Pico Tv por El búho
Pico Tv por El búho

Este Búho se entristeció por el fallecimiento de Justo Espinoza Pelayo, un nombre que para la mayoría puede parecer el de un desconocido, pero si les digo que se trataba del diminuto gran ‘Petipán’, uno de los emblemáticos actores cómicos de los legendarios programas de la televisión como ‘El Tornillo’ y ‘Risas y salsa’, la cosa cambia.

Y más aún si recalco que encarnó, en un célebre sketch, a un personaje inolvidable en el imaginario popular: ‘Choclito’, el jefe de una banda de inútiles delincuentes: ‘Guayabera sucia’(Álvaro Gonzales), ‘Ojos lindos’ (el ‘Chino’ Yufra) y ‘Mapache’ (José Centurión) con la voz del cachaciento narrador (Guillermo Rossini), quien vacilaba a los facinerosos: ‘Guayabera es tan, pero tan cochino, que no se bañaba en la ducha, sino en el relleno sanitario’. ‘La banda del Choclito’ le dio popularidad, pero Justo Espinoza estaba orgulloso por su trabajo en un filme increíble: la primera versión de ‘Pantaleón y las visitadoras’ (1975), filmada en República Dominicana, que tuvo como guionista y asesor de dirección al mismísimo Mario Vargas Llosa y contó con el primer actor español José Sacristán como ‘Pantaleón Pantoja’. ‘Petipán’ me confesó una vez: “Mi mayor orgullo fue integrar el grupo de actores peruanos que trabajamos con renombrados actores de España y México para la película ‘Pantaleón y las visitadoras’. Viajamos con Camucha Negrete, que hacía de la ‘Brasileña’, Martha Figueroa, la ‘China’ Gálvez (como ‘Pechuga’) y este servidor que interpretó a ‘Chupito’”.

El actor falleció víctima del coronavirus, informó una sobrina, porque nunca se casó ni tuvo hijos, pese a que era ‘un picaflor’, no solo con sus compañeras actrices, sino también con sus condiscípulas en los claustros de la Universidad de San Marcos, donde cursó estudios de Economía y luego Derecho. Y esto no me lo contaron, sino que lo vi con estos ojazos de Búho. Ingreso al ‘tunel del tiempo’, 1979.

Este columnista era un inquieto ‘cachimbo’ sanmarquino de dieciséis años, que paraba para arriba y abajo con dos guapísimas estudiantes de un año superior. La hoy contadora ‘Conchito’ y Martita, voleibolista de la selección sanmarquina. No habían clases por la huelga, pero todos los fines de semana habían ‘tonos con luces’, con música ‘disco’ y ‘salsa’. Con mis amigas no nos perdíamos ninguna. Con la justas teníamos para la entrada, pero nos salvó un personaje que miraba con ojos hipnóticos a mis amigas. !Era ‘Petipán’! con su clásico ternito azul y sus noventa centímetros de ansiedad. ‘Hola, Petipán’, lo saludé con confianza. Ni bien me escuchó, corrió al bar y trajo chelas y se unió al grupo invitando chelitas. Mis amigas estaban azoradas, porque eran sanas y no ‘sangronas’, pero yo metía cizaña: ‘Peti, con confianza, sácalas a bailar’. El actor esperó el tema lento ‘Please don’t go’ de KC and The Sunshine Band para sacar a Martha que medía 1.75 metros de voleibolista. Ella me quería matar con los ojos, pero era de Jesús María, tenía barrio y salió al ruedo. El diminuto bailarín no abrazaba la cintura de mi amiga, sino la pierna, a la altura de la rodilla de mi amiga y ella se sostenía de la cabeza del artista. Era una escena digna de un filme del maestro David Lynch. Terminada la pieza, él pidió platos de arroz con pollo y más chelas. Cuando se quiso ‘ir de avance’ con Martita, esperamos que se fuera al baño y desaparecimos. Después de esa noche, llegábamos a los tonos y a la media hora se aparecía, de casualidad, ‘Petipán’ y se acolleraba en nuestro grupo y repetía el ritual.

Años después, como periodista, cada vez que me lo encontraba en los sets de grabación de ‘Risas y salsa’ en la avenida Arequipa, él me paraba y me preguntaba: ‘Flaco, ¿que fue de tus amigas Conchito y Martha?, bonitas, ¿no? Salúdalas de mi parte’.

La muerte del recordado actor cómico me hace reflexionar sobre las amenazas de algunas voces amargadas que pretenden dirigir lo que debe o no ver el pueblo, y advierten que si llegan pueden censurar programas cómicos o de entretenimiento. Eso sería un atentado contra la libertad de la gente a escoger lo que quiera ver y desnudan no solo amargura y falta de sentido del humor, sino una faz autoritaria.

Apago el televisor.