Gabriel García Márquez, ‘Crónica de una muerte anunciada’ y el ‘Monstruo de la bicicleta’

El Búho escribe sobre las amenazas que recibe el ‘Monstruo de la bicicleta’ por parte de los reclusos de Lurigancho y Castro Castro.

Gabriel García Márquez

El Búho releyó 'Crónica de una muerte anunciada'.

El Búho releyó 'Crónica de una muerte anunciada'.

Redacción Trome
11/02/2018 - 07:27h

A este Búho, durante toda la semana, le estuvieron rondando por la cabeza las amenazas de los reclusos de Lurigancho y Castro Castro al ‘Monstruo de la bicicleta’. Estas terribles circunstancias me llevaron a releer un libro alucinante y emblemático para la generación de jóvenes estudiantes que ingresaron en 1980 a la universidad: ‘Crónica de una muerte anunciada’, del premio Nobel colombiano Gabriel García Márquez. ‘Gabo’ publicó este libro en el año 1981. Recuerdo que estaba en San Marcos y la editorial lanzaba spots publicitarios de la flamante novela. Era como si estuvieran anunciando una serie de TV de Netflix por todo lo alto. En ese contexto, el libro se convirtió en un boom de ventas. El argumento sacó del cuadro a todo el mundo. Santiago Nasar es el guapo y codiciado heredero de la más acomodada familia del pueblo. Todas las chicas han caído en la cama de este galán buenmozo y con billete. Se supone que una de ellas fue Angela Vicario, de familia pobre y cuyos hermanos se desempeñaban como matarifes de camal. La novela, que se promocionó como si fuera un filme de Spielberg o James Cameron, tuvo una primera edición de ¡un millón de ejemplares! distribuidos por España e Hispanoamérica. Era una especie de novela policiaca, pero a diferencia de la novela negra, donde nadie sabe quién va a morir, ‘Gabo’ empieza el libro con esta alucinante frase: ‘El día que lo iban a matar, Santiago Nasar...’. O sea, los lectores ya sabíamos que el pobre iba a morir asesinado. El colombiano estaba comenzando por el final, pero era todo un artificio. A partir de ahí, con una maestría que, según críticos, nunca volvería a tener, diseccionó las horas desesperadas no tanto del infausto protagonista, sino de sus verdugos. Sobre ese detalle recaía la magistral trama del colombiano, que dejó lelos a las grandes plumas anglosajonas de la novela policial. ¡Gabo fabricó una historia policial donde no aparece ningún policía! En ese recóndito pueblo ribereño, donde se confabulan una serie de circunstancias a favor o en contra de Santiago Nasar, que terminan en su terrible muerte, todos sabían que los hermanos Vicario lo iban a matar, y todo porque después del matrimonio entre Angela Vicario y el comerciante itinerante Bayardo San Román, llegó el acabose.
Ya en la alcoba nupcial, Bayardo se dio cuenta de que Angela no era virgen. Bajó a la casa y la tiró como si fuera un perro, gritó ‘¡el matrimonio es nulo!’ y se fue. Los hermanos exigieron que Angela revele el nombre del culpable. Según la novela, la chica pudo decir el nombre de Santiago Nasar porque era el millonario del pueblo, hijo de la poderosa colonia árabe, y sus hermanos no iban a tocarlo. García Márquez se pone en el pellejo de los hermanos, ebrios de tanto beber aguardiente en la boda. Los Vicario ‘bocinaban’ que iban a matar a Santiago, con la esperanza de que la policía o algunos familiares de este los detengan. Pero nada. Al final, Nasar fue asesinado con cuchillos de matar cerdos por los vengativos hermanos. Se cumplió la muerte anunciada. Pero la noticia, después de publicada esta pequeña obra maestra, es que ¡toda la historia fue cierta! O sea que no surgió de la extraordinaria ficción de Gabriel, sino que fue un hecho exactamente real, lo cual no lo desmerece en absoluto, pues los hechos los descubrieron periodistas colombianos ni bien salió la novela. Los reporteros viajaron al pueblo ribereño de Sucre, donde vivía la familia de García Márquez. Allí descubrieron que ‘Gabo’ no fue testigo del asesinato, sino sus hermanos. Santiago Nasar era en realidad Cayetano Gentile, de veintitrés años, estudiante de Medicina en Bogotá. Y fue vilmente ultimado por dos matarifes. Gentile era íntimo amigo de los hermanos de ‘Gabo’ y su mamá le hizo prometer que mientras ella estuviera viva, nunca se iba a atrever publicar la historia. Como en una de sus clásicas frases del novelista, le advirtió: ‘Mijo, usted no me habla de la rechazada, porque su madre es mi amiga, y yo no lo consideraré mi hijo si la hiere’. ‘Gabo’, como todo sudamericano, respeta hasta la locura a su viejita y no la publicó hasta que ella murió. Sin embargo, durante toda la década de los setenta aseguraba que ‘esta era la historia que siempre quise contar, porque fui testigo’, pero se tuvo que cortar las manos. Solo cuando su mamita falleció, lanzó por todo lo alto la novela. Era la obra más moderna. Un policial en la ‘jungle’, con mucha sangre y en medio de la selva del Caribe. Una novela negra diferente a Dashiell Hammett o Raymond Chandler, sin edificios, secretarias pulposas, esposas bellas e infieles, sino más bien con bosque, jóvenes salvajes, irracionalidad, deseo carnal y locura. Eso fue ‘Crónica de una muerte anunciada’, la última gran creación de Gabriel García Márquez. Apago el televisor.