Este Búho sabe que la política es como el ajedrez, donde gana el que mueve mejor sus piezas. Como buen ajedrecista, el presidente sabía que en el juego, un rey solitario es una ficha débil, de pocos movimientos y que puede ser presa fácil sino tiene al lado piezas claves para su ataque, pero, sobre todo, para su defensa y así evitar el jaque mate. En la última coyuntura, el mandatario parecía un rey que se había quedado sin defensa.

No tiene una reina a su costado (como Ollanta Humala, quien tenía a su esposa Nadine). Vizcarra también desestimó tener a ‘peones’ (bancada) que podían blindarlo en el Legislativo. Pero para su desgracia, las piezas más importantes en el juego político: torre, alfiles y caballos, es decir su hoy expremier Vicente Zeballos y sus ministros, trabajaban poco o mal, salvo honrosas excepciones, para defenderlo en momentos de emergencia extrema y no hacían nada para evitar que el bando rival, el agresivo conglomerado del Congreso, le diera el jaque mate. Agarro mi ‘Espada del augurio’ de ‘Los Thundercats’ para que me permita ver ‘más allá de lo evidente’ en estos cambios del nuevo gabinete.

PEDRO CATERIANO: La cabeza del Ejecutivo sabe que se vienen ‘tiempos recios’ en este último año de Gobierno y el premier saliente Vicente Zeballos no daba la talla para afrontar no solo interpelaciones, sino una posible censura del gabinete. Y como sabemos, a partir del 28 de julio ya no se podrá pedir ‘cuestión de confianza’ que ‘baje los caballos’ a los congresistas. Por eso, el presidente ya no necesitaba a un ‘gatito fiel’ como Zeballos, sino a un ‘tigre’ como Pedro Cateriano. No solo abogado, sino ante todo un político recorrido y de batalla. Desde 1990, con el Fredemo de Mario Vargas Llosa, pasando por enfrentamientos, como congresista, con el expresidente Alan García, al que incluso le dedicó un libro sobre sus actos de corrupción. Además, tiene experiencia como premier en el gobierno de Ollanta Humala, ministro de Defensa y viceministro de Justicia. Definitivamente, un ‘peso pesado’ en política. La mención de su nombre ya puso nerviosos a los congresistas que alistaban tenedores y cuchillos para ‘almorzarse’ a Zeballos y a varios ministros no ratificados. Cateriano, salvando las siderales distancias, emulando a Sir Winston Churchill, prometió: ‘sudor, honestidad y conducta democrática por un Perú más justo y libre’. Tal es el efecto de su elección, que el presidente del Congreso, Manuel Merino, dijo que su nombramiento ‘debe traer consensos y es un reto que debe traer tranquilidad’.

LOS CAMBIOS: en Salud estaba cantado. Víctor Zamora representaba no solo el fracaso de las estrategias para frenar la pandemia. Contratación de asesores ‘ideologizados’, como Farid Matuk, que diseñó estrategias no para combatir el virus, sino ‘el patriarcado’ solo sirvieron para esparcir los contagios. Y para colmo, Zamora exhibió una nula empatía con sus colegas médicos, héroes en estos tiempos, a los que maltrató injustamente. El militante del Frente Amplio demostró una vez más la incapacidad de gestión de cierta izquierda cuando agarran un cargo de poder. Mazzetti en cambio, al mando del Comando Covid-19, dio una imagen de sinceridad y franqueza para no dar falsas expectativas y crear conciencia en la ciudadanía de la terrible situación. El país espera mucho de ella. El nuevo ministro del Interior es el teniente general FAP (r) Jorge Montoya es un ‘tapadito’ de Cateriano.

Es un oficial que estaba trabajando actualmente en la actividad privada. Un especialista, que aparte de las especialidades de un militar de alta jerarquía, es un administrador especialista en Recursos Humanos, Recursos Materiales y Administración de Salud, pues fue director del Hospital de la FAP. Reemplaza al general PNP Gastón Rodríguez, que solo duró dos meses en el cargo. Desde el inicio de la pandemia, gravísimas denuncias involucraron a altos mandos de la Policía en la conformación de ‘empresas familiares’ para distribuir productos médicos a hospitales y dependencias policiales del país, muchos de ellos con sobreprecio o con materiales vencidos. Pese a las denuncias, los involucrados no han sido sancionados, en una figura similar a la de ‘otorongo no come a otorongo’, o mejor dicho, ‘general no come a general’. Por esta razón cayó el general Rodríguez.

“Con un ministro ajeno a la Policía, a un FAP como Montoya no le va a temblar la mano en sancionar a cualquiera”, reveló una fuente palaciega. Apago el televisor.

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