Vista exterior del Estadio Nacional del 24 de julio de 2011. Ese día se realizó la ceremonia de su reinauguración luego de su remodelación. (Foto GEC Archivo)
Vista exterior del Estadio Nacional del 24 de julio de 2011. Ese día se realizó la ceremonia de su reinauguración luego de su remodelación. (Foto GEC Archivo)

Este Búho se emociona porque hoy el mítico Estadio Nacional, el coloso de José Díaz, cumple 70 años y el Instituto Peruano del Deporte ha preparado una jornada especial con homenajes a grandes cracks como Hugo Sotil, Percy Rojas, Héctor Chumpitaz, Roberto Chale, Ramón Mifflin, Juan Carlos Oblitas y Julio César Uribe. Después se jugará un partido de exhibición con Waldir Sáenz, Jorge Soto, Andrés Mendoza, Eusebio Acasuzo y Miguel Rebosio, entre otras figuras. Este columnista nunca olvidará la primera vez que ingresó al Nacional.

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Tendría cinco o seis años de edad y mi tío Enrique Marca, un universitario fanático crema, me llevó a un ‘triplete’ (tres partidos) que se programaba en ese entonces. Mis ojos de niño solo se habían acostumbrado a ver el fútbol en el blanco y negro del televisor. Por eso, después de subir las interminables escalinatas de la tribuna, llegamos a Oriente alta y pude ver por primera vez, extasiado, el maravilloso color del coliseo, el verde de su césped, las múltiples tonalidades de sus tribunas y los colores de las camisetas de los clubes.

La de la ‘U’, de Chumpitaz y Chale, no era blanca, como se veía en blanco y negro, sino cremita; la de Cristal, de Alberto Gallardo y Mifflin, no era negra, sino azul; y era alucinante ver, en octubre, las camisetas moradas con blanco del Alianza de Cubillas, Pitín Zegarra y Perico León. Todo cambiaría para mí el día que pisé sus tribunas, con sus famosos ‘combinados’ (frejoles, cau cau, seco y arroz blanco) que vendían en los desaparecidos restaurantes de Norte y Sur, los ‘panchos de hot dog de Ballesteros’ en Oriente y Occidente. Ir a José Díaz era el premio mayor.

Pero ese escenario multicolor se había teñido de negro color muerte un 24 de mayo de 1964, cuando las selecciones preolímpicas de Perú y Argentina se jugaban su pase a las Olimpiadas de Tokio y el árbitro uruguayo Ángel Pazos anuló un gol legítimo de Víctor ‘Kilo’ Lobatón. De pronto, un tipo de mal vivir, borracho, Víctor Vásquez, el ‘Negro Bomba’, se trepó la alambrada y se metió corriendo hasta el medio de la cancha con el objetivo de agredir al réferi.

La Policía logró derribarlo a palazos y le soltaron a los perros. Un público indignado también intentó ingresar a la cancha, pero el jefe de la Policía ordenó lanzar gases lacrimógenos a las tribunas. Los espectadores trataron de huir despavoridos a las salidas, pero todas las puertas estaban cerradas, por lo que decenas murieron aplastados y asfixiados. El saldo final fue de 328 fallecidos, la mayor tragedia en un campo de fútbol de todos los tiempos.

Pero nuestro amado estadio cerró sus heridas en jornadas memorables de fútbol con nuestra selección. En 1969 cuando derrotamos 1 a 0 a la Argentina con golazo de Perico León y luego fuimos al Mundial de México. Su pista atlética vio a grandes deportistas, como los ‘canguros’ hermanos Abugattás, los velocistas Fernando Acevedo, Alfredo Deza, Carmela Bolívar y Edith Noeding.

En 1977, este cronista vio con sus ojos, en Norte, cómo Perú eliminaba a Chile del Mundial de Argentina y también estuve en la tribuna cuando empatamos 0 a 0 con Uruguay y clasificamos al Mundial de España 1982, y no olvidaré el llanto del capitán Héctor Chumpitaz esa tarde de su despedida. En 1985 me emocioné con la selección de Chale cuando venció 1 a 0 a la Argentina de Maradona con golazo de Oblitas. En 1988 recibió colmado a las voleibolistas subcampeonas olímpicas de Seúl. Y fui testigo de la clasificación al Mundial de Rusia 2018, después de 36 años, cuando vencimos a Nueva Zelanda. Sus estructuras han resistido terremotos sísmicos, futbolísticos y también musicales.

Desde 1980, cuando el gran Julio Iglesias dio un concierto por el aniversario de América TV. Le siguió en 1981 el multitudinario show de los Menudo, donde cerca de 50 mil adolescentes lo tomaron por asalto. Esa década la cerrarían los espectáculos de Hombres G y Charly García. Mientras se acumulaban fracasos futbolísticos, dos grandes de la música abarrotaron el Nacional en 1995: Phil Collins y Carlos Santana.

En este siglo el coloso se volvió rockero y 120 mil personas llegaron en dos fechas para ver el reencuentro de Soda Stereo (2007). Soportó la alucinante pirotecnia de Kiss (2009), la locura de B-52′s (2009), la generosa actuación de The Cure (2013), la brillantez de Paul McCartney (2014), Depeche Mode (2018), entre otras decenas de bandas y solistas que han pisado su suelo, hasta el 2022 con Coldplay o Daddy Yankee. El Estadio Nacional es mucho más que un simple estadio de fútbol. Es un viejo al que le hicieron una gran cirugía arquitectónica sin que perdiera ni un ápice de su espíritu, su historia y gloria. ¡Felices 70 años, coloso de José Díaz! Apago el televisor.

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