Radiografía política de fin de año

El Búho repasa lo sucedido en la política peruana este 2018. 

Martín Vizcarra
Keiko Fujimori
Ollanta Humala

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Este Búho cree que es tiempo de hacer un análisis de las principales figuras de la política peruana. Como siempre, agarro mi ‘espada del augurio’ de los Thundercats para que me permita ver ‘más allá de lo evidente’.

MARTÍN VIZCARRA: Buceadores de épicas series televisivas compararon la llegada de Vizcarra a Palacio de Gobierno con la imposición por la guardia pretoriana del timorato y débil Claudio como emperador romano, luego del asesinato de Calígula. Aquí no cayó Calígula sino PPK, obligado a renunciar por la ‘guardia pretoriana’ fujimorista, que pensó, como en ‘Yo Claudio’, manejarlo como muñeco de ventrílocuo. Pero el moqueguano supo marcar distancias de la prepotencia de Keiko y sus mastines en el Congreso enarbolando una espada victoriosa: la lucha contra la corrupción. Pero que no se duerma en sus laureles. La reactivación de la economía debe ser una prioridad en su gobierno, junto con la generación de empleo. Ah, y cuidado con recortar los derechos laborales.

KEIKO FUJIMORI: Pasó de ser la política más poderosa del país a convertirse en una presa más del anexo del Penal de Chorrillos. No fue casual. La hija de Alberto nunca pudo asumir su derrota ante PPK en el 2016 e hizo de su odio y resentimiento, su ideario político y desde su mayoría absoluta en el Congreso se lanzaron sus tropelías para cometer fechorías utilizando los métodos más abyectos, como al agente ‘Mamani Bond’, para obligar a renunciar a PPK y ‘guillotinar’ a su propio hermano. Los berrinches de una perdedora son una cosa, pero las vinculaciones con la corrupción son algo totalmente diferente. La caída del ‘Hermanito’ César Hinostroza destapó su ayuda para una casación en favor de la ‘Señora K’, y eso la hizo cruzar la línea. Se quedó sin capital político.

ALAN GARCÍA: La historia dará cuenta de cómo un personaje considerado como uno de los políticos más astutos de América Latina, quien vivía un apacible retiro en España, se dedicó a petardear y desestabilizar al Gobierno, a sabiendas de que tenía tremendo ‘rabo de paja’ en las investigaciones fiscales sobre la Línea 1 del Metro de Lima, con las millonarias coimas de Odebrecht. Desesperado y plenamente consciente de que también ya se le venía la noche con las próximas declaraciones de Jorge Barata, regresó al país y mientras aceptaba un impedimento de salida, pidió un asilo en Uruguay, alegando ‘persecución política’. La poca credibilidad que le quedaba se fue por los suelos. La mayoría del pueblo peruano lo desaprueba y se viene lo peor.

OLLANTA Y NADINE: La expareja presidencial está acusada de recibir dinero sucio del gobierno de Hugo Chávez, para su campaña presidencial del 2006, y tres millones de dólares de la corrupta Odebrecht, por boca del mismísimo Jorge Barata. Ambos presentaron una recusación contra el juez Concepción Carhuancho, acusándolo de ‘estar parcializado’, pero la Sala Penal de Apelaciones desestimó el pedido de la defensa de Ollanta. De todos los investigados, ellos son los más comprometidos, porque el brasileño asegura que el dinero se los dio en el departamento de Ollanta en Miraflores. Podrían ser los primeros condenados de este largo culebrón de corrupción.

PÉDRO CHÁVARRY: Termina el año de la peor manera. Tratando por todos los medios de tumbarse a los fiscales del equipo especial del caso Lava jato. El propio hermano del controvertido fiscal Abel Concha, detenido por el caso de ‘Los Temerarios del Norte’, lo acaba de desmentir. Asegura que Chávarry planeaba reemplazar al fiscal Rafael Vela por Concha. Es increíble que el fiscal de la Nación haga de la mentira su estilo de vida. Está acorralado y con las manos atadas, pues desde el extranjero hay presión para que no se tire abajo la lucha contra la corrupción, ‘guillotinando’ a los fiscales valientes y honestos. Ha perdido toda autoridad en el Ministerio Público. Un peligro al esfuerzo por combatir el crimen organizado. Debería dar la primera alegría del año presentando su renuncia al cargo. Apago el televisor.

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