción. Lamentablemente, después de realizar un extraordinario concierto por el aniversario del LP ‘Corazones’, en el año 2013, el músico sufrió un derrame y al parecer nunca más podría tocar en vivo. Pero después de ver cantar a un millón de chilenos su tema, Jorge González rompió su silencio y sentenció: ‘Es muy lindo, pero es muy triste que se siga cantando’. En otras palabras, las desigualdades que denunciaba en aquel mítico tema de juventud no solo continúan presentes en su país, sino que al contrario, se han incrementado.

Apago el televisor.

tags relacionadas

NOTICIAS SUGERIDAS

Contenido GEC