Este Búho lee con atención el informe del influyente diario inglés ‘Financial Times’, del periodista inglés John Burn-Murdoch, que como su primer apellido ¡arde! Allí nos muestran cifras escalofriantes elaboradas con información oficial de los gobiernos, donde se concluye que por coronavirus las zonas de Latinoamérica y el Caribe son especialmente preocupantes por el aumento de decesos, la mayoría de estos en Brasil, Perú y Chile. Pero lo alarmante es la comparación entre el número de muertos habituales. Por ejemplo, en marzo, abril o mayo del año 2019, con los mismos meses del 2020, con la pandemia encima.

Aquí es donde el Perú, en el llamado ‘subregistro de decesos’, es el que encabeza la lista a nivel mundial. El periodista inglés sostiene que, por ejemplo, al 12 de mayo último, el país tiene 8 mil fallecidos más que en el año 2019. Sin embargo, el Ministerio de Salud consigna para las mismas fechas mil 800 víctimas. ¿Están escondiendo los muertitos? La conclusión del periodista es que, dadas las cifras comparativas de un año a otro ‘sin’ y ‘con’ coronavirus, seríamos la nación que soporta el más brutal brote en el mundo. Qué dramática conclusión para nosotros.

Tuvimos la cuarentena más draconiana del planeta, que dejó en escombros la economía, pero no detuvo ni los contagios ni las muertes. Hay varias causas para explicar las conclusiones del informe del ‘Financial Times’. Pero quisiera apuntar dos casos ‘micro’ del problema, donde los reponsables no son ni la economía informal, ni la falta de civismo de la población, y que pueden ayudarnos a comprender por qué no podemos controlar los contagios.

UNO: Cuando tardíamente se intervino los mercados y se detectó que allí estaba el foco de los contagios, donde hasta el 80 % de un mercado de comerciantes eran positivos. Les decían ‘vete a tu casita y haz tu cuarentena porque aquí ya no entras’. ¿Qué hacía el vendedor? Se iba como ambulante a otro mercado a vender papayas y platanos con ‘coronavirus de yapa’. Seguimento cero.

DOS: Este caso le toca personalmente a este columnista. Una sobrina muy querida, residente en Río de Janeiro, después de varias semanas logró conseguir un cupo en un vuelo humanitario. En Lima, al hacerle las pruebas, dio positivo como ‘asintomática’ y la llevaron a un hotel miraflorino para hacer la ‘cuarentena’. A los cuatro días la trasladaron a la Villa Panamericana al área de ‘observación’. A los dos días un médico le comunicó que le daba de alta y que se vaya a su casa. Ella, que vive con sus dos abuelitos, le dijo: ‘Doctor, yo vivo con dos ancianos, si voy con ellos los contagio y se mueren’. Pero en una actitud indignante, el galeno se empecinó en sacarla de su habitación. Me imagino la orfandad de la jovencita, afuera de la torre, sola, aislándose voluntariamente del resto de la gente, porque si bien no tenía síntomas, ella sí podía contagiar a otros que posiblemente desarrollen la enfermedad mortalmente.

Tampoco podía subir a un micro a contagiar a todo el mundo. Llamó a familiares cercanos que, desconfiados de la bestialidad del médico que la atendió y la lanzó a la calle, la llevaron primero a un hotel y luego a una clínica confiable para hacerle una prueba molecular. El resultado ¡¡dio positivo!! ¿Qué hubiera pasado si siguiendo las órdenes del inconsciente doctor se iba a la casa de sus abuelos donde vive? ¡¡Los condenaba y seguramente los empujaba a una muerte segura!! Los familiares responsables, con sus propios recursos, la llevaron nuevamente al hotel para que siga haciendo la cuarentena.

¿Así trabajan el Ministerio de Salud y EsSalud para evitar los contagios y muertes? Apago el televisor.

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