Navidad: El búho cuenta cómo se festejaba en antaño 

Nuestro columnista nos recuerda cómo se vivía la Navidad. 

El Búho

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La Navidad, que siempre fue una fecha emotiva y de felicidad para mí, se transformó en algo trascendental, pues hace doce años nació mi hija. Si fuera futbolista, ella sería mi mejor gol; si hubiera sido ingeniero, la obra de mi vida; si fuera escritor, mi mejor novela. Por eso le dedico esta columna del 25 de diciembre. Reflexionaba sobre cómo han cambiado las navidades de ahora con respecto a las de mi tiempo.

Vayamos a los centros comerciales. En mi época, para hacer las compras, las familias abarrotaban el Jirón de la Unión, donde se ubicaban las grandes tiendas que ahora yacen en el cementerio y en el recuerdo. Chequeen estos nombres arcaicos: Scala Gigante, Monterrey, Sears. En Miraflores, la avenida Larco bullía de clientes. No existían los grandes malls o MegaPlaza, Plaza Norte, Mall del Sur, Larcomar, Jockey Plaza. El Centro de Lima y Miraflores concentraban a la mayoría de compradores. En los ochenta aparecieron el centro comercial Higuereta, Polvos Azules, donde hoy está la alameda Chabuca Granda, cerca de Palacio. En mis tiempos, en Gamarra había unas pocas tiendas de árabes y comerciantes de telas, donde mi madre compraba tela para pañales, ya que no existían los desechables. No olvido que luego de la cena navideña familiar, en mi barrio de la Unidad Vecinal Mirones, nos íbamos con mis amigos a saludar a los vecinos.

Ellos te hacían pasar, te invitaban chocolate, pavo, panetón y uno salía repleto. Hoy, los chibolos cenan rapidito y se van a las discotecas, a las ‘fiestas semáforo’, a las de perreo o de cumbia chacalonera, donde corre harto trago corto y terminan vomitando. Nunca digo que todo tiempo pasado fue mejor, solo diferente. Pero ahora todo es más peligroso. Nosotros reventábamos en el parque cohetecillos, encendíamos luces de bengala, los más fuertes eran los cohetones. Hoy salen verdaderas bombas de relojería como la ‘mamarrata’ o los letales ‘Bin Laden’, ‘calavera’ y ‘depredador’, que están prohibidos, pero se venden como pan caliente. La política se mantenía ajena a la Navidad. Era increíble, el gobierno militar hacía estropicios, deportaba o encarcelaba opositores, reprimía levantamientos campesinos, mineros y estudiantiles, pero uno no estaba enterado porque los diarios y la TV estaban confiscados. Hoy en día, los niños asisten a la festividad con un presidente democráticamente elegido que pudo ser vacado de su cargo por acusaciones graves. Ojo, este columnista reitera que no endiosa a la niñez de su generación.

No éramos mejores ni peores que los de ayer y hoy. Solo digo que los tiempos han cambiado. Antes no se veía tanta competitividad, tanto frenesí por el consumismo. Este columnista todavía quiere creer que la Navidad es una fecha donde hay que pensar en la familia y en el prójimo que necesita más que nosotros. Lo mejor que le puede pasar a un niño es vivir una linda Navidad rodeado del amor de sus seres queridos. Eso no se olvida. Se los dice este Búho que, con sus tremendos ojazos, ha visto pasar tantas fiestas y sigue creyendo que los milagros existen. Apago el televisor.

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