Pico Tv por El búho
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Este Búho es un amante del cine. Cada vez que tengo tiempo libre me doy una vuelta por Polvos Azules a comprar esas películas ‘caletas’ que no se ven así nomás por las plataformas de ‘streaming’, y una de ellas fue ‘Control’, que me la había recomendado mi fiel lector y sobrino Renzo Pariasca.

Se trata de una película biográfica, inspirada en el legendario vocalista de la banda inglesa post punk Joy Division, el misterioso y aún enigmático Ian Curtis. Dirigida por el hombre que con su cámara captó y dirigió videos como de la propia banda y otros pesos pesados como Nirvana, Depeche Mode y U2, Anton Corbijn.

‘Control’ (2007) comienza retratando los pasos de un adolescente Curtis (con la interpretación magistral de Sam Riley, quien se pusiera, como pocas veces se ha visto, de una manera tan creíble en la piel del depresivo vocalista), en su pueblito de Macclesfield, Inglaterra, en los inicios de la década de los setenta hasta sus últimos días de vida.

Atrofiado y disconforme por la monotonía en que se encontraba, Ian se dedica a nadar sobre mares filosóficos profundos. Y es allí donde descubre el existencialismo, siendo Jean-Paul Sartre su máximo referente. Pero no contento con eso, avanza hacia otro iluminador parnaso, entregándose a los vientos eternos de la poesía, la que con los años llegaría a plasmarla de manera triste y tenebrosa en sus composiciones.

En la música su inspiración radicaba en The Velvet Underground, Iggy Pop, David Bowie, entre otros grandes ‘dinosaurios’ del rock. Pero al igual que el ‘Rey Lagarto’, el polémico ‘chamán’ y cantante de The Doors, Jim Morrison, su afición por las rimas lo llevaría al dilema entre los versos o la música.

Su decisión la llegaría a tomar una noche entre alcohol, punk y anarquía en un ya mítico concierto de los Sex Pistols a mediados de los setenta.

LA FALTA DE “CONTROL”

Al ver aquel público enfebrecido y la atmósfera llena de ganas de destrucción, no dudaría y se dedicaría de lleno a la música. Y por mandamientos casi divinos, esa misma noche conocería a dos músicos talentosos que lo acompañarían en toda su trayectoria musical: el bajista Peter Hook y el guitarrista Bernard Sumner, quienes en los ochenta, con la disolución de la banda, la reformarían y crearían otro grupo legendario: New Order.

Después de ese día la música no sería igual. Innovando en diferentes salas ‘de poca monta’ y con las letras de Curtis siendo gritos de desesperación, sacarían su primer disco: ‘Unknown Pleasures’. La fama no tardaría en llegar.

Después de su presentación en la BBC y con sus novedosos pasos epilépticos, causarían polémica y estupefacción. Los sonidos sombríos acompañados de los bajos potentes y la voz gruesa de Curtis darían inicio a un nuevo movimiento.

Llegaron la fama, los problemas con su esposa y la aparición de una bella mujer y amante. El avance de su epilepsia y la depresión, todo se le acumulaba. Se encontraba desolado y el único refugio que encontraba era la poesía y la música.

Hay una foto pocos días antes de su muerte, que fue tomada por el mismo Anton Corbijn, donde se le ve devastado, con sus manos apoyadas en sus ojos, con las piernas cruzadas. Esta quizá sea la última gran foto que mostrara la agonía que sufría.

Al despuntar una nueva década, días antes de viajar por primera vez a los Estados Unidos para la consagración, Ian Curtis tomaría la mortal decisión del suicidio. En el comedor de su casa lo encontraría su joven esposa colgado con un cable.

La música de fondo que acompañaría su decisión sería ‘The Idiot’ de Iggy Pop. El grupo de Manchester solo dejaría para la historia dos discos. Con los años su culto y admiración ha ido creciendo. Uno de los poetas malditos del rock daría fin a su vida a los 23 años. Apago el televisor.

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