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‘El príncipe de la canción’

El Búho dedica esta columna al grande de la canción en español, el muy recordado y querido José José. 

José José

José Rómulo Sosa Ortiz, ​ más conocido como José José o El Príncipe de la Canción, fue un cantante y actor mexicano. (Foto: AFP)

José Rómulo Sosa Ortiz, ​ más conocido como José José o El Príncipe de la Canción. (Foto: AFP)

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Este Búho tiene que escribir sobre un grande: José José. Cuando leo que lo han velado en Miami en un féretro bañado en oro, no puedo evitar recordar las sabias palabras del entrañable poeta Antonio Cisneros, cuando lo inquirieron sobre cómo le gustaría que lo homenajearan una vez fallecido, a lo que replicó airado: ¡¡A mí qué me importa cómo, si ya no lo voy a ver, a mí que me homenajeen en vida!!

Lo mismo podría haber dicho el legendario cantante de ‘El triste’. No solo arrastraba desde hace años una penosa enfermedad, sino que su maltrecho cuerpo enfermo se convirtió en un botín disputado por los seres que debieron amarlo: sus hijos.

El cantante expiró solo en el hospicio de la Universidad de Miami, donde lo dejó su hija menor Sarita, a todas luces la bruja mala del capítulo final del cantante de ‘Gavilán o paloma’. Pero su abandono, su muerte, la disputa de sus restos fue solo la crónica de un escándalo anunciado.

Que José Rómulo Sosa Ortiz haya logrado sobrevivir 71 años puede considerarse un milagro. Esa voz de barítono con la que comenzó su carrera pudo verse truncada en sus inicios. En 1972 sufrió un caso grave de neumonía y parálisis. Logró recuperarse, pero uno de sus pulmones terminó seriamente dañado. Eran épocas en que había lanzado su LP ‘La nave del olvido’ (1970) y sus hits inundaban las radios. Ya sufría los estragos del alcoholismo.

Su padre, el famoso tenor José Sosa Esquivel, había muerto alcoholizado en 1968. Para complicar más su vida, se casa con Natalia ‘Kiki’ Herrera Calles, nieta del presidente de México, Plutarco Elías Calles. Fue una relación tóxica y se refugió en el licor y en una amante incondicional: Ana Elena Noreña ‘Anel’.

La suma de todo eso fue catastrófica: diez años sin poder sacar un nuevo disco. Se dedicó a actuar en películas y, sin contrato con su disquera RCA, su vida se iba por un tubo. Ni su matrimonio con ‘Anel’ en 1976, ni el nacimiento de sus dos hijos, José Joel y Marysol Estrella, podían sacarlo del hoyo.

El milagro se produce en 1977, cuando la disquera Ariola lo manda a desintoxicación y le edita su disco ‘Reencuentro’, que fue eso, la vuelta con sus millones de fanáticos y un disco sorprendente, con clásicos temas como ‘Gavilán o paloma’, ‘Amar o querer’, ‘Buenos días amor’. Con esa nueva producción comenzó otra vez la seguidilla de conciertos en demasía, exigidos por su mánager y cuñado, el hermano de ‘Anel’.

Fueron tres años pletóricos de exitosos discos. ‘Volcán’ (1978) y el LP ‘Lo pasado, pasado’ (1979), con joyas como ‘Lo que no fue, no sera’, ‘Lo pasado, pasado’, ‘Almohada’, o el disco ‘Si me dejas ahora’ (1979). Tremendas producciones, centenares de conciertos y el resultado: el total deterioro de sus cuerdas vocales, pero lo peor, lo que él mismo confesará: ‘En esa época gané muchísimo dinero, pero yo no lo veía. El ochenta por ciento se lo agarraba ‘Anel’ y el veinte su hermano’.

Otra vez recayó en la vorágine del licor y las drogas. Sin embargo, si bien se mantuvo en los primeros lugares en los ochentas, con discos redondos como el archivendido ‘Secretos’ (‘Lo dudo’, ‘El amor acaba’, ‘Lágrimas’) o ‘Amor amor’ (1980), con los temas ‘No me digas que te vas’, ‘Amor amor’, ‘Él’, continuó con su dependencia del trago, la cocaína y sus desarreglos sentimentales.

Sale de otra rehabilitación en Estados Unidos a mediados de los noventa, se casa con la cubana Sara Salazar y tiene una hija, Sarita. En el 2001 enfrenta un derrame pleural. En el 2007 una parálisis de Bell, que afecta los músculos de la cara, y también presenta dificultades para hablar. Y para colmo, como secuela de su diabetes, una retinopatía le afectó un ojo.

Así llegó al momento más crítico, cuando en el 2017 le detectaron un tumor cancerígeno en el páncreas. Hasta enero del 2018 vivía en su casa de Toluca bajo el cuidado de su asistente y nana por más de 20 años, Laura Núñez. Pero unas personas se lo llevaron a escondidas de Núñez. Fue su hija menor, Sara, acompañada de su esposo, un cubano vago, quien llegó en una ambulancia y lo trasladaron al aeropuerto rumbo a Miami.

Sus dos hijos mayores protestaron, pues dado su estado crítico pudo morir en el vuelo. La propia esposa, quien por dos años nunca visitó a José José en México, llegó al Hospital de Miami y no lo encontró. Crónicas daban cuenta de que la hija y su marido lo habían trasladado a una casa. Durante ese año, los hijos del cantante batallaron para verlo, pero había una lista de personas autorizadas en la que no estaban sus nombres ni el de Núñez. Solo se enteraron de su muerte por la prensa, porque su hermanastra había vendido la ‘exclusiva’ de su deceso a un canal y una revista por unos milloncitos. Cría cuervos... Apago el televisor.

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