Littman Gallo 'Gallito'

El Búho escribe sobre el libro ‘Abriendo juego’ dedicado al periodista deportivo Littman Gallo 'Gallito'. 

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Este Búho tiene en sus manos el libro titulado ‘Abriendo juego’, sobre Littman Gallo ‘Gallito’. La mayoría de mis jóvenes lectores, tal vez, no saben quién fue ‘Gallito’, un periodista deportivo polémico e incluso controvertido en sus últimos años de ejercicio profesional en la radio y la televisión, hasta finales de los años noventa, pero que en su juventud y madurez fue un grande.

Era uno de los puntales del extraordinario grupo de hombres de prensa que capitaneó el mítico ‘Pocho’ Rospigliosi en el diario La Crónica, Radio Ovación y en la televisión, como el recordado programa ómnibus ‘Gigante deportivo’ de Panamericana, donde ‘Pocho’ inmortalizara la frase: ‘¡Ya vienen los goles de Cubillas!’.

Littman Gallo murió en 2004. Tuvo cuatro hijos, uno de ellos ‘Pipo’ Gallo, que fue de los primeros Pataclaun. Su otro hijo varón, Polo, ante el inminente deceso de su padre, producto de un cáncer irreversible, se convenció de que su viejo fue un testigo viviente de la mejor época del periodismo deportivo en el país. ‘Pipo’ y Polo decidieron no solo darle un homenaje a su viejo, a su trayectoria, sino a toda una época de innovación y audacia periodística en la prensa escrita y la radio creada por el inmenso ‘Pocho’. Recuerden que ‘Gallito’ fue el pionero en hacer la ahora común ‘planta baja’ allá por los años cincuenta, que era todo un avance, pues en esos tiempos no había televisión ni conferencias de prensa como ahora.

El hombre de ‘planta baja’ era la estrella, ya que era el único que estaba en contacto directo con el jugador. Grababa y corría a la cabina para que ‘Pocho’ y los comentaristas pasaran las declaraciones y las discutieran. Pero volvamos al libro: en ese 2004 grabaron horas de conversación con el convaleciente Littman, frente al mar de su San Bartolo querido.

Allí Gallo les narró a sus hijos la historia de su vida, sus triunfos y fracasos. La etapa de oro con ‘Pocho’ Rospigliosi, que coincidía con momentos importantes del deporte peruano, entre 1955 y 1982. Pero sus retoños querían no un libro de apología filial, pues sabían que más allá de la personalidad confrontacional de su padre, su historia era más que todo la historia del periodismo peruano. Por eso consultaron al antropólogo ‘Tito’ Castro sobre quién podía trabajar todo el material que guardaban sobre su padre.

Tito, gran docente e investigador, les recomendó a Luis Carlos Arias Schreiber, un joven y talentoso periodista que transitó en el periodismo deportivo como editor de ‘Don Balón’ y hoy dirige el diario Publimetro. No pudieron hacer mejor elección. Luis Carlos aparece en los créditos como el ‘redactor de textos’, pero como lo reconoce el propio Polo, ‘nos ayudó en el trabajo de entrevistas, recopilación, cruce de información de los innumerables datos y anécdotas que se acumulaban en cada una de las reuniones de trabajo con el viejo’. Pero Luis Carlos hizo más que eso.

Gracias a las entrevistas a Raúl Duarte, Alberto Best, Lolo Salazar y otros profesionales, entre deportistas y periodistas, se enriquecen las a veces apasionadas verdades de Littman. ‘La Prensa’, de Pedro Beltrán, ‘La Crónica’, donde escribía un quinceañero Mario Vargas Llosa, o ‘La Tercera’ de ‘Pocho’ Rospigliosi. La toma de los diarios por los militares, el ‘papel negro’ de Guillermo Thorndike -según Littman- en ‘La Tercera’, están en estas páginas.

Los apachurrantes años cincuenta se nos presentan como si los viéramos en una película, gracias a la pluma de Arias Schreiber, que le da una voz fresca e iluminada a ‘Gallito’. Este libro nos retrata una época que nunca volverá. Hay muchos homenajes: el de los hijos al padre entrañable, el de ‘Gallito’ a su maestro ‘Pocho’ Rospigliosi y el de Luis Carlos al revolucionario periodismo de ‘Pocho’. Luis Carlos, como decía Gabriel García Márquez, hace periodismo valiéndose de todos los géneros literarios. Se arriesgó y le puso voz a Littman y a su generación. El periodismo es también literatura, arqueología e historia. Apago el televisor

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