Rubén Blades y Gabriel García Márquez.
Rubén Blades y Gabriel García Márquez.

Este Búho asistió a los homenajes virtuales que recibió el último jueves el salsero por sus 72 años. Con ese ritmo latino que invita al ron y al baile, el panameño ha inmortalizado temas con verdaderos contenidos sociales que hoy son fotografías de las épocas más duras y difíciles de nuestra Latinoamérica.

Por eso él mismo se califica como un ‘periodista de la música’, pues en sus extensas canciones narra –con el talento de un experimentado cronista- escenas de la vida cotidiana en tiempos de violencia y terror: ‘Pedro Navaja’, ‘Sicarios’, ‘Desapariciones’, ‘GDBD’, ‘El padre Antonio y su monaguillo Andrés’ son apenas algunas muestras del rosario de composiciones que creó durante su extensa trayectoria musical.

Pero no puedo evitar recordar esa entrañable amistad que el cantautor tejió con el escritor . Una amistad cimentada en la fascinación que Gabo tenía por la música de Rubén y la devoción de Rubén por la literatura de Gabo.

Durante un conversatorio en 2015 en Medellín, en el marco del Festival Gabriel García Márquez, y al que este columnista tuvo la suerte de asistir como simple curioso, el músico recordó su primer encuentro con el colombiano. Un encuentro marcado por la parquedad y sobriedad.

Había una persona que me decía que era muy amigo de Gabo. Esto sucedió antes del premio (Nobel). Este señor, que quería congraciarse conmigo, me decía: ‘Yo conozco a Gabriel García Márquez’. Yo sabía quién era porque había leído sus cosas, ‘La hojarasca’, ‘La mala hora’. Un día llegué al estudio y el tipo estaba allí.

Me dijo: ‘Mira, aquí te tengo a Gabriel. Lo vamos a llamar a tal hora. Él está en París’. Pensaba que, como dicen los colombianos, ‘me estaba mamando gallo’ (tomando el pelo). Me trajo el teléfono y dijo: ‘Gabriel está del otro lado’”.

Entonces el panameño rememoró una primera conversación parca, distante, fría: ”-¿Aló?-¿Aló?-Este es Rubén.-Este es Gabo.-Qué bien.-Igual.-¿Y cómo está?-Bastante bien. ¿Cómo estás tú?-Bueno, aquí… bastante bien.Y en esa vaina nos quedamos. Fue la conversación más monosilábica y más corta del mundo”, recordó el cantante, sin sospechar nunca que ese pequeño intercambio de palabras se convertiría en la mecha de una amistad que duró décadas y solo se quebró con la muerte del autor de ‘Cien años de soledad’.

Los elogios de García Márquez hacia Blades nunca fueron mezquinos. Durante una entrevista en 1982 declaró de manera tajante: “Nada me hubiera gustado en este mundo como haber podido escribir la historia hermosa y terrible de Pedro Navaja”.

Y esa canción es, quién podría dudarlo, el tema más popular de Rubén Blades. El que lo lanzó al estrellato e hizo conocido a nivel mundial. La historia de los últimos minutos de vida de un faite y una prostituta se convirtió en un himno de la salsa que los bravos de las esquinas gozan hasta las lágrimas.

Esta canción, de ¡¡7:25 minutos!!, fue incluso llevada a la pantalla grande y protagonizada por el galán de ese momento: Andrés García.

Esa misma tarde, el cantante narró la vez que ‘retó’ al novelista a escribir un cuento y cantarlo. Sorprendido, Gabo le dijo que eso era imposible, que no se podía hacer un arreglo musical a tan descabellada propuesta. Así nació el tema ‘GDBD’ (Gente despertando bajo dictaduras), la historia de un policía que se alista para salir al trabajo.

O aquella vez que en su sala el panameño hizo escuchar uno de sus temas al Nobel. “La canción se llamaba ‘Tú te lo pipí’ y Gabo rió hasta desaparecer los cachetes”, contó Blades. Finalmente, el escritor sugirió cambiarle el nombre y ponerle ‘El tartamudo’, como se le conoce hasta ahora.

Los homenajes de Blades a García Márquez tampoco han sido escasos. En 1987 concretó un proyecto que lo ilusionaba, la producción del disco ‘Agua de luna’, en el que en clave de salsa hace interpretaciones de los primeros cuentos de Gabo. Aunque la crítica ‘especializada’ dio con palo al panameño, este recibió el implacable respaldo del escritor.

Recuerdo aquel concierto en 2015 en la renovada “Feria del Hogar’ (Chorrillos). El Gran Estelar estuvo a cargo de Rubén Blades y a mitad de su recital se detuvo para homenajear a su amigo, que había muerto pocos meses antes.

Entonó esa hermosa canción ‘Ojos de perro azul’ entre lágrimas, con la voz resquebrajada. Hay una anécdota que cuenta que una vez Gabo observó a un amigo suyo con un libro de periodismo entre sus manos y le dijo: “Bota eso, si quieres aprender periodismo mejor escucha las canciones de Rubén Blades”. Apago el televisor.