-FOTODELDÍA- AME9500. CALLAO (PERÚ), 15/01/2021.- Trabajadores de la salud atienden nuevos pacientes covid-19 dentro de la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital Alberto Sabogal hoy, en el Callao (Perú). Autoridades del centro asistencial aseguran que "se encuentran colapsados" y que no cuentan con más camas UCI para atender nuevos pacientes, debido a un incremento de casos de contagios de coronavirus que ha sido llamado por la ministra de salud Pilar Mazzetti como una segunda ola que puede arrollar al Perú. EFE/ Luis Ángel González
-FOTODELDÍA- AME9500. CALLAO (PERÚ), 15/01/2021.- Trabajadores de la salud atienden nuevos pacientes covid-19 dentro de la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital Alberto Sabogal hoy, en el Callao (Perú). Autoridades del centro asistencial aseguran que "se encuentran colapsados" y que no cuentan con más camas UCI para atender nuevos pacientes, debido a un incremento de casos de contagios de coronavirus que ha sido llamado por la ministra de salud Pilar Mazzetti como una segunda ola que puede arrollar al Perú. EFE/ Luis Ángel González

Este Búho observa estupefacto cómo tanto la población como el gobierno no han aprendido la más mínima lección de lo que nos dejó la ‘primera ola’ del coronavirus en el país, entre marzo y octubre del año pasado. Vivimos la ‘cuarentena’ más draconiana de todo el planeta, que dejó prácticamente en ruinas nuestra economía. Además, fue una pésima estrategia del gobierno de Martín Vizcarra el privilegiar el confinamiento y no el seguimiento del virus y los contagios o hacer cuarentenas focalizadas. Su tardía reacción en detectar los focos de contagio: colas de bancos, mercados, unidades de transporte público, originó que el Perú ocupara el triste y vergonzante primer lugar en el número de muertes por millón de habitantes. ¿El saldo? 80 mil fallecidos, según cifras extraoficiales.

Frente al terrible panorama europeo, las autoridades peruanas no hicieron nada. No reforzaron las salas de camas de Cuidados Intensivos, no se hicieron campañas de advertencia y prevención a la ciudadanía, se relajaron los protocolos y en los conglomerados comerciales no cabía un alfiler durante las campañas de Navidad y Año Nuevo, sin que intervinieran el municipio ni el gobierno. Los volúmenes de contagio hicieron que creciera la terrorífica ‘segunda ola’. Incluso, para que vean la desubicación de algunos, el presidente hasta pretendió dar ‘luz verde a los conciertos con público’. Si bien la responsabilidad principal de ser un país apestado que no firmó ningún acuerdo oficial con algún laboratorio para obtener el antídoto aunque sea para el primer trimestre del 2021, es de Martín Vizcarra y del impresentable Congreso que presidía Manuel Merino, la responsabilidad actual es del actual Ejecutivo, ante un virus que maquiavélicamente ha mutado. Los jóvenes ya no son tan inmunes al virus y actualmente llegan a los hospitales menores de 50 años. El numero de contagios diarios tiene un promedio de 2,565 en la ultima semana, y la cifra de muertos por día es de un promedio de 90, con tendencia ascendente. Estamos igual o peor que en el mes de abril del año pasado.

¿El gobierno de Francisco Sagasti lo está haciendo mejor que el anterior de Vizcarra? Pienso que no. Con todos sus errores, el moqueguano tenía liderazgo. Recuerdo que el ministro de Defensa, el general Walter Martos, puso a las Fuerzas Armadas a controlar junto a la Policia Nacional para mantener el orden entre una población informal que pretendía burlar los protocolos sanitarios. Martos fue una figura clave en la lucha contra la pandemia y llevaba al Ejército hasta a distribuir oxígeno y víveres en las zonas vulnerables. Ahora veo que hay una ministra de Defensa fantasma. ¿Cómo se llama? No puede ser posible que manden al ministro de Educación para que explique si van a haber clases virtuales o presenciales. ¡¡Por favor!! Ahora lo que está en juego es nuestra supervivencia, nuestra vida. Si seguimos perdiendo por goleada la batalla contra esta ‘nueva ola’, puede que ni haya maestros para enseñar a nuestros infortunados niños. Tampoco veo al ministro del Interior, José Elice, comprometido en esta batalla. El funcionario amigo del mandatario solo sale a hablar sobre los castigos a los policías por abuso de autoridad. No está en su ‘chip’ el combate a la inseguridad ciudadana ni a la pandemia.

Las vacunas que deben llegar de China están entrampadas por trámites burocráticos y el gobierno hasta ahora no contrata a la compañía aérea que deberá traerlas. Son más lentos que una tortuga coja. A mayor demora, crece el sector de la población que rechaza la vacuna (48 %). ¿Qué esperan los ‘genios’ asesores del presidente para inundar de spots en radio, TV, redes sobre la vital importancia del antídoto contra el virus? Decenas de peruanos están muriendo cada día por el virus. Los hospitales ya colapsaron, pero aun así, si Mazzetti consiguiera más camas UCI con respirador mecánico, no podrían utilizarse porque ya no hay suficientes médicos intensivistas ni enfermeras especializadas para monitorear estos aparatos. Y nadie hace nada para traer doctores especializados de países como Cuba, que tienen dominada la situación. Pero no toda la culpa la tienen las autoridades, la población tiene mucho que ver. No respetan los protocolos, mientras que las fiestas Covid y los ‘privaditos’ se multiplican. Igual los partidos de fulbito sin mascarilla. También ingresan a la ‘prepo’ a las playas -pese a la prohibición- los fines de semana. Si la ‘ola’ sigue creciendo, la situación será inmanejable. Apago el televisor.