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El maestro Jorge Amado

En esta columna de domingo, el Búho nos escribe sobre la obra del extraordinario autor brasileño Jorge Amado. 

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Jorge Amado

Jorge Amado (Itabuna, Bahía 1912 - Salvador de Bahía 2001)

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Este Búho tenía una razón de peso para escribir sobre el inmenso escritor brasileño Jorge Amado. Claro, muchos no lo ubicarán por su nombre y hasta pensarán que es un seudónimo. Pero sería otra cosa si uno les dice que es el novelista que escribió obras tan incrustadas en el imaginario popular no solo de Brasil sino del mundo entero, como ‘Doña Flor y sus dos maridos’ y ‘Gabriela, clavo y canela’, libros que fueron llevados a la pantalla grande con la bomba sexy brasileña Sonia Braga y el gran José Wilker, fallecido el 2014.

Wilker fue el eterno ‘Vadinho’, el pícaro fantasma que no deja tranquila a su esposa a la que dejó viuda, ‘doña Flor’ (Sonia Braga), quien después de llorar a su amado esposo decide contraer nuevas nupcias, pero ¡oh, sorpresa!, el fantasma de su ex, totalmente desnudo, se le aparece y hasta se mete a su cama cuando está con su nuevo marido.

Recuerdo que vi la película a inicios de los ochenta, en el mítico cine Mirones, porque en 1976, año en que se estrenó, la censura peruana la prohibió por considerarla ‘obscena’. El gran Jorge Amado, desde su entrañable Bahía, legendaria región al norte de Brasil, se habría carcajeado con la acción de los ‘cuadriculados’ censores peruanos, pues años después hasta la pasarían en TV en horario prime.

Jorge Amado (Itabuna, Bahía 1912 - Salvador de Bahía 2001) no solo es uno de los íconos de la literatura latinoamericana, sino que gracias a él y a otros maestros anteriores al ‘Boom de la literatura latinoamericana de los años sesenta’, como Miguel Ángel Asturias, el peruano Ciro Alegría o el argentino Horacio Quiroga, se abonó el camino, los universos y hasta personajes para que los García Márquez, Vargas Llosa u Onetti pudieran construir sus mundos alucinantes y a la vez tan latinoamericanos.

¿Acaso Amado no recreó su ‘IIheus’, esa tierra indescriptible de sus obras mayores como ‘Tierras del sinfín’, que es el adelanto de lo que luego produciría García Márquez con su mítico Macondo? Mientras Vargas Llosa y ‘Gabo’ eran escolares, Jorge Amado ya había escrito dos obras furibundas de la llamada literatura comprometida ‘Cacao’ (1933) y ‘Sudor’ (1934). Definitivamente, el joven Amado se opone al ‘nuevo estado brasileño’ desde una óptica izquierdista y por ello hasta va a parar a la cárcel. Pero según Vargas Llosa, quien siempre se preció de haber cultivado su amistad desde finales de la década de los setenta, Amado se salvó de terminar como esos escritores revolucionarios que fueron sepultados por el sentimiento de culpa o por los ataques de sus excamaradas, ‘porque en sus novelas políticas, un elemento intuitivo, instintivo y vital derrotaba al ideológico’.

Además, agradeció la inmensa ayuda que le prodigó el escritor brasileño cuando le pidió que le abra las puertas de Bahía para poder escribir ‘La guerra del fin del mundo’. ‘Sin la ayuda de Jorge, jamás hubiera podido recorrer el sector bahiano y adentrarme por los vericuetos de Salvador’, comentó. Fue el propio Amado que, sin rupturas traumáticas, varió de tema brillantemente. Su obra no pierde de vista su Bahía de toda la vida, pero empezó a privilegiar más, entre otras cosas, la idiosincrasia de sus habitantes, la sensualidad de sus mujeres, la vitalidad de los mancebos y la ansiedad de los viejos verdes.

En lo folclórico y chistoso de la provincia, mostraba la otra cara de un escenario donde siempre hubo explotación y denuncia. Aunque estos no desaparecen, nunca dejarán de existir desposeídos, criados, prostitutas y campesinos junto a coroneles y hacendados encopetados, siempre los poderosos podrán perder la razón por una bella y escultural mulata o ser ‘corneados’ por un criado. Fluyen en sus escritos el folclorismo de su gente, mucho humor y la sensualidad del norte brasileño a borbotones. Y esa producción empezaría con ‘Gabriela, clavo y canela’ (1958).

En su ‘Ilhéus’, el árabe Nacib Saad, dueño de un bar, contrata a una mulata exuberante y analfabeta que llega huyendo de la hambruna del campo: Gabriela. Pero el patrón pierde la cabeza por ella y al hacerla suya, padecerá de la fiebre que consume a todos los hombres de la ciudad por la campesina. Hilaridad, sensualidad, locura. Así es Bahía, así es Gabriela. Luego vendría ‘Doña Flor y sus dos maridos’ (1966) y Tieta de Agreste’ (1977). Las obras de Jorge Amado son tan terrenales que quienes las leen creen estar viviendo en carne propia ese cúmulo de situaciones picarescas, pasionales y hasta amorales.

Será por ello que muchos directores de cine se embarcaron a realizar largometrajes, la más exitosa ‘Doña Flor y sus dos maridos’ (1976) de Bruno Barreto, la que hasta el 2010 ostentó el récord de la película más taquillera en la historia del cine brasileño. Ahora que se viene la Copa América en Brasil y Salvador de Bahía será la sede más lejana, sería bueno leer o releer al maestro. Será como tomarse una caipirinha y bailar una samba con Gabriela o la mismísima ‘doña Flor’. Apago el televisor.

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