No dejes de leer a nuestro columnista El Búho.
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Este Búho no puede dejar de hacer un sentido y merecido homenaje a un demócrata,Qué triste que en el epílogo de la vida del líder y fundador histórico del Partido Popular Cristiano, estuviera rodeado de la penosa pandemia y de las vergonzantes imágenes de los últimos presidentes, todos investigados, encarcelados o suicidados y envueltos en la corrupción de Odebrecht. ¡Qué distintos a un político del fuste y la honradez del chalaco!

En su partido también hubo ‘manzanas podridas’, que hoy están presos por recibir coimas de los brasileños o por los peajes del Callao, pero el líder pepecista supo apartarlos con mano firme. Por eso Bedoya se merece todos los homenajes y la reverencia de los políticos de las distintas tiendas, porque es un ejemplo de trayectoria limpia.

Con un político como el ‘Tucán’-así lo bautizó el humorista ‘Sofocleto’ por su perfil aguileño- se podía discrepar en cuanto a sus ideas políticas, incluso combatirlas, como hicieron los apristas e izquierdistas, pero siempre se respetó su línea de conducta.

El chalaco fue alcalde de Lima entre 1964 y 69 y realizó una obra monumental por la que será eternamente recordado: la Vía Expresa, a la que sus obtusos enemigos, sin ‘visión urbanística de futuro’, calificaron despectivamente como ‘zanjón’. Hoy no solo es una autopista que unió Lima con La Victoria, Lince, Santa Beatriz, San Isidro, Surquillo, Miraflores y Barranco, sino que también lo hará con Surco, San Juan de Miraflores y Villa El Salvador.

En cambio, ¿quién se acordará, por ejemplo, del ‘Cholo’ Toledo y su Interoceánica fantasma? Solo se recordarán los millones de ‘cutra’ que pagaron los brasileños a él y otros ladrones con banda y fajín.

Al homenajear a Luis Bedoya también debemos recordar a políticos que ya no están entre nosotros: Víctor Raúl Haya de la Torre, fundador del Apra, brillante intelectual y orador que murió sin tener ni una casa propia, porque la de Villa Mercedes, en Vitarte, era prestadita; Fernando Belaunde, dos veces presidente, un estadista y constructor que si hubiese sido un Toledo, aceitado por las constructoras, habría terminado multimillonario.

El arquitecto fue constructor de notables complejos de vivienda, como las unidades vecinales Residencial San Felipe y Torres de San Borja, y murió en su departamento de Camino Real. Y cómo olvidar al que fuera alcalde de Lima, Alfonso Barrantes Lingán, el tío ‘Frejolito’, quien falleció en su vieja casa de La Capullana con su Volkswagen abolladito y viejito en la puerta de su vivienda.

El pepecista, en sus tiempos mozos, era un excelente orador. Muchos políticos antiguos recuerdan ese extraordinario debate en ‘Pulso’, en 1979, donde se enfrentó a otro político de polendas y su mentor, Hector Cornejo Chávez, fundador de la Democracia Cristiana.

Fue un brillante polemista y un estudioso del Derecho, no como otros políticos que ni siquiera saben hablar y cuando abren la boca es para hacer reír porque dicen ‘cantinfladas’, como César Acuña, quien expresa: ‘Una persona es feliz cuando logra su felicidad’.

Los políticos de antes eran cultos. Releo ese excelente e imprescindible libro titulado ‘Historia de la corrupción en el Perú’, del lamentablemente desaparecido Alfonso Quiroz. Tiene mucha razón el libro, donde nos muestra que en épocas de mayor corrupción un grupo de políticos toma el Estado como un botín. No hay fronteras entre el espacio público y el privado. Estos políticos llegan al poder y capturan el Estado como si fuera su propiedad. No fue el caso de Bedoya.

Mario Vargas Llosa, en su libro ‘El pez en el agua’ relata las dramáticas reuniones para poder lograr la unidad del Movimiento Libertad, Acción Popular y el PPC e inscribir al ‘Fredemo’ en las elecciones presidenciales de 1990.

Según el novelista, solo se pudo llegar a inscribir la lista ‘gracias al desprendimiento del doctor Bedoya, mientras que el arquitecto Belaunde, por el hecho de haber sido dos veces presidente, exigía candidaturas en todas las provincias. Gracias a don Lucho, quien cedía curules allí donde su partido merecía tenerlas, se logró cuajar la alianza electoral del ‘Fredemo’.

Pese a que toda su vida se le vio como un político ‘pituco’ o ‘millonario’, lo cierto es que nació en un barrio del Callao de clase media baja y sus padres no lo pudieron inscribir en un colegio privado y lo matricularon en el Nuestra Señora de Guadalupe en el centro de Lima. Estudió letras en San Marcos y luego se recibió de abogado. La democracia peruana está de luto: Luis Bedoya Reyes, el ‘Tucán’, ha muerto. Descanse en paz.

Apago el televisor.