El 25 de setiembre de 1992 Abimael Guzmán es presentado ante la prensa nacional e internacional. (Foto GEC Archivo Histórico)
El 25 de setiembre de 1992 Abimael Guzmán es presentado ante la prensa nacional e internacional. (Foto GEC Archivo Histórico)

Este Búho está convencido de que Abimael Guzmán no murió derrotado, pues Sendero Luminoso está más vivo que nunca, ya no poniendo coches bomba o asesinando a traición a policías y militares, sino integrándose a las altas esferas de la política con sus organismos de fachada.

Resulta sintomático que el presidente Pedro Castillo, en lugar de dar un mensaje a la población por el deceso del mayor asesino terrorista de la historia del Perú, se haya ido de paseo a su tierra. Me parece una total falta de respeto a los familiares de las víctimas del terrorismo, de las Fuerzas Armadas y policiales que combatieron a esta banda criminal.

Sería importante que los canales de televisión vuelvan a emitir en horario especial el reportaje ‘La captura del siglo’ o la miniserie del mismo nombre para conocer la verdad de los hechos. En la serie de TV sí se aprecia cómo cae Abimael Guzmán en una casa de Surquillo. Un notable Gustavo Bueno encarna al sagaz ‘Comandante Bonilla’, jefe de la división, quien en la vida real sería Benedicto Jiménez o Marco Miyashiro, a quienes les debemos la captura del genocida.

Según la historia, los policías estaban frustrados. Los senderistas mataban agentes a diario a traición, con disparos en la cabeza, en los mercados y en las puertas de locales públicos. En la miniserie se ve cómo renegaban en los velorios. Había algunos que, en voz baja, hablaban de formar escuadrones para matar senderistas, pero Bueno tiene otra visión.

“De nada vale responder sangre con sangre. Debemos capturar a la cabeza de la organización. Al llamado ‘Camarada Gonzalo’ y la cúpula dirigencial”, afirma. Cuando le dan el visto bueno, le asignan una pequeña oficinita y comienza a recolectar policías idóneos para hacer un trabajo de investigación, cuyo final tendría que ser la captura de Abimael, a quien le comenzarían a llamar ‘Cachetón’. Los investigadores del GEIN le echaron el ojo al director de la academia César Vallejo, que era un centro de captación de ‘cuadros’ senderistas.

El director había purgado cárcel por terrorismo, pero sospechaban que sus vínculos con la cúpula senderista seguían intactos. Fue justamente fruto de estos seguimientos que pudieron llegar a personajes que, sin tener antecedentes, servían al Comité Central. Una de ellas fue una mujer que había sido monja. Los llevó al allanamiento de la residencia de Monterrico. Una lujosa casa que sirvió de cuartel general de la cúpula, donde vivió Abimael Guzmán. Allí se filmó el famoso video del genocida bailando ebrio ‘Zorba, el griego’ con toda la cúpula del Comité Central. Por fin se podía ver al verdadero Abimael, barbón, con anteojos, muy distinto al de la fotografía del afiche policial de 1977. En la clandestinidad su precario estado de salud le requería muchos medicamentos, que fueron hallados en la casa de Monterrico. Un dirigente senderista arrepentido suministró valiosa información que llevó a seguirle los pasos a una pareja joven, ella muy bella, la bailarina Maritza Garrido Lecca.

Y él, un arquitecto de la Ricardo Palma, Carlos Incháustegui. Vivían en un chalé en Surquillo. Era sospechoso, porque él no trabajaba. Les hicieron un seguimiento minucioso. Toda la basura de la casa era revisada. Se consumía mucho vino y whisky, cajetillas de cigarros Winston, muchas medicinas. ¿Para quién era toda esa farmacia? Resultaba sospechoso, pues el inmueble funcionaba como una academia de baile y era habitado por dos jóvenes que rebosaban de buena salud.

Además, compraban demasiada comida, quince panes en el desayuno. Fue un gran trabajo de inteligencia. Los policías que capturaron al ‘Cachetón’ merecen el reconocimiento de todo el Perú. Es más, el presidente Castillo debería rendirles homenaje en Palacio de Gobierno. Pero increíblemente son algunos miembros del Movadef los que se pasean por la sede del Consejo de Ministros. Indignante.

Apago el televisor.

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