El presidente Martín Vizcarra resaltó el trabajo que realiza su gestión en el marco del coronavirus. (Foto: Presidencia)
El presidente Martín Vizcarra resaltó el trabajo que realiza su gestión en el marco del coronavirus. (Foto: Presidencia)

Este Búho recuerda cuando terminó el año 2019 y los peruanos recibíamos al 2020 con mucha expectativa. El fiscal José Domingo Pérez era escogido el ‘hombre del año’ en el país y abrigábamos esperanzas de que por fin los equipos anticorrupción culminen su tarea en Curitiba y los servidores encriptados de Odebrecht descubrieran a las ‘ratas’ de cuello y corbata sobornadas por la corruptora brasileña que estaban ‘pasando piola’. Y de paso, exigir a la justicia norteamericana que entregue al ‘Cholo’ Alejandro Toledo. Pero llegó el maldito coronavirus y arrasó con todo. Dejó destrozada nuestra economía para este año. Ha dejado sin trabajo a miles, paralizó empresas, negocios y hasta a los informales, desde los que ofrecen desayunos en carretilla hasta los que suben a vender caramelos en los micros. En este diluvio nos mojamos todos. Vivimos una hecatombe.

SUFRE PERUANO, SUFRE: Nunca imaginé que esa canción de ‘Tongo’ podría definir cabalmente la situación actual. Pero por estas tierras ya hemos pasado terribles calamidades y las hemos resistido y sobrevivido a todas. ¿Acaso no sufrimos también grandes plagas llegadas de Europa, como el sarampión o la viruela que diezmaron a la población indígena por decenas de miles? Pero el quechua y la cultura andina resistieron. La República solo trajo dictaduras militares corruptas, como la del ‘ochenio’ de Odría, pero el pueblo democrático impuso a un reformista como Fernando Belaunde.

TOQUES, LOS DE ANTES: Los que pasan la ‘base cinco’ recuerdan, y bien, los ‘toques de queda’ de los gobiernos militares de Juan Velasco y Morales Bermúdez. Disparaban y después preguntaban. Los peruanos sufríamos escasez de carne, habían las famosas ‘vedas’ y, cuando no había ‘veda’, se hacían larguísimas colas en la madrugada para comprar un kilo por persona y ‘salía con hueso’. Igual en los ‘Superepsa’, supermercados estatales que expendían arroz, azúcar y leche. Tampoco había gasolina y se impuso el primer ‘pico y placa’. Pobres los que tenían cocina a kerosene. ¡¡Pero sobrevivimos a esa nefasta época militar!!

¡LOS OCHENTA NO NOS MATARON! Éramos jovencitos idealistas cuando en 1980 volvió la democracia, pero llegó Sendero Luminoso, tres veces peor que un Covid-19, culpable de iniciar una guerra contra el gobierno democrático que dejó un saldo de 70 mil muertos. También estaba el MRTA, igual de sanguinario, que hacía ‘caja chica’ secuestrando y matando empresarios. Este aislamiento social obligatorio no es nada comparado con los ‘apagones’ y ‘coches bomba’ que mataban a inocentes. Y para colmo de males, llegó el primer gobierno de García. Alan batió el récord mundial de hiperinflación y los escándalos de corrupción fueron la característica de su régimen. Con el aprista volvieron las colas. La leche evaporada desapareció y kilométricas filas se hacían para comprar unas bolsitas de leche en polvo sin sabor, la tristemente célebre ‘Enci’. Pero si no había leche, tampoco había pan. El pan francés desapareció de las mesas populares para dar paso a un indescriptible y raquítico ‘pan popular’, que salía solo a las seis de la mañana. A un ‘drogo pastelero’ de mi barrio le decían ‘Pan popular’: Porque al igual que dicho producto, salía las seis y a las siete ya estaba duro.

¡¡EL VIRUS DE LA CORRUPCIÓN!! Cuando pensamos que ya habíamos sobrevivido a todas las hecatombes, llegó Alberto Fujimori y quiso arreglar el zafarrancho de García aplicando un sanguinario ‘fujishock’ sin ningún tipo de ayuda social. Del saque, de un día para el otro, la gasolina subió 300%, igual que los pasajes y con ellos todos los precios se triplicaron. Fue tan brutal que el ministro de Economía que dio el ‘paquetazo’, Juan Carlos Hurtado Miller, terminó su anuncio con un ‘¡Que Dios nos ayude!’. Pero lo peor fue que se destapó una putrefacta red de corrupción que se inició con el ‘Chino’ y Montesinos, pero se arrastró por gobiernos que se proclamaban ‘pilares de la lucha contra los corruptos’ y resultaron los peores. Ahora escucho a mi hija, una conspicua ‘milennial’ de secundaria, que se queja en plena cuarentena y se trauma ‘porque se cae la red y no puede ver Netflix’. Yo solo sonrío. Y se me ocurrió escribir todo esto para que sepa ‘los años que vivimos en peligro’ su padre y los peruanos sobrevivientes.

Apago el televisor.


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