Ciudad Peligro

El Búho escribe acerca de los dos valerosos policías que fallecieron a manos de delincuentes esta semana, en el Rímac. 

balacera en el Rímac
Balacera en el Rímac
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La inseguridad ciudadana llegó a un punto de ebullición. La delincuencia común rebasó todo límite. Ya no hay distinción entre carteristas de poca monta, ‘raqueteros’, ‘marcas’, secuestradores y asesinos. ¿Hasta dónde hemos llegado? Esa es la triste realidad.

En ningún país se mata casi a diario a la gente por robarle un celular. Pero lo peor que nos puede pasar es que la delincuencia ya no respete ni a la policía. ¡Asesinaron a dos efectivos a sangre fría en el Rímac, a pocas cuadras de Palacio de Gobierno! Un par de ‘raqueteros’, en busca de carteras y celulares que merodeaban en una moto sospechosamente por la transitada avenida Francisco Pizarro, fueron advertidos por el policía héroe José Luis Pacheco, quien los intervino. No le dieron ninguna oportunidad. El delincuente Mirko Alejandro Baza Loza, que tenía dos identidades, pues también se hacía llamar José Chacón, lo acribilló sin piedad. Otro policía, Javier Chaupis, que estaba paseando de civil con su señora, al reparar en el ataque a su colega, valientemente intentó atrapar al feroz hampón, pero este lo recibió a balazos con total sangre fría, aunque también el agente logró herirlo.

Ambos delincuentes huyeron en la moto, mientras que los oficiales murieron en los hospitales a los que fueron trasladados. Solo en épocas del terrorismo homicida de Sendero Luminoso, dos policías perdían la vida en simultáneo; pero ahora la delincuencia común no respeta ni a los uniformados.

Tiene razón el ministro del Interior al reclamar que muchas veces cuando un policía es detenido por corrupción, como el exdirector general de la PNP Raúl Becerra, acusado de integrar junto a su pareja una siniestra banda de tráfico de niños en Arequipa, se pretenda generalizar a toda la institución. Eso, definitivamente, no es cierto, pues la mayoría de los efectivos de la Policía Nacional están dispuestos a sacrificar su vida para luchar contra la delincuencia. Ser policía no es fácil en el país, pues los sueldos son inferiores a sus colegas de Argentina o Chile y las condiciones de trabajo, más difíciles y peligrosas.

Me estremecí de indignación y pena cuando me enteré del asesinato cobarde de estos dos policías y recordé que en tiempos del gobierno militar (1968-1980) había pena de muerte para los asesinos de estos, por lo que las pérdidas de efectivos eran mínimas y quien los asesinaba era llevado al paredón.

Tampoco pude olvidar una notable película del maestro Brian de Palma, ‘Los Intocables’. Se trataba de la lucha de los agentes del Departamento del Tesoro norteamericano comandados por Eliot Ness (notable Kevin Costner) contra la gigantesca mafia de Al Capone en Chicago, durante la prohibición de la venta de licor en Estados Unidos. Capone tenía comprados al alcalde, los jueces, el jefe de la policía y hasta a la mayoría de efectivos de la calle. Ness fracasaba en los allanamientos porque los propios agentes le pasaban el soplo a Capone por viles billetes. Entonces, Eliot conoce a un sencillo policía irlandés, Jim Malone (extraordinario Sean Connery, quien ganó el Óscar por esa actuación), que patrulla las calles de noche, incorruptible y duro como el acero. Con él y un muchachito de la escuela, el mejor tirador George Stone ‘Giuseppe Petri’ (Andy García) forman el grupo ‘Los Intocables’. ‘No confíes en nadie’, le aconseja Malone a Ness. Así dan golpes contundentes a la mafia. Pero Capone también le asesta un duro golpe a ‘Los Intocables’. Su sicario, el sanguinario Frank Nitti, embosca a Malone, que vivía solo en su departamento y lo asesina cruelmente. Una escena conmovedora es ver cómo agoniza el valiente y honesto policía y lucha por darle un dato a Ness antes de expirar. Ness llora, como seguro ayer lloraron los compañeros de los policías José Luis Pacheco y Javier Chaupis, acribillados en el Rímac.

Pero el crimen no paga. Ness, en memoria de Malone, juró acabar con Al Capone y lo consiguió, matando a su asesino Frank Nitti y envió a Capone por evasión de impuestos al tétrico penal de Alcatraz, ‘La Roca’, por doce años, de donde el hampón salió enfermo de sífilis para morir.

En el Rímac, los policías, ni bien llevaron a sus compañeros al hospital, iniciaron una cacería para capturar a esos chacales. El asesino herido no podía llegar lejos. Lo hallaron en su madriguera de la avenida El Sol, en condición grave, y murió en su ley, en el hospital. Este columnista sigue reclamando al señor ministro del Interior, al señor alcalde electo de Lima, Jorge Muñoz, ¿cuándo van a implementar un plan contra la delincuencia, tipo el plan Bratton con ‘Tolerancia cero’, que tan buenos resultados dio en la maleada Nueva York de los años noventa? ¡Urge hacer algo ahora! Apago el televisor.

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