'Chuponeos' de película y el caso Edgar Alarcón

Nuestro columnista hace un contraste entre las películas de Hollywood con nuestra realidad política. 

El Búho

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EsteBúhoasistió sorprendido a los audios que salieron a la luz de una ‘conversación’ entre el ministro de Economía, Alfredo Thorne, y el contralorEdgar Alarcón. El asunto es que el ministro fue grabado clandestinamente y el oficialismo culpó directamente al funcionario público de haberlo ‘chuponeado’ en su local, a tal punto que un desaforado le gritó: ¡Sinvergüenza, chuponeó al ministro! Estos episodios siniestros de la política me hacen recordar algunas películas que tratan sobre estos espinosos temas. Aquí van.

LA CONVERSACIÓN (1974): Solo después de haber deslumbrado al mundo y pulverizado la taquilla con ‘El Padrino’ (1972), Francis Ford Coppola pudo exigir al estudio filmar una película tan frugal, dirigida para un público de cineclub. Alejado completamente de las escenas frenéticas y ultraviolentas de su mítico filme sobre la vida de Vito y la familia Corleone, Coppola nos presenta la historia de un tipo tan enigmático como solitario, Harry Caul (excelente Gene Hackman), quien se gana la vida grabando conversaciones de otros a pedido de un tercero. Pero un mal día decide extender sus grabaciones más allá de la cuenta y descubre un plan para asesinar a alguien. Si bien es evidente que Francis, con el filme le rendía homenaje al director italiano Michelangelo Antonioni por su clásica cinta ‘Blow Up’, también es verdad que justo ese año se destapó el caso de ‘Watergate’ y desnudó el secreto mundo de las escuchas telefónicas ilegales y chuponeos. Junto con Hackman actúan John ‘Fredo Corleone’ Cazale y un jovencito Harrison Ford. Fue una joyita que mereció ‘La Palma de Oro’ del Festival de Cannes.

TODOS LOS HOMBRES DEL PRESIDENTE (1976): El director Alan Pakula se basa en el best-seller de los periodistas del Washington Post, Bob Woodward y Carl Bernstein, sobre su histórica investigación del chuponeo telefónico a los fonos del local del Partido Demócrata en el complejo Watergate. Los chuponeadores ingresaron clandestinamente al local y fueron sorprendidos infraganti. Al principio parecía un simple robo frustrado, pero los periodistas del Washington Post realizan una asombrosa indagación y descubren que no eran ladrones, sino que tenían vínculos con la CIA y trabajaban bajo las órdenes de funcionarios de confianza del presidente Richard Nixon, quien estaba al tanto de las escuchas ilegales. Los periodistas contaron con la colaboración de ‘Garganta Profunda’, un misterioso informante cuyo nombre nunca revelaron. Solo en el 2005, ya al borde de la muerte, ‘Garganta Profunda’, en una entrevista a la revista Vanity Fair, dio a conocer su identidad: Mark Felt, quien era nada menos que ¡el segundo director asociado del FBI! Por el reportaje, el presidente Richard Nixon salió en televisión llorando y renunciando a la presidencia. Grandes Robert Redford y Dustin Hoffman en los papeles de los ‘tigres’ del periodismo de investigación.

GOTTI (1996): Con Armand Assante como el tristemente célebre jefe de la mafia neoyorquina de los ochenta, John Gotti. Narra los inicios del capo como un delincuente juvenil y sicario de la familia Gambino. Ambicioso, ladrón, extorsionador y asesino, se rebeló porque al morir Carlo Gambino, asumió el mando Paul Castellano, al que consideraba un ‘empresario’ y no un hampón como él. Fue el responsable del asesinato de Castellano en plena calle de Manhattan, a las afueras de un restaurante. Enquistado en el liderazgo mafioso, sorprendió por su crueldad, al ordenar asesinatos de miembros de su propia familia, y por su figuretismo, que lo hacía ser portada de revistas y reportajes de TV, o por los elegantes trajes de diseñador que vestía. El ‘showman’ Gotti cavó su tumba por su exhibicionismo. El FBI supo que se reunía con sus lugartenientes para planear crímenes en un bar público. Cuando iban a hablar sobre asesinatos y ‘golpes fuertes’, subían al segundo piso, donde vivía una viejita viuda de un mafioso. Los federales sembraron micrófonos en ese piso y los gánsteres hablaron hasta por los codos. Gotti rajaba de su brazo derecho, Sammy ‘Bull’ Gravano, y anunciaba que iba a matarlo por ‘angurriento’. Todos fueron arrestados. Gravano escucha las acusaciones de Gotti, se acoge a la ‘colaboración eficaz’ y revela que cometió veinte asesinatos por orden de su jefe, John. Con ese testimonio bajo juramento, el capo es condenado a cadena perpetua. Murió en la cárcel de máxima seguridad de Illinois por un cáncer a la garganta, a la edad de sesenta y un años. Todo por su bocaza y las grabaciones telefónicas. Apago el televisor.