Este Búho, en estos tiempos del mortal coronavirus, se ha llenado de nostalgia. Con el permiso de mis fieles lectores, me permito repasar algunas de las series inolvidables que marcaron mi niñez. Nunca estarán todas, pero haré el intento.

PERDIDOS EN EL ESPACIO: Tal vez la más entrañable de todas. Una familia, los Robinson, es enviada al espacio para ver si había vida en Marte. En épocas de la ‘Guerra Fría’, un espía ruso, el doctor Zachary Smith, se cuela en la nave y desde allí surgen las más increíbles aventuras. El niño Bill se encariña con el espía que es cobarde y manipulador, y forman un trío con un robot al que el doctor Smith siempre dice: ‘Calla, montón de chatarra’. Ellos nos robaron el corazón. George Lucas debe prenderle velitas a los creadores de la inspiradora serie.

LOS AÑOS MARAVILLOSOS: Todos, en algún momento, nos sentimos como Kevin Arnold. Notable el niño Fred Savage. Todos teníamos a un hermano antipático, a un padre que era el sabelotodo y, sobre todo, estábamos enamorados de la mejor chica del barrio, en este caso Winnie Cooper. La Norteamérica sesentera, la guerra de Vietnam, los conflictos sociales y generacionales eran presentados en una serie para sentarse con toda la familia. Y para ser consecuente con su mensaje, el tema inicial en cada capítulo lo cantaba el inmenso Joe Cocker, ‘Con una pequeña ayuda de mis amigos’, emblemática canción de Lennon-McCartney que lo hizo inmortal en el ‘Festival de Woodstock’.

EL TÚNEL DEL TIEMPO: Este columnista le debe a esta serie, de los años sesenta, mi apego a la historia. El argumento era alucinante. Un proyecto secreto estadounidense construye una máquina del tiempo que permite viajar al pasado o al futuro a los que ingresan. Yo estaba niño, pero al verla conocí mucho de la historia que me enseñarían en el colegio. Los científicos no sabían a dónde los iba a llevar la máquina. Ahí supe lo que fue el ‘Titanic’, la decapitación de Luis XVI, el sitio del fuerte ‘El Álamo’ porque, paradójicamente, ellos llegaban cuando las ‘papas quemaban’.

MIAMI VICE: Michael Mann se adelantó a la historia. Antes de ‘Cocaine Cowboys’ y Pablo Escobar, el productor nos presentó otra Miami. Detrás de los autos lujosos y las playas paradisiacas se escondía un mundo siniestro de drogas, ‘sicarios’ y mafia latinoamericana. Era el inicio de los cárteles de la droga. El teniente Castillo (Edward James Olmos) y los detectives ‘Rico’ (Philip Michael Thomas) y Crockett (Don Johnson), con sus ternos de colores pastel y polos sin cuello, marcaron la moda de la década de los 80. El mundo fue otro después del estilo ‘narco chick’ de ‘Miami Vice’.

EL FUGITIVO: Emblemática. El doctor Richard Kimble, profesional exitoso, llega a su casa y ve salir corriendo a un hombre manco. Al ingresar encuentra a su bella esposa en el piso, asesinada. La policía no cree en su versión y es condenado a la pena de muerte. Cuando el tren que lo llevaba a la prisión donde sería ejecutado se descarrila, Kimble se convierte en un fugitivo. Un oficial de la policía, el implacable teniente Philip Gerard, esta obsesionado con su captura y persigue a Kimble por todo el país. Para colmo, por altruista, donde va el médico se mete en problemas al proteger a mujeres indefensas y terminan descubriéndolo. A las dos de la tarde, después del almuerzo, nadie se perdía las aventuras del pobre ‘Fugitivo’. En este caso sí se puede decir con toda justicia: todo tiempo pasado fue mejor. Al menos en las pantallas de televisión.

Apago el televisor.


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