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El triste final de Gianni Versace

En esta columna, El Búho nos cuenta un poco de la terrible muerte que tuvo el afamado diseñador italiano Gianni Versace

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Gianni Versace.

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Este Búho recuerda muy bien aquella ardiente mañana de julio de 1998. Mientras me bañaba en una playa de Miami, me topé con una guapa aeromoza chilena, Macarena. Éramos los únicos que hablaban español en la parte más bonita del balneario, lleno de gringos estadounidenses y europeos, y por eso, seguramente, nos atrajimos como imán. Ella me propuso ir a la casa de Gianni Versace, al que habían asesinado un año antes en la puerta de su mansión de Miami Beach, crimen que conmocionó no solo al mundo de la moda, sino a la opinión pública mundial.

Al afamado diseñador lo habían matado exactamente un año antes, a pocas cuadras de donde me encontraba caminando de la mano de Macarena. Lo mató Andrew Cunanan, un joven de ascendencia filipina y asesino itinerante (había matado a lo largo del país a su amante, un amigo, a un viejo adinerado que le pagó por sexo, a un vigilante y a Gianni). Le disparó dos tiros en la nuca y cuello, cuando regresaba de dar un paseo.

Gianni había nacido en un hogar pobre, hijo de una humilde costurera de Reggio de Calabria, en Italia. De la arquitectura saltó a la moda, imponiendo en los ochenta un estilo atrevido, ‘vampirizante’ de épocas clásicas, estilo Kitsch en una década que lo permitía todo. A su vez, hizo de su amistad con los famosos del cine (Liz Taylor), el rock (Eric Clapton, Sting) y las modelos top, su sello de marca.

A su velorio en la Catedral de Milán asistieron en primera sus íntimos, como Elton John y su novio, también el tenor Luciano Pavarotti, la modelo Naomi Campell y Sting, y hasta sus rivales en la moda, como Giorgio Armani y Karl Lagerfeld.

En ese año 1998, este columnista estaba con la chilenita en la puerta de la mansión, lugar obligado para turistas. Ya casi me había olvidado de ese romance fugaz con ‘Maca’, de no ser porque volví a ver aquellas playas y la casa del diseñador en la excelente serie de Netflix ‘American Crime Story: el asesinato de Gianni Versace’.

Allí contemplé nuevamente el mítico paseo ‘Ocean Drive’, el mar turquesa, los hoteles ribereños. Porque el destino es circular y todo se vuelve a repetir.Pero no nos engañemos, tal vez el éxito de esta notable producción radica en que no es un filme sobre la vida del diseñador -interpretado por el venezolano Edgar Ramirez- ni la de su hermana menor Donatella (Penélope Cruz), tampoco de su relación con su amante con quien llevó casi quince años de relación ‘moderna’, Antonio D’Amico (Ricky Martin).

En realidad, todo el mundo sórdido y de glamour del diseñador, en el que se sumerge en busca de efebos en ‘discotecas de ambiente’, donde ambos viejos amantes comparten caricias pagadas con sus ‘chibolos’, (en la serie le increpan a D’Amico el por qué invitaba a muchachitos a encontrarse con Versace, a lo que este responde: ‘él me lo pedía’), es solo historia para vender la serie.

La estrella principal de la misma no es otra que el ahora tristemente célebre asesino Andrew Cunanan, encarnado brillantemente por Darren Criss. Cunanan es el hijo de un estafador filipino que ve cómo su mundo se derrumba al ser descubierto su padre y caer en la pobreza. Construye su mundo ficticio con personalidades diversas.

Andrew es un ser atormentado de estilo de vida tortuoso y un gay sórdido, siniestro, arribista a ultranza. Aprovecha su juventud para venderse a hombres adinerados, a viejos a los que además de torturar, roba impunemente. Del resentimiento a la psicopatía solo hubo un paso, del robo al homicidio también. Así lo muestra la serie basada en el libro de la periodista Maureen Orth (‘Favores vulgares: Andrew Cunanan, Gianni Versace y la mayor persecución fallida en la historia de los Estados Unidos’), quien entrevistó a decenas de amigos de Andrew desde que era ‘flete’ en exclusivas discotecas gays en San Francisco.

Orth asegura que Cunanan no mató a Versace por escoger un famoso al azar, sino que se conocieron en San Francisco, donde Gianni se le habría insinuado a un jovencito Andrew, algo que ha rechazado la familia. Después de ver esta serie de Netflix, solo me queda preguntarme: ¿Alguien todavía puede hablar del sueño americano? Apago el televisor.

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