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'Doña Flor y sus dos maridos' 

Con motivo de la Copa América en Brasil, el Búho recuerda una de las obras más conocidas de la literatura de dicho país 'Doña Flor y sus dos maridos'

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Este Búho nunca se imaginó que el fútbol lo devolvería a la literatura brasileña. La Copa América se organizó en Brasil y si la ‘Blanquirroja’ no hubiera clasificado a los cuartos de final, miles de peruanos nunca nos hubiéramos empapado de esa mítica ciudad llamada Salvador de Bahía, donde nuestra selección eliminó a Uruguay. Hablar de Bahía nos remonta a ‘Doña Flor y sus dos maridos’ (‘Dona Flor e seus dois maridos’), del inmenso escritor brasileño Jorge Amado.

Claro, muchos no lo ubicarán por su nombre y hasta pensarán que es un seudónimo. Pero sería otra cosa si uno les dice que es el novelista que escribió esta obra en 1966, que fue llevada a la pantalla grande con la bomba sexy brasileña Sônia Braga y el gran José Wilker, fallecido el 2014.

Wilker encarnó al eterno ‘Vadinho’, el pícaro fantasma que no deja tranquila a su esposa a la que dejó viuda, ‘doña Flor’ (Braga). El hombre muere en el primer capítulo a causa de un infarto, después de irse de juerga en el carnaval bahiano. Murió en su ley y Amado lo describe como ‘pobre, sin un centavo, funcionario chirle, granuja, cuchillero, chupandín, libertino y jugador’.

Muchos no se explicaban por qué la guapa profesora de cocina de la escuela ‘Sabor y arte’ se enamora de un granuja. Pero ella había perdido su virginidad con él antes de casarse, y se escaparon contra los deseos de su madre, doña Rozilda, una mujer arribista que quería un mejor partido para su hija. Es Flor la que mantiene un hogar donde no hay hijos y ‘Vadinho’ podía escaparse a las cantinas y burdeles. Pero el sinvergüenza esposo prodigaba por las noches fogosas sesiones amatorias a su mujer y eso avivaba la llama de la pasión y amor que ella sentía por él.

Sin embargo, la abrupta muerte del marido solo hicieron que su recuerdo se haga más intenso, por los momentos de amor y pasión que le entregaba en las noches. Pero después de pasar por riguroso luto, la maestra de cocina decide aceptar la propuesta de matrimonio de don Teodoro, el dueño de la farmacia.

Él es todo lo contrario al muerto. Desdeña la música popular, de la que era tan adicto el fallecido, y más bien toca el fagot en un grupo de música clásica, era apagado y sin imaginación a la hora de tener intimidad con su esposa. Doña Flor se aburre, extraña el sexo con el difunto. En esa vida monótona reaparece su esposo, como un pícaro fantasma desnudo que se mete a su cama cuando está con su nuevo marido.

Recuerdo que vi la película a inicios de los ochenta, en el mítico cine Mirones, porque en 1976, año en que se estrenó, la censura peruana la prohibió por considerarla ‘obscena’. Pero años después hasta la pasarían en TV en horario prime. Jorge Amado (Itabuna, Bahía 1912 - Salvador de Bahía 2001) no solo es uno de los íconos de la literatura latinoamericana, sino que gracias a él y a otros maestros anteriores al ‘Boom de la literatura latinoamericana de los años sesenta’, como Miguel Ángel Asturias, el peruano Ciro Alegría o el argentino Horacio Quiroga, se abonó el camino, los universos y hasta personajes para que los García Márquez, Vargas Llosa u Onetti construyan sus mundos alucinantes y a la vez tan latinoamericanos.

Esta novela es emblemática, donde con lenguaje apasionado y humorístico retrata lo folclórico y chistoso de la provincia; y muestra la otra cara de un escenario como el norte de Brasil, donde siempre hubo explotación, revuelta y denuncia. Nunca dejarán de existir desposeídos, criados, prostitutas y campesinos junto a coroneles y hacendados encopetados, pues siempre los poderosos podrán perder la razón por una bella y escultural mulata o ser ‘corneados’ por un criado.

Fluyen a borbotones en la obra el humor y la sensualidad del norte brasileño. Volver a leer ‘Doña Flor’ en medio de la fiesta futbolera resultó gratificante y divertido. Sobre todo el quinto capítulo, cuando el finadito regresa del mundo de los muertos para tentar a Flor y hacer de las suyas, allí donde, de vivo, pasaba las mejores horas de su vida: el casino. Porque ni de muerto pierde las mañas de hacer trampas. ¿Cederá doña Flor a la propuesta indecente de Vadinho? Y en medio de ese tormento de la casada está el escenario del norte brasileño, ardiente, con sus rituales del candomblé, la magia vudú y los dioses paganos como Exu, quien estaría protegiendo a ‘Vadinho’. ‘Doña Flor y sus dos maridos’, una novela para calentarse en estos tiempos de frío invierno. Apago el televisor.

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