Las elecciones para reemplazar al gobierno de Francisco Sagasti en Perú están convocadas para el 11 de abril. (Foto: Getty Images)
Las elecciones para reemplazar al gobierno de Francisco Sagasti en Perú están convocadas para el 11 de abril. (Foto: Getty Images)

Este Búho, en el primer día útil del año, se ve en la obligación de mirar lo que sucede en el país y veo que hay una gran incertidumbre por lo que vaya a pasar con el gobierno del presidente Francisco Sagasti hasta las elecciones de abril. Es más, me permito especular un escenario peligroso si se produce el temido ‘rebrote’ o ‘segunda ola’. En esas circunstancias, sin vacuna a la vista, con la mayoría de hospitales colapsados, sin salas de cuidados intensivos, será muy difícil llevar ese proceso electoral con normalidad. ¿Por qué llegamos a esa situación?

En primer lugar, creo que el gobierno dilapidó la gran aprobación que le dio la calle al inicio de su mandato. El principal error de Sagasti fue que generó expectativas cuando anunció un gabinete por la ‘unidad del país’, plural y de ‘ancha base’, por lo mismo que era de transición, de emergencia. ¿Pero qué hizo el nuevo presidente? Convocó a un grupo de izquierdistas que ya habían tenido un paso gris por algunos gobiernos, incluso la premier también había ejercido un viceministerio. ¿Resultaba razonable que se nombre a una profesional destacada, pero sin calle política, que tenía que hilar fino ante una oposición voraz y con la sangre en el ojo por la renuncia de Merino? Se dice que se le sugirió, por la crítica situación, a Allan Wagner, antiguo premier con manejo político, para aprovechar sus contactos diplomáticos y conseguir la vacuna. Sagasti prefirió llenar el gabinete de sus antiguos amigos de siempre. Pero lo urgente era enfrentar los tres retos que la ciudadanía le reclamaba:

  1. Enfrentar con decisión la pandemia y traer la vacuna lo más pronto posible.
  2. Potenciar la reactivación económica sin poner en riesgo de nuevos contagios a la población.
  3. Garantizar un proceso electoral impecable y transparente.

Sin embargo, desde el inicio se abrió un frente innecesario y riesgoso con los generales de la Policía Nacional. Y mandó a la baja ¡a 18 generales! para colocar a su favorito. ¿Qué pensaba el presidente? ¿Que 18 generales iban a aceptar el retiro solo porque un nuevo gobierno lo decidía? La crisis demostró lo endeble de los ‘morados’, al punto de que sacó a dos ministros del Interior en menos de quince días. Y para colmo, la premier se reúne una hora con un general y lo nombra ministro, y este causa una crisis al defender públicamente a sus colegas dados de baja y la jefa del gabinete se excusó diciendo que ‘le mintió’. Esas son las consecuencias que estamos pagando ahora. Asimismo, las exigencias justas de mejoras en los jornales de los trabajadores de la agroindustria han generado una escalada de violencia indiscriminada. Desde el Congreso, políticos del Frente Amplio, desesperados porque su líder no aparece ni en el pelotón de los ‘pitufos’ en las preferencias electorales, azuzan en vez de buscar diálogo, ni qué decir de los infiltrados, esos que buscan quemar ambulancias, destruir buses, saquear camiones. O sea, incendiar la pradera.

El presidente está en modo ‘piloto automático’ y no reacciona. No se ve autoridad, ni liderazgo. El ministro del Interior, José Elice, será un buen profesional en su ramo, pero no da la talla para supervisar operaciones, no solo disuasivas sino de inteligencia policial, como lo hacía el general Carlos Morán. Esa es la labor del ministro y no lavarse las manos.

Por otro lado, la Policía, desde los altos mandos hasta los subalternos, está desmoralizada. Y para colmo, nuevamente el coronavirus parece ensañarse con el país, que tuvo el peor manejo de la enfermedad en la era Vizcarra. Se vuelven a acabar las camas UCI. La premier justifica y sostiene: ‘La ciudadanía está bajando la guardia’. Pilar Mazzetti, otrora líder del comando contra la pandemia, da la impresión de calentar el asiento en el gabinete, donde todos parecen seguir agarrando de ‘piñata’ a la Policía, mientras las muertes aumentan y no hay visos de que llegará pronto el antídoto. Mientras tanto, los candidatos están por la ‘sombrita’. Solo esperando abril para acordarse de los ciudadanos y pedirles su voto.

Apago el televisor.

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