Se cumplen 50 años de la publicación de Un mundo para Julius. (GEC)
Se cumplen 50 años de la publicación de Un mundo para Julius. (GEC)

Este Búho piensa en el inexorable paso del tiempo. Esta semana se cumplieron 50 años de publicación de uno de mis libros favoritos: Parece ayer que hubiera abierto por primera vez aquella máxima obra del peruano y que leí con deleite y sin respiro.

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Muchos años después, el periodismo me llevaría a conocer al autor en Arequipa. Allá conversamos largo y tendido. Mientras él bebía un vodka tónic a las 9 de la mañana, repasaba su vida, su amistad con el o, su encuentro con Alan García en París y que luego plasmaría en su libro ‘Permiso para retirarme’, y también -claro- sobre la muerte.

Sin temor, aseguraba que había vivido la vida que quiso, y que no ser padre ni tener entonces una amante le angustiaba. Fue una conversación que guardo y guardaré con mucha emoción. A pesar de no tener en su apretada agenda a este humilde periodista, me recibió de inmediato cuando le dije que era de Trome. “El diario más leído del Perú, claro que sí”.

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Pero volviendo a ‘Un mundo para Julius’ (1970), se trata de la primera novela de Bryce, publicada en plena dictadura militar socialista del general Juan Velasco Alvarado. Fue lo que podríamos llamar el ‘conchito’ del legendario ‘boom’ de la literatura latinoamericana que se inició en los sesenta con Mario Vargas Llosa, Julio Cortázar, Gabriel García Márquez y compañía.

Muchos críticos de aquella época sostenían que el único mérito de Alfredo era que por pertenecer a una familia de raigambres aristocráticas, pudo hablar ‘desde dentro’ de ese mundo poco conocido. En verdad, la historia del niño Julius, hijo de un matrimonio típico de la aristocracia, era de película.

Nieto de un expresidente, vivía en un palacio en la parte sanisidrina de la exclusiva avenida Salaverry. Tenía una madre, Susan, descendiente de ingleses, superficial y frívola, una dama tan plástica que era incapaz de sentir cariño y un mínimo de emoción, ni siquiera por sus propios hijos. ‘Darling’ era casi todo el meollo de su lenguaje.

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El padrastro del niño millonario no era mejor, pero al menos tenía la excusa de justificar su desamor por el pequeño al decir que ‘no era el padre de Julius’. Juan Lucas, ese padrastro, era un tipo tal y como lo definió su propia esposa, en palabras de Bryce: ‘Nadie tan feliz como Juan Lucas, bueno, él siempre estaba feliz o a punto de irse al golf o a una de sus haciendas’.

Sus hermanos mayores hombres, Bobby y Santiago, son un fiel reflejo del entorno dominador, racista y excluyente. Ven a Julius, un chico sensible, como un cobarde, como un ser inferior, más aún porque su hermano menor va a refugiarse en la servidumbre, a buscar cariño y protección. Y para colmo, su única hermana, con la que le une ese sentimiento de

UNA NOVELA CORROSIVA Y CASI CONTESTATARIA, PERO SIN RESENTIMIENTO

Como un José María Arguedas de la gran ciudad, Julius encuentra una familia verdadera en los empleados que son humillados y explotados por su propia familia. La novela de Bryce es corrosiva, casi contestataria, pero no nos engañemos, no hay resentimiento, sino grandes dosis de humor, ternura y hasta indefiniciones, porque Julius, en algún momento, no toma partido en su totalidad por los de abajo.

Allí radica lo complejo y rico del personaje central. Pero ¿qué podemos decir del papá de la criatura, Alfredo Bryce Echenique? Que es un escritor querido. Uno lo ve siempre alegrón, con lentecitos, después de haber bebido unos buenos tragos.

Él mismo es consciente del pie del que cojea: ‘Prefiero ser un borracho conocido que un alcohólico anónimo’, dice. Siempre le gusta pintarse de cuerpo entero: ‘Soy considerado el más borracho de los escritores latinoamericanos’.

El fallecido premio Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez, opinó sobre ‘Un mundo para Julius’: ‘Es la inteligencia de su factura, la mezcla de sutil ironía, humor, ternura y la visión aguda de lo real que componen su materia, por lo que el libro de Bryce es uno de los mejores que haya escrito un autor en América Latina’.

Pienso que esta obra le dio frescura a la novela peruana en momentos en los que más bien transcurría en la descarnada y dramática denuncia social o novela política. Alfredo Bryce tenía mucho de Julius y viceversa. Alfredo se crio en el seno de una familia donde el tatarabuelo, José Rufino Echenique, fue presidente de la República.

BRYCE ECHENIQUE LLEGABA A SAN MARCOS A BORDO DE UN CONVERTIBLE

Su abuelo, presidente del banco más importante del país, y su padre, gerente del mismo. Pero un hecho cambiaría su cosmovisión del país y del mundo. Su ingreso a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Bryce llegaba impecablemente vestido con ternos ingleses y a bordo de un auto Peugeot convertible, cuando otros alumnos miraflorinos como Vargas Llosa lo hacían en tranvía o colectivo de la avenida Arequipa.

Con motivo de los 50 años de ‘Un mundo para Julius’ también se ha rodado una película, a cargo de la cineasta Rossana Díaz Costa. Aunque las estadísticas indican que pocas películas han logrado hacerle honor al libro en que se basan, sobre esta producción nacional hay grandes expectativas. Su estreno es el 11 de noviembre. Apago el televisor.

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