El Búho de Trome escribe sobre el libro ‘Crímenes en Lima 2′
El Búho de Trome escribe sobre el libro ‘Crímenes en Lima 2′

Este Búho tiene en sus manos el libro ‘Crímenes en Lima 2′, una notable selección de reportajes de ocho periodistas, reporteras ‘guerreras’ de prensa escrita y televisión. El chileno Alberto Fuguet sostenía en ‘Tinta roja’ que ‘el periodismo es como la prostitución, se aprende en la calle’. Esta imprescindible selección nos demuestra ello y mucho más, no solo la selva de cemento de Lima, sino la verdadera, peligrosa y misteriosa selva del Cusco o los traicioneros senderos rocosos de los caminos del Colca.

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Los crímenes o la confusa muerte del joven excursionista Ciro Castillo son la noticia fundamental, pero dentro de la historia hay otra historia, más rica y aleccionadora. Este columnista fue testigo cuando el director de Trome le encargó a la inquisidora reportera Tábatha Paredes viajar al Cañón del Colca donde se había perdido el estudiante universitario Ciro Castillo. ‘Cuídate’, le dijo. Corría el año 2011.

El universitario se había internado con su enamorada y compañera de estudios de la Universidad Agraria, Rosario Ponce. Solo habían encontrado a Rosario en uno de los peligrosos caminos del Colca, deshi@dratada, con hipotermia. Su versión de que estando perdidos Ciro la había dejado sola para ir en busca de ayuda, no era admitida por el padre del muchacho, el doctor Castillo. Al pasar los meses Rosario se había convertido en un chivo expiatorio. Más aún cuando comenzó a salir en programas de televisión.

En uno de ellos, molesta, se desahogó: ‘Mi delito fue sobrevivir a la montaña’, ‘¡Ciro se cayó y ¡ya!’. Antes había revelado que para sobrevivir sobre 5 mil metros y temperaturas bajo cero tuvo que comer plantas, hasta hormigas y bebió sus propios orines. Tábatha Paredes se mimetizó con el tema. No solo escribió una riquísima historia de una aventura que acabó de manera trágica, sino que se puso en la piel de los padres del muchacho, sobre todo de su madre, doña Charo. Pero sobre todo tuvo la valentía de intentar recorrer los pasos del infortunado joven.

Ella describe así su increíble experiencia: ‘Mientras ella (Rosario) gozaba de las luces y reflectores, varios periodistas de Lima y Arequipa nos adentramos en el Colca para comprobar si se podía sobrevivir como lo había afirmado Rosario, cargando una mochila con latas de atún, botellas de agua, caramelos, sopas instantáneas, bolsas de dormir y una carpa. Intentamos emular y recorrer el camino que hizo la pareja.

“El periodismo es una pasión insaciable que solo puede digerirse y humanizarse por su confrontación descarnada con la realidad”

Dormimos en la casita de peaje, recorrimos los queñuales y nos asustamos con los inmensos árboles, que por las noches parecían comunicarse. Llegamos al ‘lugar de las mochilas’ y pese a tener equipos padecimos derrapamientos, caídas y algunas lesiones. Nada de cuidado. Tres días fue lo máximo que logramos permanecer en el Colca. Cuando decidimos regresar, el camino era interminable. Ciertamente, sentimos la angustia de Ciro y Rosario al verse perdidos. No lo estábamos, pero un aura de temor nos abordaba por las noches, donde el frío te cala en los huesos y el miedo a ser atacados por los pumas que husmeaban nuestras carpas era permanante.

Por el día no podíamos dejarnos intimidar por los inmensos cóndores que sobrevolaban nuestras cabezas. Solo teníamos que caminar y con el mejor de los ánimos para no caer en la desesperación de no llegar pronto. Parábamos y caminábamos. Todo en busca de nuestra verdad’. El libro contiene otros seis casos reveladores: el de la trágica muerte de César Vilca narrado por la talentosa Carla Muschi, a quien mandan a Kiteni en la selva cusqueña, donde el narco terrorismo de Sendero Luminoso había secuestrado a 36 trabajadores del gas de Camisea y había asesinado a tres policías; el del tristemente célebre Gerson Gálvez de Karina Novoa: ‘En esos años -relata- tenía fuentes de todo tipo en el Callao (...) y nadie hablaba de ‘Caracol’, ni una sola pista ni dato. Era invisible’.

El caso del hijo que mató y quemó el cuerpo de su madre empresaria adoptiva, Marco Arenas, cubierto por Lorena Ormeño. El asesinato de odio perpetrado contra Solsiret Rodríguez escrito por Cecilia Zuloeta. El cruel parricidio de la joven Elita Espino, quien mandó matar a su madre con su enamorado y un amigo. Y el terrorismo de Estado en el crimen de Pedro Yauri por el siniestro Grupo Colina. Ocho historias estremecedoras de estas valientes reporteras que hacen realidad la sentencia de Gabriel García Márquez: ‘El periodismo es una pasión insaciable que solo puede digerirse y humanizarse por su confrontación descarnada con la realidad’. Apago el televisor.

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