Blanca Arellano dejó todo en México para venir al Perú y conocer a quien sería su verdugo.
Blanca Arellano dejó todo en México para venir al Perú y conocer a quien sería su verdugo.

Este Búho considera que hizo bien la Corte de Justicia de Huaura en dictar nueve meses de prisión preventiva para el estudiante de Medicina en Huacho, mientras es investigado por la muerte de su pareja, .

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Durante la audiencia, el presunto asesino, cínicamente, se declaró inocente, pese a que todas las evidencias lo sindican como el responsable de su muerte.

Los jueces no dejaron pasar por alto el hecho de que mientras la familia de Blanca le escribía rogándole por información de su familiar, que había vendido todo en México para encontrarse con su ‘amor virtual’ en Perú, del que describía a sus amigas como el ‘hombre ideal’, el estudiante les daba información falsa y les informaba que “Blanca se cansó de mí y me abandonó. Viajó a Lima para comprar su pasaje”.

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Pero luego, ante la insistencia de la familia les brindaba otra distinta y desconcertante versión: “Ella era una indigente que se quedó sin plata y yo de buena voluntad le ayudaba económicamente para comer. Nunca fuimos enamorados, esa es una alucinación suya”.

Su coartada le estaba dando resultados ante una familia distanciada por miles de kilómetros, pero un hecho fortuito lo colocó bajo los reflectores de la Policía: un grupo de pescadores encontró el cuerpo descuartizado de una mujer blanca, que tenía un anillo muy similar al que mostraba Blanca en sus fotos de Internet.

Mientras la Policía esperaba a los familiares de la desaparecida para someterlos a exámenes de ADN, Juan Pablo asistió a un interrogatorio policial, el primero, donde se acogió a su ‘derecho de guardar silencio’.

TENÍA NUEVA NOVIA

Inmediatamente se hizo humo y desapareció de Huacho. Lo que nadie sabía era que estaba en Lima, gozando de las caricias de su nueva ‘novia’, la piurana Carmen Castillo Jiménez, quien había alquilado dos meses antes un cuarto en la calle Caledonias, en San Juan de Lurigancho, donde lo capturarían el 17 de noviembre. Demostraba un total desprecio por una vida humana y la de una familia en el sufrimiento.

Para esa fecha, ya la Policía y los peritos habían allanado su cuarto en Huacho y al aplicar el ‘luminol’ se detectó cantidades de sangre en el colchón, el baño y el lavadero. Además, una bodeguera mostró el voucher de una compra que le hizo el presunto asesino el 7 de noviembre, el día que se reportó la desaparición de Blanca.

Lo sospechoso es que compró ocho bolsas negras de basura. ¿Con qué finalidad? Además, la Policía recibió un video donde se le ve comprando lejía. ¿Para qué compraste la lejía? ¿Para limpiar la sangre?, lo interrogaba la Policía, pero él se mantenía en silencio. Posteriormente Villafuerte cambió de estrategia.

Comenzó a hablar con voz pausada, lastimera, exponiendo su inocencia. En ningún momento se dignaba expresar un lamento por el terrible destino de la novia a la que conoció por que es un juego donde pueden participar cien personas, que te mantiene en adicción porque está en constante evolución y donde los jugadores luchan hasta ser los últimos en pie en una batalla virtual.

El presunto asesino ahora se siente como una fiera acorralada. “Soy inocente, señor”, es su muletilla ante los interrogatorios, pero no explica sus mentiras, su huida, el hallazgo de sangre, los videos viéndolo comprar lejía, el cabello, las maletas de la mexicana y la bandera en su cuarto.

Y para victimizarse al máximo, escribió en su laptop una ‘carta de despedida’ que tenía pensado compartir en las redes sociales. Allí ‘amenazaba’ con suicidarse por ‘la deshonra familiar’ que le significan las acusaciones de ‘feminicida’. “No soportaré la humillación de ser paseado como un animal”, se leía en el último párrafo.

Según la Policía, hizo un amago de quitarse la vida en su celda, pero no pasó de ser un teatro para obtener un mejor trato. Egoísta, egocéntrico, no le importa que ayer mismo Karla Arellano, sobrina de la turista mexicana, confirmó que los restos descuartizados de una mujer encontrados en una playa de Huacho pertenecen a su tía Blanca Arellano.

La sobrina resaltó virtudes de su familiar desaparecida, como “amable, cálida, llena de luz, inteligente, dedicada, amorosa y así debe recordarse. Tu familia te estamos esperando de regreso, pero jamás como lo hubiéramos imaginado”. De esta muerte deberá rendir cuentas el presunto homicida Juan Pablo Villafuerte, quien con mirarlo y escucharlo uno no puede dejar de tipificarlo con el comportamiento de un perfecto psicópata. Apago el televisor.

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