Un 28 de julio diferente
Un 28 de julio diferente

Este Búho reflexiona en medio del aislamiento cómo pueden cambiar radicalmente de un año a otro, los sentimientos patrióticos de los peruanos. El año pasado, el 28 de julio, nos encontraba con el pecho aún henchido de patriotismo, pues semanas antes le habíamos dado un baile a Chile y llegamos a la final de la Copa América, en Brasil. Todavía nos quedaba la resaca de los cánticos del ‘Contigo Perú’, de los miles de peruanos que llegaron el 2018 hasta la lejana Rusia, para alentar a voz en cuello a nuestra selección, al punto que ganamos el premio a la ‘mejor hinchada del mundo’, esa que mezclaba a blancos, cholos, mestizos y negros, unidos por la Blanquirroja.

Después, el mundo empezó a mirarnos por los Panamericanos. Pensábamos que todos nuestros traumas, complejos, fantasmas de una historia republicana trágica e injusta para la mayoría, los habíamos resuelto con unos cuantos logros deportivos o un ilusoria bonanza de un ‘modelo económico’ que nos hizo creer que ya estábamos en ‘el club de los grandes’. Que éramos ‘potencia sudamericana’. Nunca nos pusimos a analizar si en verdad alguna vez fuimos verdaderamente ‘libres e independientes’ como lo proclamó San Martín aquel 28 de julio de 1821. Porque aquella independencia significó más un cambio de bandera, himno y el mando de un español por un argentino.

Todavía no somos conscientes de las paupérrimas condiciones y el olvido en el que viven los nativos de la selva, golpeados también por la epidemia y por ellos nadie reclama. Tuvo que ser un virus, el que nos mostrara que esa ‘potencia sudamericana’ que decíamos ser, con sus índices expectantes de crecimiento del PBI, ¡solo tenía 200 camas UCI para 30 millones de peruanos! Que nuestro sistema de Salud era el peor y más desabastecido de Sudamérica.

Con un Estado que, paradójicamente, era rico en miles de millones de reservas, pero por su precariedad y su ineficiencia, fue incapaz de redistribuir ese dinero para ayudar a las poblaciones vulnerables, porque no tenía ni un registro actualizado de sus ciudadanos más pobres y el ‘bono’, más bien, sirvió para crear aglomeraciones que aceleraron los contagios.

LIMA, LUNES 13 DE ABRIL DEL 2020
Ciudadanos forman largas colas en los exteriores de bancos de Puente Piedra
Policía patrulla la zona para verificar que se cumpla la distancia social entre personas 

Fotos: Anthony Niño de Guzman \ GEC
LIMA, LUNES 13 DE ABRIL DEL 2020 Ciudadanos forman largas colas en los exteriores de bancos de Puente Piedra Policía patrulla la zona para verificar que se cumpla la distancia social entre personas  Fotos: Anthony Niño de Guzman \ GEC

De todo lo trágico y destructivo que trajo el coronavirus, hay algo rescatable: sacó lo mejor y lo peor de los peruanos. Frente a aquellos ‘pirañas de oxígeno’ y ‘buitres de la Salud’, que cobraban decenas de miles de soles por una cama UCI y luego correteaban a los pobres familiares para hacerles pagar hasta el último sol, chantajeándolos con no entregar el cadáver, estaba ‘El ángel del oxígeno’, que vendía a un precio justo en una época llena de angurrientos. Eso que debería ser una obligación, causó asombro, al punto de hasta considerarlo ‘un mártir’. Igual que los médicos, personal de Salud y los policías héroes que dejaron su vida cumpliendo con su deber.

El Estado resultó incapaz de frenar los abusos, al punto que las clínicas solo han atendido a ¡¡un paciente!! pese a que firmaron un convenio.

En el 2019 hinchábamos el pecho de ‘peruanidad’ y orgullo. Hoy estamos muy golpeados por estar en el nefasto ‘top’ de las naciones con más contagios, con más de 25 mil muertos, como reconoció la ministra de Salud, Pilar Mazzetti. La verdad, tenemos muy poco que celebrar y mucho por meditar.

Recuerdo que el 28 de julio de 1985, Charly García tocó en la Feria del Hogar y dijo: ‘Me dijeron que salga con la bandera. Noooo. ¡Feliz Independencia, locos, que les dure!’. Me quedé corto, mañana sigo con mis reflexiones en Fiestas Patrias. Apago el televisor.