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'Tiempos recios', la última novela de Mario Vargas Llosa

El Búho analiza la nueva obra de Mario Vargas Llosa. 

Mario Vargas Llosa

'Tiempos recios', de Mario Vargas Llosa.

'Tiempos recios', de Mario Vargas Llosa.

EsteBúho piensa que la última gran novela escrita por Mario Vargas Llosa fue ‘La fiesta del Chivo’ (2000), inspirada en los 31 años de horror de la dictadura de Rafael Trujillo, ‘El Chivo’, en República Dominicana. Una radiografía perfecta de un todopoderoso entramado de corrupción y perversión dirigido por el monstruo en el poder y ejecutado fielmente por sus esbirros, como Johnny Abbes, un oscuro personaje que terminó comandando un ejército de asesinos a nivel nacional e internacional, ejecutando opositores con las más increíbles torturas, como arrojarlos a pozos infestados de tiburones.

La conspiración de los patriotas que consumaron el asesinato de ‘El Chivo’ en 1961 y los hechos posteriores fueron retratados con maestría en un descomunal trabajo historiográfico, que se mezcló con la ficción de su personaje central, Urania Cabral, ultrajada a los quince años por el tirano e hija de ‘Cerebrito’, hombre de confianza del violador.

A pesar de haber transcurrido 19 años de publicada, al escritor le quedó mucho material de aquel alucinante universo que, ya más enriquecido, ahora se plasma en su nueva novela: ‘Tiempos recios’ (Alfaguara 2019) -título prestado de una frase de Santa Teresa- que se basa sobre todo en el papel que jugaron Rafael Trujillo, la CIA, la empresa ‘United Fruit Company’, el embajador de Estados Unidos en Guatemala y el tirano nicaragüense Anastasio ‘Tachito’ Somoza en la década de los cincuenta, para convertirse en los ‘gendarmes’ del orden político, económico y social impuestos en la región y acabar con las reformas que implantó el gobierno democrático del coronel Jacobo Árbenz en Guatemala, que tuvieron una respuesta brutal: la invasión de un ‘ejército liberador’ compuesto por mercenarios que daría como resultado el golpe militar de Carlos Castillo Armas para derrocar al recto, idealista y probo Jacobo, y el posterior asesinato de Carlos Castillo Armas (apodado ‘Caca’, por sus iniciales) dentro de la misma Casa Presidencial.

Vargas Llosa ha confesado que la idea de abordar este tema se la dio su amigo, el periodista y poeta dominicano Tony Raful, quien le reveló que en el asesinato del presidente de facto guatemalteco estuvo implicado Trujillo y que su esbirro Johnny Abbes fue enviado a Guatemala para realizar el ‘trabajito’, tan impecable que pasaron décadas para que recién hoy, gracias a la pluma de Mario, nos podamos poner en la piel sudorosa del sicario mandado por Trujillo en las horas previas y posteriores del magnicidio. Nuestro escritor recrea los efervescentes años de la ‘Guerra fría’ en una cautivante historia de conspiraciones, de espías que terminan espiados, con la opinión pública del país más poderoso del mundo engañada por una falsa campaña publicitaria, elucubrada por un experto en marketing de Manhattan que les colocó el ‘chip’ de que Árbenz era comunista e ‘iba a convertir su país en satélite de la Unión Soviética’, en una suerte de embuste pionero de las ‘fake news’ de hoy en día.

En ‘Tiempos recios’, Johnny Abbes, el ‘Dominicano’, vuelve en otra faceta, ya no la de torturador sino en la de conspirador con sus pares de la CIA y el jefe de Inteligencia guatemalteco, al que involucra en su plan. Como en toda novela de intriga política, policial y de espías, siempre hay una bella, inteligente e irresistible mujer, Marta Borrero Parra, apodada ‘Miss Guatemala’, joven amante del presidente Castillo Armas, a quien la conocen como ‘el poder detrás del trono’ y cuyo cómodo mundo de consorte palaciega parecería desmoronarse junto a su abaleado amante, sino fuera por la intervención de Abbes.

Con ‘Miss Guatemala’, Mario nos presentará una tremenda sorpresa que este columnista no revelará. En este libro vuelve a su estilo narrativo que tanto bebió de Faulkner, con saltos en el tiempo y en el espacio, pero no tan desmesurados como en sus monumentales ‘La casa verde’ o ‘Conversación en La Catedral’. Sin superar la altísima valla de ‘La fiesta del Chivo’, con esta obra, para satisfacción de sus lectores, Mario regresa con la fuerza literaria que parecía haber perdido, pero sobre todo -en homenaje a Jacobo Árbenz- vuelve a encarnar al intelectual comprometido con la verdad, la justicia y la democracia.

Apago el televisor.

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